Regla #2: No Beses A Mejor Amigo

Capitulo 25: Siempre Tu

Habían pasado seis meses desde que me fui.

Seis meses de llamadas.

De videollamadas hasta quedarnos dormidos.

De mensajes de buenos días.

De «te extraño».

De días en los que la distancia parecía demasiado grande.

Pero nunca dejamos de elegirnos.

Ese viernes regresé a casa.

Y había una persona a la que necesitaba ver antes que a nadie.

Liam.

Llegué al lago al atardecer.

Nuestro lugar.

El mismo sitio donde habíamos tenido nuestra primera cita.

El mismo lugar donde habíamos hecho tantas promesas.

Y entonces lo vi.

Estaba de espaldas, mirando el agua.

—Liam.

Se giró.

Durante unos segundos simplemente nos miramos.

Después corrió hacia mí.

Me abrazó con tanta fuerza que casi perdimos el equilibrio.

—Volviste.

—Volví.

—Te extrañé muchísimo.

—Yo también.

Se separó para mirarme.

—Estás preciosa.

—Tú estás igual.

—¿Igual de guapo?

—Igual de presumido.

Se rio.

Y entonces me besó.

Después de seis meses, volver a sentir sus labios fue como regresar a casa.

Nos sentamos sobre la manta que había preparado.

—¿Cómo fue volver? —preguntó.

—Extraño.

—¿Por qué?

—Porque durante estos meses aprendí a estar lejos de ti.

—¿Y eso es malo?

Sonreí.

—No.

Tomé su mano.

—Me enseñó que puedo tener mi propia vida y seguir amándote.

Liam sonrió.

—Yo aprendí lo mismo.

—¿Entonces sobrevivimos?

—Sobrevivimos.

Nos reímos.

Sacó algo de su bolsillo.

Era la fotografía de nosotros cuando éramos niños.

—¿Todavía la tienes?

—Siempre.

Me la entregó.

En la parte de atrás había una frase nueva.

«No importa dónde estés. Siempre voy a encontrarte.»

Sentí lágrimas en los ojos.

—Liam…

—¿Qué?

—Te amo.

—Yo también te amo.

—Y creo que nunca te lo dije así, pero…

Respiré profundamente.

—Gracias por dejarme ir.

Liam sonrió.

—Gracias por volver.

Lo abracé.

—No pienso irme otra vez.

—No prometas cosas que no puedes controlar.

—Entonces prometo algo mejor.

—¿Qué?

—Que aunque nuestros caminos cambien, voy a seguir caminando hacia ti.

Liam me miró emocionado.

—Eso sí puedo aceptarlo.

El sol comenzó a desaparecer detrás del lago.

Nos quedamos en silencio.

—¿Sabes qué pensé el día que nos conocimos? —preguntó Liam.

—¿Qué?

—Que eras insoportable.

Le di un golpe en el brazo.

—¡Liam!

Se rio.

—Y ahora eres mi persona favorita.

—Mejor.

—Mucho mejor.

Apoyé la cabeza sobre su hombro.

—¿Te acuerdas de nuestra regla?

—La que decía que no debíamos enamorarnos?

—Sí.

—Fue una pésima regla.

—Completamente.

—¿La cambiarías?

Lo miré.

—No.

—¿Por qué?

Sonreí.

—Porque si nunca la hubiéramos roto, quizá nunca habría descubierto que mi mejor amigo era el amor de mi vida.

Liam besó mi frente.

—Entonces rompamos todas las reglas que nos impidan ser felices.

Sonreí.

—Pero una cosa sí quiero mantener.

—¿Cuál?

Entrelacé mis dedos con los suyos.

—Elegirnos.

Liam apretó mi mano.

—Siempre.

Esa noche regresamos caminando juntos.

Ya no había distancia.

Ya no había miedo.

Ya no había secretos.

Solo nosotros.

Dos mejores amigos que se habían enamorado.

Dos personas que habían aprendido que amar no significa nunca tener miedo.

Significa quedarse.

Intentarlo.

Confiar.

Y elegir a la misma persona una y otra vez.

Mi historia con Liam había comenzado con una regla:

No te enamores de tu mejor amigo.

Pero algunas reglas están hechas para romperse.

Y esa fue, sin duda, la mejor que rompimos.

FIN




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