El sábado por la tarde, Liam pasó a buscarme.
Cuando abrí la puerta, llevaba una sonrisa enorme.
—¿Lista?
—¿Para qué?
—Para nuestra cita.
—¿Otra sorpresa?
—Esta vez no.
—No te creo.
—Tendrás que subir al coche para descubrirlo.
Sonreí y subí.
Después de unos minutos llegamos a un pequeño cine al aire libre.
Había mantas sobre el césped y luces alrededor.
—Liam…
—Pensé que te gustaría.
—Me encanta.
Nos sentamos juntos.
Durante la película apenas presté atención.
No porque fuera aburrida.
Sino porque Liam estaba sentado a mi lado y nuestras manos estaban entrelazadas.
Después de un rato, apoyé la cabeza sobre su hombro.
—¿Qué? —preguntó.
—Nada.
—Estás sonriendo.
—Estoy feliz.
Liam besó mi frente.
—Yo también.
Cuando terminó la película, caminamos hasta un pequeño puesto de comida.
—¿Helado?
—Siempre.
Liam pidió dos.
—¿Chocolate?
—Sí.
—Sabía que dirías eso.
—Me conoces demasiado.
—Ese es mi trabajo.
Me reí.
Nos sentamos en una banca.
—Sophie.
—¿Sí?
Liam parecía nervioso.
—Quiero preguntarte algo.
—Adelante.
—¿Qué somos?
Parpadeé.
—¿Cómo que qué somos?
—Sé que estamos juntos, pero nunca hemos hablado de eso.
Miré nuestras manos.
—Supongo que somos novios.
Liam sonrió.
—¿Supones?
—Sí.
—Entonces quiero preguntártelo bien.
Se giró hacia mí.
—Sophie, ¿quieres ser mi novia?
Sonreí.
—Sí.
—¿Sí?
—Sí, Liam.
Me abrazó.
—Entonces ahora sí puedo decir que eres oficialmente mi novia.
—Y tú eres oficialmente mi novio.
—Me gusta.
—A mí también.
Nos besamos.
Esta vez no había dudas.
No había miedo.
Solo felicidad.
Cuando regresamos al coche, Liam me miró.
—¿Sabes qué es lo más extraño?
—¿Qué?
—Hace unos meses juramos que jamás nos besaríamos.
—Y ahora no podemos dejar de hacerlo.
—Exactamente.
Me reí.
—Nuestra regla duró bastante poco.
—No me quejo.
Me acerqué y le di otro beso.
—Yo tampoco.
Antes de dejarme en casa, Liam tomó mi mano.
—Prométeme algo.
—¿Qué?
—Si algún día tenemos un problema, hablamos.
—Lo prometo.
—Nada de escondernos cosas.
—Lo prometo.
—Nada de dejar que los celos decidan por nosotros.
—Lo intentaré.
—No. Prométemelo.
Sonreí.
—Te lo prometo.
Liam me dio un beso en la frente.
—Entonces creo que vamos a estar bien.
Bajé del coche.
Antes de entrar, me giré.
—Liam.
—¿Sí?
—Te quiero.
Su sonrisa apareció inmediatamente.
—Yo también te quiero.
Entré a casa con una sonrisa.
Ya no era la chica que tenía miedo de enamorarse de su mejor amigo.
Ahora era la chica que había elegido hacerlo.
Y por primera vez, no me arrepentía de haber roto aquella regla.
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Editado: 30.08.2026