Habían pasado dos semanas desde nuestra primera cita.
Y todavía no le habíamos contado a nadie.
Era nuestro pequeño secreto.
Aunque cada vez era más difícil esconderlo.
—Buenos días —dijo Liam al verme frente a mi casillero.
—Buenos días.
Sonrió y se acercó.
Por un instante pensé que iba a besarme.
Pero se detuvo.
—Recuerda que nadie sabe.
—Lo sé.
—Solo quería comprobarlo.
—¿Te preocupa que alguien nos descubra?
—Me preocupa que Emma nos descubra.
Me reí.
—Demasiado tarde.
—¿Por qué?
—Porque lleva días sospechando.
Liam abrió los ojos.
—Genial.
En el almuerzo, un chico nuevo se acercó a nuestra mesa.
—Hola, ¿tú eres Sophie?
Levanté la mirada.
—Sí.
—Soy Noah. Estoy en tu clase de literatura.
—Ah, sí. Hola.
Noah sonrió.
—¿Te gustaría estudiar juntos después de clases? Creo que podríamos ayudarnos con el trabajo.
—Claro.
—Perfecto.
Se despidió y se marchó.
Cuando miré a Liam, su expresión había cambiado.
—¿Qué?
—Nada.
—Otra vez con el "nada".
—No estoy celoso.
Sonreí.
—No dije que estuvieras celoso.
Liam se quedó callado.
—Pero lo estás.
—No.
—Sí.
—Sophie.
—Liam.
Se miraron durante unos segundos.
Finalmente soltó un suspiro.
—Está bien.
—¿Estás celoso?
—Un poco.
Me reí.
—Eres adorable.
—No me parece gracioso.
—Un poco sí.
Liam negó con la cabeza.
—No me gusta cómo te mira.
—Solo quiere estudiar conmigo.
—Lo sé.
—Entonces confía en mí.
Su expresión se suavizó.
—Confío en ti.
Tomé su mano debajo de la mesa.
—Entonces estamos bien.
Liam sonrió.
—Estamos bien.
Después de clases fui a la biblioteca con Noah.
Era agradable y simpático.
Estuvimos estudiando durante casi una hora.
Pero cuando salí, vi a Liam esperando en la entrada.
—¿Qué haces aquí?
—Esperándote.
—¿Desde cuándo?
—Un rato.
Sonreí.
—¿Sigues celoso?
—No.
—Mentiroso.
Liam se acercó.
—Solo quería verte.
—Podrías haberme escrito.
—Quería hacerlo en persona.
Me tomó de la mano.
—Te extrañé.
Sonreí.
—Solo estuvimos separados una hora.
—Fue una hora demasiado larga.
Me reí.
—Eres imposible.
—Y aun así te gusto.
—Muchísimo.
Liam sonrió y me besó.
—¡Sophie!
Nos separamos inmediatamente.
Emma estaba al otro lado del pasillo.
Nos había visto.
Me quedé congelada.
Liam abrió los ojos.
Emma caminó hacia nosotros lentamente.
—¿Qué acabo de ver?
—Emma…
—¿Ustedes dos se estaban besando?
Liam me miró.
Yo lo miré a él.
Ya no tenía sentido seguir escondiéndolo.
Asentí.
—Sí.
Emma abrió la boca sorprendida.
—¿Desde cuándo?
—Hace unas semanas.
—¿Y no me lo contaste?
—Queríamos estar seguros.
Emma miró a Liam.
Después a mí.
Y finalmente sonrió.
—Lo sabía.
—¿Qué?
—Sabía que terminarían juntos.
Liam soltó una risa.
—¿No estás enfadada?
—¿Enfadada? ¡Estoy emocionada!
Me abrazó.
—Aunque estoy un poco ofendida porque soy tu mejor amiga.
—Lo siento.
—Me debes todos los detalles.
—Todos.
Emma sonrió.
—Entonces supongo que la segunda regla ya está oficialmente rota.
Liam y yo nos miramos.
Y ambos sonreímos.
Regla #2: No beses a tu mejor amigo.
Demasiado tarde.
La habíamos roto.
Y ahora todo el mundo empezaría a saberlo.
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Editado: 30.08.2026