El lunes, Liam volvió al instituto como si nunca se hubiera ido.
Todos querían saber cómo había sido su experiencia.
Yo solo quería tenerlo cerca.
Durante el almuerzo, Emma nos observó mientras hablábamos.
—Están más cursis que antes.
—Es culpa de Liam —dije.
—¿Mía?
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque regresaste.
Liam sonrió.
—Entonces me alegra haber vuelto.
Después de clases caminamos hasta el parque.
—¿Has pensado en lo que hablamos el viernes? —preguntó Liam.
—Un poco.
—¿Y?
—Me da miedo.
—A mí también.
Nos sentamos en una banca.
—Tú quieres estudiar en otra ciudad —dije.
—Sí.
—Y yo quizá también.
—Lo sé.
Nos quedamos en silencio.
—¿Y si terminamos separados otra vez? —pregunté.
Liam tomó mi mano.
—La distancia no terminó con nosotros la primera vez.
—Pero ahora sería por años.
—Entonces encontraremos la manera.
Lo miré.
—¿Y si no funciona?
—No quiero pensar en eso.
—Yo tampoco.
Liam acarició mi mano.
—Quiero intentarlo contigo.
Sonreí.
—Yo también.
Al día siguiente recibí una noticia inesperada.
Había sido aceptada en un programa de estudios que podía ayudarme a entrar en la universidad que quería.
El único problema era que estaba en otra ciudad.
Cuando se lo conté a Liam, sonrió.
—¡Sophie, eso es increíble!
—¿No estás triste?
—Claro que voy a extrañarte.
—Entonces…
—Pero jamás te pediría que renunciaras a una oportunidad por mí.
Lo abracé.
—Te quiero.
—Yo también.
—¿No tienes miedo?
—Muchísimo.
—Yo también.
Liam me tomó de la mano.
—Pero si queremos estar juntos, tenemos que aprender a crecer sin impedir que el otro crezca.
Sonreí.
—Eso sonó muy adulto.
—Estoy madurando.
—No exageres.
Nos reímos.
Esa tarde fuimos al lago.
Nuestro lugar.
Nos sentamos sobre la manta y miramos el agua.
—¿Te acuerdas de nuestra primera cita? —pregunté.
—Cómo olvidarla.
—Yo estaba muerta de nervios.
—Yo también.
—No parecía.
—Porque soy buen actor.
Me reí.
Liam tomó mi mano.
—Quizá este lugar debería ser nuestro punto de encuentro.
—¿Aunque estemos lejos?
—Especialmente si estamos lejos.
Sonreí.
—Entonces hagamos una promesa.
—¿Otra?
—La última.
Liam levantó una ceja.
—Eso dijiste la última vez.
—Esta es diferente.
Entrelacé mis dedos con los suyos.
—Pase lo que pase después de graduarnos, nunca vamos a decidir por miedo.
Liam me miró.
—Prometido.
—Si tenemos que estar lejos, estaremos.
—Si tenemos que esperar, esperaremos.
—Y si nuestros caminos cambian…
Liam terminó la frase.
—Encontraremos la manera de que vuelvan a cruzarse.
Sonreí.
—Me gusta.
Se acercó y me besó.
Mientras regresábamos a casa, recibí un correo en mi teléfono.
Lo abrí.
Era una confirmación.
Había otra universidad interesada en mí.
Una todavía más lejos.
Miré a Liam.
No dije nada.
Todavía no.
Porque acababa de comprender algo.
Nuestro amor ya no se trataba solamente de estar juntos.
También se trataba de aprender a dejar que el otro persiguiera sus sueños.
Y quizá ese sería nuestro mayor desafío.
No saber si podíamos sobrevivir separados.
Sino descubrir si podíamos crecer…
sin dejar de elegirnos.
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Editado: 30.08.2026