Regla #3: Nunca Vuelvas Con Tu Ex

Capitulo 1: El Peor Reencuentro

Chloe

—No puede ser.

Esas fueron las únicas palabras que pude pronunciar.

Mason Hayes estaba frente a mí.

Después de casi dos años.

Después de haber jurado que nunca volvería a verlo.

Y, por supuesto, tenía que aparecer justo en la fiesta de Emma.

Porque aparentemente el universo tenía un pésimo sentido del humor.

—Hola, Chloe.

Su voz provocó que mi corazón hiciera algo completamente estúpido.

Latir más rápido.

—Hola, Mason.

Intenté sonar tranquila.

No lo estaba.

—Ha pasado mucho tiempo.

—Sí.

—Estás diferente.

—Tú también.

Mason sonrió.

Ese mismo gesto.

El que antes me hacía perder la cabeza.

Ahora solamente me hacía recordar por qué había decidido olvidarlo.

—¿Cómo has estado?

—Bien.

—¿De verdad?

—Sí.

Mentí.

Otra vez.

Porque estar frente a él hacía que todos aquellos recuerdos que había enterrado regresaran de golpe.

Nuestros primeros besos.

Nuestras primeras citas.

Las tardes en las que no podíamos estar separados.

Y aquella última noche.

La noche que terminó con todo.

—Me alegra verte —dijo.

Lo miré.

—A mí no.

Su sonrisa desapareció.

—Sigues enfadada.

—No estoy enfadada.

—Entonces, ¿qué estás?

—Ya no me importas.

Mason sostuvo mi mirada.

—Eso no sonó muy convincente.

Sentí calor en las mejillas.

—No tienes derecho a decir eso.

—¿Por qué?

—Porque tú fuiste quien se fue.

Silencio.

Por primera vez, Mason pareció no tener una respuesta.

—Lo sé.

—Entonces déjalo así.

Me di la vuelta.

—Chloe.

No me detuve.

—¿Qué?

—Nunca quise hacerte daño.

Cerré los ojos.

Aquella frase era exactamente el problema.

Porque una parte de mí todavía quería creerle.

Pero no podía.

No otra vez.

Volví con Emma.

Ella me miró inmediatamente.

—¿Qué pasó?

—Está aquí.

Emma abrió los ojos.

—¿Mason?

Asentí.

—¿Por qué no me dijiste que vendría?

—Porque no lo sabía.

—Genial.

—Chloe…

—Estoy bien.

Emma me observó.

—No estás bien.

—Estoy perfectamente.

—Lo miraste como si todavía estuvieras enamorada.

La miré horrorizada.

—¡No estoy enamorada de él!

Emma levantó las manos.

—No dije nada.

—Pero lo pensaste.

—Un poquito.

Suspiré.

—Eso se terminó hace mucho tiempo.

—Entonces no tienes nada de qué preocuparte.

Miré hacia el otro lado del salón.

Mason estaba hablando con unos amigos.

Pero, como si pudiera sentir mi mirada, levantó la cabeza.

Nuestros ojos volvieron a encontrarse.

Aparté la mirada inmediatamente.

—Exactamente —murmuré—. No tengo nada de qué preocuparme.

Una hora después decidí marcharme.

Salí al jardín para tomar aire.

La música se escuchaba a lo lejos.

Respiré profundamente.

—¿Huyendo?

Me giré.

Mason.

—¿Me estás siguiendo?

—No.

—Entonces, ¿qué haces aquí?

—Necesitaba aire.

—Qué casualidad.

Sonrió.

—Sigues siendo sarcástica.

—Y tú sigues siendo insoportable.

Se acercó un poco.

—Eso sí que lo extrañaba.

—No deberías.

—Probablemente no.

Nos quedamos en silencio.

Hasta que Mason habló.

—Quiero pedirte perdón.

Lo miré.

—No hace falta.

—Sí hace falta.

—Mason…

—No espero que me perdones.

Su voz sonaba diferente.

Más sincera.

—Solo quería que supieras que lo siento.

Bajé la mirada.

—Yo también lo siento.

—¿Por qué?

—Por haberte querido tanto.

Mason se quedó completamente quieto.

Yo también.

Acababa de decir algo que no debía.

—Chloe…

—Olvídalo.

Me giré para marcharme.

Pero esta vez Mason no me detuvo.

Y quizá eso fue lo peor.

Porque mientras caminaba de regreso a la fiesta, comprendí algo que llevaba dos años intentando negar.

La regla era sencilla.

Nunca vuelvas con tu ex.

El problema era que nunca había dejado de querer al mío.




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