Regla #2: No Beses A Mejor Amigo

Capitulo 7: ¿Y Ahora Que?

El martes por la mañana me desperté pensando en una sola cosa.

El beso.

Mi primer beso con Liam.

Mi mejor amigo.

El chico al que había jurado no besar jamás.

Y lo peor era que no me arrepentía.

Sonreí al recordarlo.

Hasta que mi teléfono vibró.

Liam: Buenos días.

Me quedé mirando el mensaje.

Sophie: Buenos días.

Pasaron unos segundos.

Liam: ¿Te arrepientes?

Mi corazón dio un salto.

Sophie: No. ¿Tú?

La respuesta llegó casi inmediatamente.

Liam: Ni un poco.

Sonreí.

Después apareció otro mensaje.

Liam: Pero tenemos que hablar.

Mi sonrisa desapareció.

Sophie: Eso suena mal.

Liam: No necesariamente.

Nos encontramos antes de clases.

Liam estaba apoyado contra la pared, esperándome.

—Hola.

—Hola.

—¿Podemos hablar?

Asentí.

—Claro.

—Lo de ayer…

—Sí.

Liam respiró profundamente.

—No quiero que ese beso arruine nuestra amistad.

—Yo tampoco.

—Entonces tenemos que decidir qué hacer.

—¿Qué quieres hacer tú?

Me miró.

—Quiero seguir besándote.

Sentí que mis mejillas se calentaban.

—Liam…

—Pero también quiero seguir siendo tu mejor amigo.

Sonreí.

—¿Y quién dice que no podemos ser las dos cosas?

Liam se quedó pensando.

—Nadie.

—Entonces…

—¿Estamos saliendo?

La pregunta me tomó por sorpresa.

—No lo sé.

—¿Quieres salir conmigo?

Sonreí.

—Sí.

Liam sonrió también.

—Entonces supongo que tenemos una cita.

—Supongo.

Durante el resto del día intentamos mantenerlo en secreto.

No queríamos que nuestros amigos comenzaran a interrogarnos.

Pero esconder algo de Emma era prácticamente imposible.

Durante el almuerzo se sentó frente a nosotros y nos observó.

—¿Qué pasa?

—Nada —respondimos al mismo tiempo.

Emma sonrió.

—Otra vez.

Liam tosió para disimular una risa.

—¿Otra vez qué?

—Los dos dicen "nada" exactamente igual.

—Coincidencia —respondí.

Emma miró nuestras manos.

Liam las había dejado sobre la mesa, muy cerca de las mías.

—Ajá.

—¿Qué?

—Nada.

Esta vez fue Emma quien sonrió.

—Todavía no sé qué esconden, pero voy a descubrirlo.

Por la tarde, Liam me llevó a una pequeña cafetería.

—¿Esta es nuestra cita? —pregunté.

—La primera.

—¿La primera?

—Habrá más.

Sonreí.

Nos sentamos junto a la ventana.

Durante un rato hablamos como siempre.

Nos reímos.

Nos molestamos.

Nos contamos cosas.

Pero ahora había algo diferente.

Cuando nuestras manos se rozaban, ninguno se apartaba.

Cuando nuestras miradas se encontraban, ambos sonreíamos.

—¿Sabes qué me gusta? —dijo Liam.

—¿Qué?

—Que seguimos siendo nosotros.

Sonreí.

—Eso era lo que más miedo me daba.

—A mí también.

Liam tomó mi mano.

—No quiero perder a mi mejor amiga.

—No vas a perderme.

—¿Segura?

—Segura.

Se acercó lentamente.

—Bien.

Me dio un beso suave.

Cuando nos separamos, sonreí.

—Creo que la regla tenía razón en una cosa.

—¿En qué?

—Después de besarnos, todo cambió.

Liam sonrió.

—Sí.

—Pero no necesariamente para peor.

—Definitivamente para mejor.

Apoyé mi cabeza sobre su hombro.

Y mientras mirábamos las luces de la calle a través de la ventana, entendí que nuestra historia acababa de comenzar.

Habíamos roto nuestra regla.

Ahora solo quedaba descubrir si podíamos convertir nuestra amistad en algo mucho más grande.

Y, por primera vez, no tenía miedo de intentarlo.




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