El lunes por la mañana todo se sentía diferente.
No porque algo hubiera cambiado entre Liam y yo.
Sino porque finalmente habíamos dejado de fingir que no sentíamos nada.
Estábamos enamorándonos.
Y ahora los dos lo sabíamos.
—Buenos días —dijo Liam cuando llegó a mi lado.
—Buenos días.
Me dio un beso en la mejilla.
Sonreí.
—¿Así que ahora eres cariñoso en público?
—¿Te molesta?
—No.
—Entonces seguiré haciéndolo.
Me tomó de la mano mientras caminábamos por el pasillo.
Ya no necesitábamos escondernos.
—¡Miren quiénes llegaron! —exclamó Emma.
—Buenos días —dije.
Emma miró nuestras manos entrelazadas.
—Cada vez están más cursis.
—¿Celosa? —preguntó Liam.
—Jamás.
Preston se rio.
—Déjalos.
Emma sonrió.
—Solo estoy feliz por ustedes.
—Gracias —dije.
Liam me apretó la mano.
Y por primera vez sentí que nuestra relación era completamente real.
No un secreto.
No un experimento.
No un beso que intentábamos entender.
Éramos nosotros.
Después de clases, Liam me llevó a nuestro lugar favorito.
El lago.
Había llevado una manta y algo para comer.
—¿Otra cita? —pregunté.
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque ahora que somos oficialmente nosotros, quiero tener muchas.
Sonreí.
—Me gusta cómo suena eso.
Nos sentamos frente al agua.
—¿Puedo preguntarte algo? —dijo.
—Claro.
—¿Qué quieres que pase con nosotros?
Lo miré sorprendida.
—No lo sé.
—¿Nunca has pensado en el futuro?
—Sí.
—¿Y?
Sonreí.
—Quiero seguir contigo.
Liam tomó mi mano.
—Yo también.
—Pero no quiero que tengamos que planearlo todo ahora.
—No.
—Quiero disfrutar lo que tenemos.
—Me parece perfecto.
Apoyé mi cabeza sobre su hombro.
—¿Sabes qué es lo más raro?
—¿Qué?
—Que hace unos meses jamás habría imaginado estar aquí contigo.
—Yo sí.
Levanté la cabeza.
—¿En serio?
Liam sonrió.
—Quizá.
—Mentiroso.
—Está bien. No.
Me reí.
Pasamos toda la tarde juntos.
Hablamos de nuestros sueños.
De la universidad.
De los lugares que queríamos conocer.
De todas las cosas que queríamos hacer algún día.
Pero cuando empezó a oscurecer, Liam se quedó callado.
—¿Qué pasa?
—Nada.
—No me digas eso.
Sonrió débilmente.
—Solo estaba pensando.
—¿En qué?
Miró hacia el lago.
—En que todo lo bueno puede terminar algún día.
Fruncí el ceño.
—¿Por qué estás pensando eso?
—No quiero perderte.
Tomé su rostro entre mis manos.
—No pienses en eso.
—Es difícil.
—Entonces piensa en esto.
—¿En qué?
—En que hoy estamos juntos.
Liam sonrió.
—Tienes razón.
Me abrazó.
—Te quiero.
—Yo también.
Nos quedamos así durante unos minutos.
Sin preocuparnos por mañana.
Sin pensar en el futuro.
Solo nosotros.
Esa noche, antes de dormir, recibí un mensaje suyo.
Liam: Buenas noches, novia.
Sonreí.
Sophie: Buenas noches, novio.
Después llegó otro.
Liam: Gracias por elegirme.
Sentí una pequeña emoción en el pecho.
Sophie: Siempre te elegiría.
Apagué el teléfono.
Y mientras cerraba los ojos, pensé en nuestra vieja regla.
No beses a tu mejor amigo.
La habíamos roto.
Pero quizá esa regla nunca había entendido algo importante.
A veces tu mejor amigo no solo puede convertirse en tu amor.
También puede convertirse en tu persona favorita.
Y yo acababa de encontrar la mía.
#4955 en Novela romántica
#1391 en Novela contemporánea
romance juvenil mejor amigos, beso drama celos, enamorarse amitad instituto
Editado: 30.08.2026