—Ya, hermano, tranquilo —le respondió Lúcio con tono molesto.
Sin decir más, se retiró hacia un grupo de amigos que lo esperaban.
Larissa aprovechó el momento para quitar el brazo de Luis de encima.
—Ya deja de fingir, todos están ocupados en la fiesta —le espetó, con un tono frío que le caló hasta los huesos.
Luis la miró confundido, visiblemente afectado.
—¿Por qué me tratas así, Larissa? ¿Es por lo de la mañana? Yo... creo que te debo una disculpa. No fue mi intención hacerte sentir mal.
Larissa apretó los labios, intentando mantener la compostura. Muy en el fondo, aún sentía el dolor del desprecio que él le había demostrado antes.
—Luis, no es necesario que te disculpes a cada rato. Solo limitémonos a cumplir con el contrato, ¿sí?
Luis frunció el ceño, frustrado.
—Pero lo que pasó anoche... Yo, en verdad, no...
—Tú y yo, Luis... no pasó nada —lo interrumpió tajante—. Eso queda en el olvido. Nunca ocurrió. ¿Qué hice yo anoche? Dormir. Y ya está.
Larissa sintió cómo le dolían las palabras mientras salían de su boca, pero sabía que debía mostrarse indiferente, como si nada de eso la afectara.
Luis la miró intensamente, sus ojos reflejaban una mezcla de ira y dolor.
—Si así lo quieres, está bien —respondió con un tono seco, casi enojado—. Pero no puedes rechazarme un baile.
Antes de que ella pudiera negarse, él tomó su mano con firmeza.
—Luis, suéltame.
—No —respondió él, decidido.
La condujo hacia el centro de la arena, donde varias parejas disfrutaban de un baile lento. Larissa, resignada, apoyó sus manos en los hombros de él mientras comenzaban a moverse al ritmo de la música. Fue entonces cuando, por primera vez, percibió el aroma de su perfume, un aroma cálido y envolvente que parecía borrar todo lo demás a su alrededor.
Luis, sin dejar de mirarla a los ojos, llevó una mano a su barbilla y la sostuvo con suavidad.
—Deja de huir de mí... —susurró antes de inclinarse y besarla.
El beso fue lento, lleno de emociones contenidas. Larissa quiso resistirse, pero su cuerpo no le respondía. Todo lo que había intentado reprimir estalló en ese momento.
—¿Podemos conocernos mejor? —le preguntó él, con la voz ronca, sus labios aún rozando los de ella.
Larissa parpadeó, aturdida.
—Está bien... pero ¿por qué eres tan cambiante? —dijo, tratando de recuperar el control. Una fugaz duda cruzó su mente—. ¿Sufrirá de alguna bipolaridad? —se preguntó a sí misma.
Luis soltó una carcajada suave.
—Hasta ahora me doy cuenta. Intentaré ser más sincero y directo contigo. Acompáñame, preparé algo para nosotros.
La llevó más alejado, donde había una fogata esperando. Larissa, aunque incrédula, se dejó guiar. Pasaron horas conversando sobre cosas triviales, riendo y comiendo malvaviscos bajo el cielo estrellado.
Al día siguiente, Luis había pedido desayuno a la habitación. Mientras esperaba, decidió ducharse. Bajo el agua caliente, intentaba aclarar sus pensamientos, pero un escalofrío recorrió su espalda cuando sintió una presencia detrás de él.
—¿Tú? ¡Lárgate! —exclamó, agarrando rápidamente una toalla para cubrirse.
—¡Suéltame, Luis! ¡Me estás lastimando! —se quejó Nerea, forcejeando con él.
—¡Fuera de aquí!
Justo en ese momento, la puerta se abrió de golpe, revelando a Lúcio.
—Hermano, necesito.. —.¿Qué demonios están haciendo ustedes dos juntos? —preguntó, con los ojos llenos de furia.
Nerea, con lágrimas en los ojos, no perdió la oportunidad.
—¿Qué no lo ves? Tuvimos un reencuentro.
—¡Cállate, mentirosa! —gruñó Luis, furioso—. ¡Aquí no pasó nada!
—¿Cómo de que no? —sollozó Nerea, llevándose las manos al rostro de manera dramática.
Sin previo aviso Lúcio, le propinó un golpe a Luis.
—¡Deténganse! —gritó Larissa, entrando en la habitación al escuchar el alboroto
Intentó separarlos, pero los golpes continuaron hasta que ella y Nerea lograron intervenir.
Horas más tarde, el avión iba de regreso, y el silencio entre los hermanos era evidente. Larissa, curiosa, intentó comprender qué había pasado, pero Lúcio esquivó sus preguntas cada vez que ella intentó indagar.
En el coche, de regreso a casa, Larissa intentaba colocarse los audífonos cuando Luis la interrumpió.
—Espera, Larissa. Hace rato, lo que pasó fue que...
—¿Qué pasó?
—Nerea entró al baño mientras yo me estaba duchando. La saqué de inmediato, pero mi hermano malinterpretó todo y, bueno, terminamos a golpes por el malentendido. ¿Me crees?
Larissa lo miró fijamente, intentando leer la sinceridad en su rostro.
—Sí. Me imaginé que Nerea sería capaz de algo así. Es una mala persona.
Luis suspiró aliviado.
—Estoy muy arrepentido de haber desperdiciado mi vida junto a ella...
Al llegar a su casa, Larissa fue recibida por su familia con abrazos y alegría. Les entregó los regalos que había comprado y compartió solo algunos detalles del viaje con su madre.
Esa noche, mientras estaba acostada, no pudo evitar pensar en lo mucho que había cambiado su relación con Luis. Había sido su jefe, pero ahora... ahora no podía negarlo. Había algo más. Algo que se negaba a ignorar.
Con un suspiro, cerró los ojos, pero el recuerdo de su beso y el perfume de Luis seguían ahí, invadiendo su mente como una llama que se negaba a apagarse.
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Editado: 27.06.2026