Regla #2: No Beses A Mejor Amigo

Capitulo 3: Lo Que No Dijiste

El lunes intenté actuar como si nada hubiera pasado.

Como si Liam no hubiera estado a punto de decirme algo el viernes.

Como si yo no hubiera pasado todo el fin de semana pensando en qué habría dicho.

Y, sobre todo, como si no hubiera deseado que terminara aquella frase.

«¿Alguna vez has pensado en qué pasaría si…?»

No.

No podía seguir pensando en eso.

—Buenos días —dijo Liam.

Levanté la mirada.

—Buenos días.

Se sentó a mi lado.

—¿Dormiste bien?

—Sí.

—¿Segura?

—Sí.

—Estás rara.

—Tú también.

Liam sonrió.

—Entonces estamos empatados.

Me reí.

Por un momento todo volvió a sentirse como antes.

Hasta que nuestras miradas se encontraron.

Y ninguno de los dos apartó los ojos.

—Sobre el viernes… —empezó Liam.

Mi corazón se aceleró.

—¿Sí?

—Lo que iba a decir…

Se quedó callado.

—¿Qué?

Liam respiró profundamente.

—No importa.

Sentí una pequeña decepción.

—Claro.

Durante el almuerzo, Liam estaba más callado de lo habitual.

—¿Qué te pasa? —pregunté.

—Nada.

—Eso digo yo cuando no quiero hablar.

—Entonces ya sabes cómo me siento.

Lo miré.

—Liam.

—¿Sí?

—Puedes contarme cualquier cosa.

Sonrió.

—Lo sé.

—Entonces dime.

Se quedó mirándome.

—A veces tengo miedo de perderte.

La respuesta me tomó por sorpresa.

—Nunca vas a perderme.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque somos mejores amigos.

Liam bajó la mirada.

—Sí.

Pero su voz sonó diferente.

Después de clases comenzó a llover.

—Genial —murmuré.

Liam abrió su paraguas.

—Ven.

Nos colocamos debajo.

El espacio era pequeño.

Demasiado pequeño.

Nuestros hombros estaban pegados.

—Podrías caminar un poco más lejos —dije.

—Entonces te vas a mojar.

—No me importa.

—A mí sí.

Lo miré.

—¿Por qué?

Liam tardó unos segundos en responder.

—Porque siempre me ha importado que estés bien.

Mi corazón volvió a acelerarse.

—Liam…

—¿Sí?

—¿Qué está pasando contigo?

—No lo sé.

La lluvia golpeaba el paraguas.

Ninguno de los dos hablaba.

Liam levantó lentamente una mano y apartó un mechón de cabello de mi rostro.

Me quedé completamente quieta.

—Tienes el pelo mojado —susurró.

—Tú también.

Sonrió.

Nuestros rostros quedaron demasiado cerca.

Por un segundo pensé que iba a besarme.

Pero Liam se apartó.

—Será mejor que te lleve a casa.

Asentí.

No dije nada.

Esa noche recibí un mensaje.

Liam: ¿Llegaste bien?

Sophie: Sí.

Pasaron unos segundos.

Liam: Bien.

Pensé que la conversación había terminado.

Entonces apareció otro mensaje.

Liam: ¿Puedo hacerte una pregunta?

Sophie: Sí.

Tardó bastante en responder.

Liam: Si algún día te besara… ¿crees que arruinaríamos nuestra amistad?

Me quedé mirando la pantalla.

No sabía qué contestar.

Mi corazón decía una cosa.

Mi cabeza decía otra.

Finalmente escribí:

Sophie: No lo sé.

Los tres puntos aparecieron.

Desaparecieron.

Volvieron a aparecer.

Y finalmente llegó su respuesta.

Liam: Yo tampoco.

Dejé el teléfono sobre mi pecho.

Nuestra regla acababa de convertirse en algo mucho más complicado.

Porque ahora los dos estábamos pensando en romperla.

Y lo peor de todo…

era que ninguno parecía querer detenerse.




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