CAPITULO UNO
REGRESANDO A CASA
Iba sentada en medio de mis primos, en el asiento posterior del auto de mis tíos, el niño de mi tía, tenía dieciocho años, era un joven obeso que tenía una adicción por los carbohidratos y las gaseosas, al que mi tía consentía mucho porque era su malcriado hijo pequeño y que dentro del auto bien pudiese ocupar medio asiento el solo, del otro lado iba mi prima, era mayor que él ya que tenia veinte años y aún no había podido entrar a la universidad, porque no había aprobado los exámenes de ingreso a ninguna de la universidades públicas y las privadas no la aceptaban, lo que significada la peor humillación para mi tía y su mantenido esposo.
Ambos empujaban hacia mí, haciendo mas pequeño el espacio que ocupaba mi delgado cuerpo, no hable ni me quejé en todo el trayecto, no quería darle escusas a mi tía para que me tachara como inestable y alterada como ella decía y para demostrarle a mi padre que yo estaba tan perturbada como mi madre y que era una niña estúpida como siempre le supo decir a él.
Ya había transcurrido gran parte del trayecto, que no había recorrido desde hacía tres años, ya podía ver las altas vallas de piedra que rodeaban la casa de mi madre, las cuales escalaba cuando era niña, tomando las piedras salientes para ver hacia el exterior cuando mi madre me observaba haciendo travesuras de chica, mi corazón latió mas rápido, aunque por fuera mi expresión demostraba desinterés, como si no me importara regresar a la casa de mi madre, mi casa la que me dejó de herencia en un fideicomiso y que no se podía vender hasta que yo superara los veinticinco años,
Una casa que conocía muy bien, sus lugares secretos, esos que mi madre me enseño desde niña y donde me podía esconder si alguien quería hacerme daño, como también escondí las pruebas de que mi madre no se suicidó, lugares que ni mi padre conoce, porque ella no se los mostró nunca, desde que se dio cuenta de que la familia de mi padre no la quería y habían envenenado su alma contra ella, a pesar de que él al principio la amaba mucho y nunca dejó de hacerlo aunque simulaba muy bien delante de sus hermanos mayores.
−si tu padre pregunta porque estas vestida así, le dices que te gusta andar cómoda−, le dijo en voz baja,
amenazante,
−si tía, no diré nada−, dijo en un susurro apenas audible, sintiendo el codazo que su prima le dio en las
costillas y luego riendo le dijo con burla,
−así es idiota, además quien te va a creer, no eres más estúpida porque no eres mas fea−, le dijo con maldad,
ella no respondió a la burla ni a la agresión, pronto se darían cuenta quienes eran los estúpidos.
Apenas levantó la cabeza, mostrando desinterés, como si no le importara nada, como si le diera igual llegar a su casa, a la casa que era de su propiedad y donde estaba su padre, él hombre que no sabia que su hija tenia un plan para recuperarlo y enseñarle a ver lo que por ingenuo e inseguro no supo ver, la clase de familia que tenía, que lo habían manipulado por mucho tiempo,
Aunque mis tios tampoco sabían que mi papá ya había sospechado e investigado muchas cosas sobre ellos, situaciones sospechosas y sucesos que ocurrieron antes de la muerte de mi madre, que se relacionaban con ellos, como fraudes y manipulación inadecuada de los negocios de mi papá y sobre todo que ellos ignoraban que mi padre ya lo sabía.
El auto se detuvo frente a la puerta de entrada, mi tío me vió unos segundo a mis ojos por el espejo retrovisor y vio la humedad en ellos, me miró con algo de lastima y el eterno arrepentimiento de no hacer nada, con el cual me decía con sus ojos cuando nuestras miradas se encontraban, que el sabia todo lo que habia hecho su mujer, sus hijos y mi tio, apagó el auto y abrió su puerta, lo mismo hiso mi tía y mis primos tardaron un poco más, como para fastidiarme, pero no les di el gusto, lo que sirvió para que mi tía les gritara apurándolos,
−ya bajen del auto, que tenemos que regresarnos pronto −, haciendo que ambos brincaran en un gesto de fastidio y abrieran la puertas, cerrándolas abruptamente antes de que yo pudiera salir, eso era con la intensión de lastimarme las manos, acción que ya lo habían hecho antes, pero que yo ya sabia que lo intentarian cada vez que saliera con ellos, después que ellos se alejaron un poco, tomé mi mochila y abriendo la puerta del lado contrario donde estaban, salí del auto justo en el momento en que mi padre abrió la puerta y salió a recibirnos
Me miró por encima del auto, su rostro no decía ni expresaba nada, no se veía ningún afecto hacia mí, ni hacia su familia, como si sabia muy bien quienes eran ellos, como si ya sabía o supiera de lo mucho que han hecho en su contra.
Ella se acercó hacia la puerta, mis primos saludaron de abrazos a mi padre tratando de demostrarle el falso afecto que él sabía que no le tenían,
−hola, tío Marcus, da gusto verte, gracia por los regalos que nos enviaste por nuestro cumpleaños−, dijeron
ambos, mi padre quedó viéndolo extrañados de lo que decían, el solo había enviado cosas para mí, solo que
ellos lo tomaron como si fuese enviados para ellos,
Él no les respondió, solo desvió la vista hacia mi y vió mi viejas y desgastadas zapatillas y la ropa que llevaba puesta, desteñida y corta para mi cuerpo que se había estirado mucho desde la ultima vez que la vió,
Editado: 28.04.2026