El aeropuerto estaba lleno de gente.
Maletas.
Despedidas.
Abrazos.
Y yo solo podía mirar a Liam.
—No quiero irme —dijo.
—Tienes que hacerlo.
—Lo sé.
Intenté sonreír.
—Además, son solo dos meses.
—Dos meses son demasiado.
—Pasarán rápido.
Liam me abrazó.
—Prométeme que vas a estar bien.
—Prométeme que tú también.
—Lo prometo.
Nos besamos.
—Te amo —susurró.
—Te amo.
Finalmente tuvo que irse.
Lo vi alejarse hasta que desapareció entre la gente.
Y entonces sentí el vacío.
Los primeros días fueron fáciles.
Hablábamos por mensajes.
Hacíamos videollamadas.
Liam me contaba todo sobre el programa.
Yo le contaba mis cosas.
Hasta que una noche dejó de responder.
Esperé.
Una hora.
Dos.
Nada.
Miré el teléfono una y otra vez.
Sophie: ¿Todo bien?
No respondió.
Intenté dormir.
No pude.
A la mañana siguiente finalmente llegó un mensaje.
Liam: Perdón. Ayer fue un día horrible. Me quedé dormido.
Suspiré aliviada.
Sophie: Me preocupé.
Liam: Lo siento.
Sophie: Está bien.
Pero algo había cambiado.
Durante los siguientes días, las conversaciones fueron más cortas.
Liam estaba ocupado.
Yo también.
Pero cada vez hablábamos menos.
Una noche lo llamé.
—Hola.
—Hola.
—¿Estás ocupado?
—Un poco.
—Ah.
Hubo silencio.
—Sophie, tengo que terminar unas cosas.
—Claro.
—Hablamos mañana.
—Sí.
La llamada terminó.
Me quedé mirando la pantalla.
No quería admitirlo.
Pero tenía miedo.
Miedo de que la distancia estuviera haciendo lo que yo más temía.
Separarnos.
El viernes, Emma vino a mi casa.
—¿Cómo estás?
—Bien.
—No estás bien.
Suspiré.
—Siento que Liam se está alejando.
Emma se sentó a mi lado.
—¿Te ha dado alguna razón para pensar eso?
—No.
—Entonces no dejes que tus miedos inventen una historia.
La miré.
—¿Y si realmente está cambiando?
—Entonces hablarás con él.
Me quedé callada.
Tenía razón.
Esa noche recibí una videollamada.
Era Liam.
Contesté inmediatamente.
—Hola.
Su rostro apareció en la pantalla.
—Hola, amor.
Sonreí.
—Pensé que estabas ocupado.
—Lo estaba.
—Entonces…
—Pero necesitaba verte.
Mi corazón se aceleró.
—¿Estás bien?
—Sí.
Liam suspiró.
—Solo estoy agotado.
—Me preocupé.
—Lo sé.
—Pensé que te estabas alejando.
Su expresión cambió.
—Nunca.
—Pero casi no hablamos.
—Lo sé.
—Entonces…
—Sophie, no es porque no quiera hablar contigo.
—¿Qué es?
—Estoy intentando hacerlo bien aquí. Quiero aprovechar esta oportunidad y demostrarme que puedo hacerlo.
Sonreí.
—Estoy orgullosa de ti.
—¿De verdad?
—Muchísimo.
Liam sonrió.
—Y quiero que recuerdes algo.
—¿Qué?
—No importa cuántos kilómetros haya entre nosotros.
Se acercó a la cámara.
—Sigues siendo mi persona favorita.
Sonreí.
—Tú también.
—Te extraño.
—Yo también.
—Muchísimo.
—Muchísimo más.
—Eso es imposible.
Me reí.
—Ya empezamos.
Después de colgar, miré la pulsera que llevaba en mi muñeca.
La promesa seguía ahí.
Sin celos.
Sin secretos.
Sin dudas.
Pero ahora entendía que confiar no significaba no tener miedo.
Significaba elegir confiar incluso cuando tenías miedo.
Y yo iba a hacerlo.
Porque Liam estaba lejos.
Pero seguía siendo mío.
Y yo seguía siendo suya.
Dos meses.
Solo necesitábamos aguantar dos meses.
Aunque algo me decía que la distancia todavía tenía una prueba más preparada para nosotros.
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Editado: 30.08.2026