Regla #3: Nunca Vuelvas Con Tu Ex

Capitulo 3

Chloe.

Emma nos encerró.

Literalmente.

— ¡Emma! — grité golpeando la puerta de la lavandería —. ¡Abrí la puerta, no es gracioso!

Escuché su risa del otro lado.

— ¡Se trabó! ¡Se los juro! ¡Se trabó sola! — dijo, con la peor actuación de la historia —. ¡Vuelvo en... un ratito largo!

— ¡EMMA BENNETT-RODRIGUEZ!

— ¡Chau, primita!

Sus pasos se alejaron.

Me di vuelta. Mason estaba apoyado contra el lavarropas, con los brazos cruzados, intentando no reírse.

— Tu mejor amiga te acaba de vender — dijo.

— Te vendió a vos también.

— Yo no me quejo.

Lo fulminé con la mirada.

— No es gracioso. Acá hace calor y hay olor a suavizante.

— Y estamos solos — agregó.

— Mason.

— ¿Qué? Es un dato. Estamos solos en un cuarto de dos por dos, encerrados. Si fuera una película, ahora nos besaríamos.

— No estamos en una película.

— Ya sé. En la película vos ya me hubieras besado.

Me puse roja.

— No te voy a besar.

— No dije que lo hicieras vos — se acercó un paso —. Dije que nos besaríamos.

— Hay una diferencia enorme.

— ¿Cuál?

— Que yo no quiero.

Mason me miró la boca. Un segundo. Solo uno, pero lo vi.

— Mentís igual que en el jardín — dijo bajito.

Nos quedamos en silencio. Afuera se escuchaba la música de la fiesta.

Me senté arriba del lavarropas porque me dolían los pies.

— ¿Por qué volviste al instituto? — le pregunté —. Pensé que te habías ido a la universidad de la capital.

— Volví. Me cambié. Acá tienen el equipo de básquet.

— ¿Volviste por el básquet?

— Volví porque acá estabas vos — dijo, sin vueltas —. El básquet fue la excusa.

Mi corazón otra vez haciendo estupideces.

— Mason, no digas esas cosas.

— ¿Por qué?

— Porque me confunden.

— Te confunden porque todavía sentís algo — dijo, sentándose al lado mío en el piso, porque el lavarropas era chico para dos —. Si no sintieras nada, te daría igual.

— Tal vez no quiero sentir nada.

— Tarde — me dijo —. Ya sentís.

Lo miré.

— Estás muy seguro.

— Con vos siempre estuve seguro de una cosa: de que me gustás. De todo lo demás dudé. De eso no.

Me mordí el labio.

— Emma me dijo que tenés novia en la capital.

Mason se rió fuerte.

— ¿Emma te dijo eso?

— Sí.

— Chloe, no tengo novia desde vos. Desde que te fuiste... digo, desde que me fui. No pude. Intenté. No me salió.

— ¿Y por qué no?

— Porque todas me parecían aburridas comparadas con la chica que se ríe cuando se pone nerviosa y que me discute hasta por qué sabor de helado pedir.

Me reí sin querer. Era verdad. Peleábamos por el helado.

— Vainilla.

— Chocolate — dijo él, automático.

Y nos miramos. Como antes.

— ¿Te acordás? — dije bajito.

— Me acuerdo de todo — dijo Mason.

Se acercó. Mucho. Podía sentir su respiración.

— ¿Puedo? — me preguntó, mirándome los labios.

Era la primera vez en dos años que Mason Hayes me pedía permiso para algo.

Y yo, que juré nunca volver con mi ex, que tenía una regla tatuada en la cabeza, hice lo peor que podía hacer encerrada en una lavandería con olor a suavizante.

Dije que sí con la cabeza.

Me besó.

No fue como los besos de antes. Los de antes eran apurados, de pasillo de instituto, con miedo a que nos vieran.

Este fue lento. Tranquilo. Como si tuviera todo el tiempo del mundo para recuperarme.

Y yo lo besé de vuelta. Le agarré la cara. Como si nunca me hubiera ido.

Cuando nos separamos, los dos estábamos respirando mal.

— Eso — dijo Mason, apoyando su frente contra la mía —. Eso extrañaba.

La puerta se abrió de golpe.

Emma, con el celular grabando.

— ¡LO SABÍA! ¡PARA EL TIKTOK! — gritó.

— ¡EMMA!

Salí corriendo roja como un tomate. Mason se quedó atrás, riéndose, con la boca toda borrada por mi labial.

— ¡Etiquetame! — gritó él.

Emma me agarró en el pasillo.

— Amiga... volviste con tu ex en mi lavandería.

— No volví — dije, tocándome los labios —. Fue... un accidente.

— Sí, un accidente con lengua — se rió —. Mañana todo el instituto lo va a saber.

Y tenía razón.

Porque al lunes siguiente, Mason Hayes ya no era solo mi ex.

Era el chico que me había besado en una lavandería y que ahora iba a estar en mi misma clase de Literatura. Todos los días.

La regla seguía ahí: Nunca vuelvas con tu ex.

Pero ya la habíamos roto.




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