El correo llegó un martes por la mañana.
Lo vi mientras desayunaba.
Admisión universitaria.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
No quería abrirlo.
Todavía no.
Guardé el teléfono y fui al instituto.
Necesitaba ver a Liam primero.
—¡Sophie!
Lo vi acercarse.
—¿Qué pasa?
—Recibí el correo.
Su expresión cambió.
—¿Ya?
Asentí.
—Todavía no lo abrí.
Liam tomó mi mano.
—Ábrelo conmigo.
Nos sentamos en las gradas.
Respiré profundamente.
Abrí el mensaje.
Leí las primeras líneas.
Y me quedé en silencio.
—¿Qué dice? —preguntó Liam.
Lo miré.
—Me aceptaron.
Su rostro se iluminó.
—¡Sophie!
Me abrazó con fuerza.
—¡Sabía que lo lograrías!
Comencé a reír.
Pero después sentí un nudo en la garganta.
—Está muy lejos.
Liam dejó de sonreír.
—Lo sé.
—No quiero despedirme de ti.
—Yo tampoco.
Durante las siguientes semanas intentamos disfrutar cada momento.
Nuestra última fiesta juntos.
Nuestra última salida con los amigos.
Nuestro último día de clases.
Cada momento parecía más importante que el anterior.
El día de la graduación, Liam me esperó afuera.
Llevaba una pequeña caja.
—¿Qué es?
—Ábrela.
Dentro había una fotografía.
Era la misma foto que me había regalado meses atrás.
La de nosotros cuando éramos niños.
Pero detrás había escrito algo.
«Antes de ser novios, fuimos mejores amigos. Pase lo que pase, nunca dejes de ser mi persona favorita.»
Sentí lágrimas en los ojos.
—Liam…
—No llores.
—Tú vas a hacerme llorar.
—Lo siento.
Lo abracé.
—Te amo.
—Te amo.
Esa noche fuimos al lago.
Nuestro lugar.
Nos sentamos sobre la manta.
—¿Tienes miedo? —preguntó Liam.
—Sí.
—Yo también.
—¿Y si todo cambia?
—Cambiará.
Lo miré.
—Eso no era lo que quería escuchar.
Sonrió.
—Pero no necesariamente para mal.
Tomó mi mano.
—Vamos a crecer. Vamos a conocer personas nuevas. Tendremos días difíciles.
—Y estaremos lejos.
—Sí.
—Entonces, ¿cómo sabemos que funcionará?
Liam se acercó.
—No lo sabemos.
Me quedé callada.
—Pero sí sabemos que queremos intentarlo.
Sonreí.
—Eso es suficiente.
—Para mí sí.
Nos besamos.
Fue un beso lento, lleno de emociones.
Cuando nos separamos, Liam apoyó su frente contra la mía.
—¿Recuerdas nuestra regla?
Sonreí.
—¿Cuál?
—La primera.
—No te enamores de tu mejor amigo.
—Exacto.
—La rompimos hace mucho.
—Y fue la mejor decisión que tomamos.
Me reí.
El día de mi viaje llegó demasiado rápido.
En la estación, Liam me abrazó.
—Llámame cuando llegues.
—Lo haré.
—Todos los días.
—Todos.
—Y si me extrañas…
—Te llamaré.
—¿Y si tienes miedo?
—También.
Sonrió.
—Bien.
El anuncio de mi salida sonó.
Lo miré.
—Tengo que irme.
—Lo sé.
Nos abrazamos una última vez.
—Te amo, Sophie.
—Te amo, Liam.
Subí.
Desde la ventana lo vi quedarse allí.
No lloré hasta que el vehículo comenzó a alejarse.
Entonces miré la pulsera en mi muñeca.
La que me había regalado.
Y sonreí.
Porque esta no era una despedida definitiva.
Era solamente el comienzo de una nueva etapa.
Y mientras pudiera seguir eligiéndolo…
Liam y yo todavía tendríamos una historia que contar.
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Editado: 30.08.2026