Regla #2: No Beses A Mejor Amigo

Capitulo 8: Nuestra Primera Cita

No podía dejar de sonreír.

Había pasado una semana desde nuestro primer beso y, aunque oficialmente Liam y yo todavía no sabíamos cómo llamar a lo que teníamos, algo había cambiado.

Ya no éramos solamente mejores amigos.

Pero tampoco queríamos apresurarnos.

—¿Estás lista? —preguntó Liam cuando abrió la puerta de su coche.

—¿A dónde vamos?

—Es una sorpresa.

—Odio tus sorpresas.

—Mentira.

—Un poco.

Liam se rio.

—Sube.

Después de veinte minutos llegamos a un pequeño lago a las afueras de la ciudad.

Había árboles alrededor, algunas mesas de picnic y un sendero que bordeaba el agua.

—¿Esto es nuestra cita?

—Sí.

Lo miré sorprendida.

—¿Cómo sabías que me gustaba este lugar?

—Porque eres mi mejor amiga.

Sonreí.

—Claro.

—Y porque una vez dijiste que era el lugar perfecto para una cita.

Me quedé mirándolo.

—¿Te acordabas?

—Me acuerdo de todo lo que dices.

Mi corazón se aceleró.

Nos sentamos sobre una manta que había preparado.

Había comida, bebidas y una pequeña caja de fresas.

—Liam…

—¿Sí?

—Esto es perfecto.

Sonrió.

—Quería que fuera especial.

Después de comer caminamos por el sendero.

Liam tomó mi mano.

Esta vez no hubo nervios.

Se sintió natural.

Como si siempre hubiéramos estado destinados a caminar así.

—¿Estás feliz? —preguntó.

—Mucho.

—Yo también.

Nos detuvimos junto al lago.

—Tengo una pregunta.

—Dime.

—¿Cuándo empezaste a verme diferente?

Me quedé pensando.

—No lo sé exactamente.

—Intenta.

Sonreí.

—Creo que fue aquella tarde en mi habitación.

—¿Cuando casi nos besamos?

—Sí.

—Yo creo que fue antes.

Lo miré.

—¿Cuándo?

—El día que bailaste con Ethan.

Abrí los ojos.

—¿Estabas celoso?

—Muchísimo.

Me reí.

—Entonces sí estabas celoso.

—Ya te dije que no.

—Mentiroso.

Liam sonrió.

—Está bien. Sí.

Nos quedamos mirándonos.

—¿Y ahora? —pregunté.

—Ahora no tengo ninguna duda.

—¿Sobre qué?

Se acercó un poco.

—Sobre ti.

Me besó.

Fue un beso más largo que el primero.

Más seguro.

Y cuando nos separamos, apoyó su frente contra la mía.

—Creo que me estoy enamorando de ti.

Mi corazón dio un vuelco.

—¿Crees?

—Bueno…

Sonrió.

—Estoy seguro.

Lo abracé.

—Yo también.

Cuando regresamos a casa ya era de noche.

Antes de bajar del coche, Liam me tomó de la mano.

—Sophie.

—¿Sí?

—¿Podemos mantener esto entre nosotros un poco más?

—¿Por qué?

—Quiero que tengamos tiempo para descubrir qué somos antes de que todos opinen.

Pensé unos segundos.

—Está bien.

—¿De verdad?

—Sí.

Sonreí.

—Pero hay una condición.

—¿Cuál?

—No puedes volver a decir que no estás celoso cuando claramente lo estás.

Liam soltó una carcajada.

—Trato hecho.

Me incliné y le di un beso.

—Buenas noches.

—Buenas noches.

Salí del coche y caminé hacia mi casa.

Antes de entrar, miré hacia atrás.

Liam seguía allí.

Esperando hasta verme entrar.

Sonreí.

Quizá todavía no sabíamos exactamente qué éramos.

Pero sí sabíamos algo.

Nuestra amistad se había convertido en algo más.

Y ninguno de los dos quería volver atrás.




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