El sábado por la tarde recibí un mensaje de Liam.
Liam: ¿Qué haces?
Sophie: Nada.
Liam: Perfecto.
Fruncí el ceño.
Sophie: ¿Por qué?
Liam: Porque voy para tu casa.
Sonreí.
Era típico de Liam.
Nunca preguntaba si podía venir.
Simplemente aparecía.
Veinte minutos después escuché el timbre.
—¡Ya voy!
Abrí la puerta.
—Hola.
—Hola.
Liam levantó una bolsa.
—Traje comida.
—Entonces puedes pasar.
—Sabía que dirías eso.
Terminamos sentados en el suelo de mi habitación viendo una película.
Como siempre.
O al menos eso intentaba convencerme.
Liam estaba acostado junto a mí.
Demasiado cerca.
—¿Estás cómoda? —preguntó.
—Sí.
—Pareces incómoda.
—No.
—Sophie.
—¿Qué?
—Llevas diez minutos moviéndote.
—Porque tú ocupas todo el espacio.
—Mentira.
—Sí es verdad.
Intenté empujarlo.
Él me tomó de la mano para detenerme.
Nos quedamos quietos.
Nuestros ojos se encontraron.
—¿Qué? —susurré.
—Nada.
Pero no me soltó.
—Liam.
—¿Sí?
—Mi mano.
—Ah.
La soltó lentamente.
Volví a mirar la pantalla.
Pero ya no estaba prestando atención a la película.
Un rato después, Liam se quedó dormido.
Lo miré.
Su cabello estaba despeinado y tenía una expresión tranquila.
Sonreí.
Era extraño.
Había visto aquella cara cientos de veces.
Pero ahora la veía diferente.
Más bonita.
Más cercana.
Me acerqué para apartarle un mechón de cabello de la frente.
Liam abrió los ojos.
—¿Qué haces?
Me quedé paralizada.
—Nada.
—Me estabas tocando el pelo.
—Tenías algo.
—¿Qué?
—Un… cabello.
Liam sonrió.
—Claro.
—Cállate.
Se incorporó.
Quedamos frente a frente.
—Sophie.
—¿Sí?
—¿Sigues pensando en lo que hablamos?
Sabía exactamente a qué se refería.
—Sí.
—Yo también.
Mi corazón comenzó a latir rápidamente.
—¿Y qué piensas?
Liam se acercó un poco.
—Que quizá nuestra regla fue un error.
Contuve la respiración.
—¿Por qué?
—Porque tengo ganas de romperla.
Sentí un escalofrío.
—Liam…
—Pero no quiero hacerlo si tú no quieres.
Lo miré.
Durante años había pensado que nunca podría sentir algo por él.
Ahora ya no estaba tan segura.
—¿Y si yo también quiero romperla?
Liam se quedó completamente quieto.
—Entonces tendríamos un problema.
—¿Por qué?
—Porque después de eso nada volvería a ser igual.
—Quizá no quiero que vuelva a ser igual.
Sus ojos bajaron lentamente hacia mis labios.
Mi corazón parecía querer salir de mi pecho.
Liam se acercó.
Muy despacio.
Nuestros rostros quedaron a centímetros.
Pero justo cuando pensé que iba a besarme, mi teléfono comenzó a sonar.
Los dos nos apartamos de golpe.
Miré la pantalla.
Emma.
—Es Emma —dije.
Liam soltó una risa nerviosa.
—Salvados por tu mejor amiga.
—Ella no sabe lo cerca que estuvo de arruinar algo.
Liam me miró.
—¿Algo bueno?
Sonreí.
—Quizá.
Contesté la llamada.
Pero mientras hablaba con Emma, no podía dejar de mirar a Liam.
Él tampoco dejaba de mirarme.
Y ambos sabíamos que aquello no había terminado.
La regla seguía intacta.
Por ahora.
Pero después de aquel casi beso…
sabía que solo era cuestión de tiempo.
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Editado: 30.08.2026