Resiliencia

Capítulo 21. Reflexión

Alejandro

Eran apenas  las 6:00 am pero no tenia la menor duda de que iba a encontrar a Julián instalado en su oficina, al igual que yo también era un hombre de rutinas.

—Buenos días, Julián. 

—Buenos días, Alejandro. ¿Quieres una taza de café?

–Sí. 

—Esta claro que el motivo de tu visita es Victoria y aún mas obvio que sientes algo por ella y muy fuerte, no eres un hombre impulsivo que se deje arrastrar por sus emociones.

—Lo era, hasta que conocí a esa terca y rebelde, mujer.

—Soy todo oídos —pronuncia Julian.

—Cuando tome la decisión de irme a San Francisco, estaba dispuesto a dar un nuevo rumbo a mi vida, verte a ti y a Sandra juntos me hizo ambicionar lo que ustedes tenían, establecí  un plan de acción que incluía unir mi vida a una  mujer que complementara mi estilo de vida y se ajustará a mis gustos y un día  cualquiera entro por casualidad a un Bar y me topo con una mujer de lengua audaz, llena de tatuajes y ojos insolentes que adora provocarme ¿y sabes qué es lo peor? —pregunto  a Julián.

—No, dímelo tú.

—Me siento atraído por ella aún  a pesar de mí  mismo y tiene el poder  de echar abajo todos los conceptos y lineamientos que han regido mi vida, un poder que ni siquiera  Fiorella  ostentó.

—¿Tienes miedo?

—Sí —respondo con firmeza, negarlo sería  una tontería. 

—Alejandro,  el aspecto es lo de menos, un tatuaje o un piercing, no definen quién eres. A riesgo de errar, no creo que  Victoria sea el tipo de mujer promiscua y fiestera. Además conozco  numerosos ejemplos de parejas supuestamente afines que hoy forman parte de las estadísticas de divorcio o ¿te preocupa  algo mas?

—Hace varios años Victoria se vio envuelta en una tragedia  que terminó cobrandose la vida de dos jóvenes, a raíz de ello sufrió  una depresión  severa y aunque hace poco me afirmó  que era un tema superado  para serte honesto no le creí y mis sospechas eran ciertas. Este viaje es un intento  de mi parte por ayudarla, sus padres quieren que se interne en una centro especializado para tratar su problema de depresión.

—Podría ser muy positivo. Pero tengo una duda ¿por qué decidiste traerla? ¿no sería  mejor dejar que  sus padres se encargarán del asunto?

—La vi tan desesperada e indefensa, hecha un manojo de nervios que sólo desee protegerla y cuidar de ella. Recordé  la ayuda que tú  y el centro comunitario prestó a Fiorella y a todas esas mujeres que han sido dañadas de alguna manera.

—¿Victoria ha sufrido abuso? 

—No, ella se culpa por la muerte de esos dos jóvenes. 

—Puedo saber ¿por qué?

—Preferiría  que ella misma te lo contara.

—Lo entiendo. Alejandro, puede ser una tontería  preguntarte después de lo que vi ayer ¿pero tienes alguna idea de lo qué  siente exactamente  Victoria por ti? 

—Siente la misma conexión e incluso intuye la atracción y el rechazo que  me genera al mismo tiempo  por su aspecto y su forma de ser tan distinta a la mía —respondo con franqueza.

—Sí no estas seguro de poder darle un lugar en tu vida lo más sano es que te alejes de ella. Debemos aprender de nuestros errores, Alejandro. Pensaría  que lo sucedido con Fiorella  debió ser una lección  para ti.

—Y lo fue. Por ello tomé la decisión  de alejarme de Victoria inmediatamente  conocí  su pasado. Pero al verla tan  herida no pude mantener la distancia, todo en mí  me pedía  socorrerla.

—Alejandro, a pesar de estar enamorado por Sandra durante años, tomé  la decisión de guardar silencio al ver que  mis sentimientos no eran correspondidos y a pesar de lo doloroso que fue verla comprometerse  con Bernardo me sentí  dichoso por ella. Solo rompí  mi silencio al ver como sufría por el rechazo de Bernardo y por la absurda creencia de que  la esterilidad le restaba valor como mujer.

»Y  aunque aplaudo la sinceridad de Bernardo al admitir que no estaba dispuesto a renunciar a tener hijos  propios, si crítico la debilidad de sus sentimientos. Amar a alguien implica estar a su lado en los buenos y malos momentos, especialmente  frente a la adversidad.

»Si no estas dispuesto a amar a Victoria en medio de la tormenta y el dolor, entonces sobras en su vida y en la vida de cualquier  otra mujer,  porque aunque te llegues a casar con alguien que se ajuste a todos tus requisitos, no tienes ninguna garantía de que esa mujer no  va a sufrir una enfermedad,  un accidente, una depresión o algo tan simple como tener un día malo.

»Abandonaste a Fiorella, ¿vas abandonar también a Victoria?

—No abandone a Fiorella, admito que fui egoísta y la dejé  sola por mucho tiempo, incluso que la orille a que rompiera nuestro compromiso, pero jamás le fui infiel ni tomé  la decisión  terminar lo nuestro. La tomó  ella.

—Hay muchas formas de abandono y no todas incluyen un “se terminó” pensé  que por fin lo habías entendido. Veré  a Victoria a las 4:00 pm, pero es necesario el acompañamiento  de un profesional. La depresión  no es un juego.

—Lo sé. Nos vemos a las 4:00 —respondo antes de marcharme de la oficina de Julián.

Decido deambular un poco antes de regresar al hotel, cuando de la nada un pequeño bolido de cabellos oscuros y carita sonrosada impacta contra mí. Es una pequeñuela de 6 o 7 años y al ser un pequeño clon de Fiorella, es obvio que sólo puede ser Lily, su hija.

—Cuidado pequeña, te puedes hacer daño —le digo amablemente.

—Perdón —dice la niña apenada.

—Lily, no corras de esa manera —dice una ajitada Fiorella —Señor, disculpe.... —¿Alejandro?

—Hola, Fiorella.

—¿Qué haces aquí?, pensé que seguías en San Francisco.

—Solo vine por unos días y aproveché para dar una vuelta.

— ¿Quieres tomar un café? La pastelería que abrí con mi madre está a tres locales de aquí.

—Me encantaría.

—¿Tienes algún problema? ¿los negocios marchan bien?, te ves preocupado.

—Es una larga historia.

—Soy toda oídos. 




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