CAPITULO DOS
DESCUBRIENDO LAS OCULTAS VERDADES AMARGAS
Caminé despacio, respiré profundo, tratando de contener las lágrimas, que por la nostalgia trataban de romper el dique de coraje, que era lo que las contenía y que por mucho tiempo habían sido represadas sin dejarlas salir, para no darle a mi tía y a mis primos más herramientas para seguir tratándome mal,
Mi padre me miraba extrañado, esperando ver a la joven inestable y dramática que le habían hecho creer en lo que se había convertido, de acuerdo a la narrativa que mi tía describía de mi cada vez que mi padre le pedía hablar conmigo y ella no me dejaba, diciéndole que estaba dormida o se negaba a hablar con él, al principio traté de grabar sus voces, pero me quitaron el teléfono para evitar que llamara a mi padre, pero escribía todo lo que decían cuando creían que no eran oídos por mí, tengo un registro de todo lo que decían de mi padre en las fechas cuando él me llamaba.
Quedé mirando con nostalgia algunos de los cuadros que había pintado mi madre de mis primeros años de vida, en los que estábamos los tres, me acerqué a uno de ellos, recordaba esa fotografía, con la cual pintó el retrato de nosotros de ese día, tenía cinco años para aquel momento,
Habíamos ido a un parque muy grande, una reserva natural con flora y fauna silvestre protegida, unos jóvenes que también paseaban nos tomaron varias fotografías, ese momento era uno de esos tiempos cuando aún mis padres eran felices juntos, cuando los tres éramos felices, antes que mis tíos intervinieran convirtiéndolo en el desconocido en el cual se transformó y que dejó que mi madre sufriera y fuera convertida en el ser en que la convirtieron antes de morir.
−puedo tomar un poco de agua, no dio tiempo de tomar nada antes de salir y mi tía dijo que no tomara nada,
porque me podía dar nauseas−, se expresó con voz suave y educada, como no queriendo molestar en su
propia casa,
−puedo prepararme algo yo misma, no quiero incomodar a nadie−, siguió diciendo, mirando aun el cuadro
realizado por su madre,
−claro, esta es tu casa −, le dijo y luego le preguntó como si no fuese importante,
−sabes cocinar −, terminó diciéndole mientras se dirigían a la cocina,
−sí, aprendí siendo la ayudante de la cocinera, la tía despidió el que tenía y dijo que como debía ganarme mi
comida, debía hacer yo el trabajo del ayudante que habían despedido −,
Su padre la miró horrorizado, de lo que decía, no podía creer que su hermana le cobrara la comida a su hija, entonces que hacia con el dinero que yo enviaba para sus gastos y manutención,
−si sabes cocinar, porque no te preparaste anoche algo de cenar−, pregunto mirándola a ver se decía una
mentira más,
−ayer estaba presentando mi último examen de competencias linguisticas para una beca completa para la
universidad, salí tarde porque mi asesor me lo adelantó, ya que es el lunes en la mañana, la tía dijo, que solo
podía traerme este fin de semana, eso implicaba que no llegaría a tiempo para presentar mi examen el lunes,
y yo quería venir a hablar contigo, −, le explicó la causa,
−por eso hable con el coordinador de la prueba y aceptó que la adelantara ayer, llegué después de las ocho a
casa y ya la tía había cerrado con llaves la cocina y no permitió que la abriera para cocinarme algo, ella dice
que, si no estoy a la hora de la cena para ayudar, no me ganaba la comida ese día, −,
lo dijo de una manera tan elocuente, que el no vió ningún rastro de que estuviera diciendo mentiras, el palideció porque en verdad se veía como si se desmayaría de hambre,
Su padre vió como ella primero sacó un vaso del gabinete y se sirvió el agua llenándolo de la llave del fregadero, y se lo tomó completo, luego se sirvió un poco mas y lo tomo también, después lavó el vaso, lo seco y lo colocó en su puesto, con una tranquilidad y seguridad como si lo hiciera todo el tiempo,
−tenías mucha sed, desde cuando no tomabas agua−, le preguntó algo alarmado viendo que en realidad se
veía un deshidratada, la piel seca y pálida como si de verdad estuviera varios días sin comer,
−por lo que ya te dije, por eso no cené ayer, ni desayuné hoy, ella dijo que para que no me diera nauseas, así
que no me dejó tomar agua−,
Su padre la siguió viendo con mayor cuidado, notando lo mal que se veía su hija, estaba muy delgada, pálida, desaliñada, con ropa vieja, desteñida y que le quedaba pequeña,
−siéntate, ya te van a preparar algo de comer−, ordenó mientras hacia una señal a la cocinera para que le preparara rápidamente algo,
la cocinera que conoció a su madre y a ella desde chica, volteo rápidamente para que ese hombre no viera las lágrimas, que sin querer le brotaron después que escuchó, todo lo que decía Aria, su niña que estaba tan delgada frente a ella.
−si señor, ya le sirvo−, le respondió mientras tomaba otro vaso del gabinete y le sirvió jugo de naranja que saco del refrigerador,
Editado: 28.04.2026