Clara.
Entró a casa con una sonrisa enorme y me encuentro a mamá sentada en un sofá de la sala.
—Que hermosa sonrisa traes mi niña —resalta mamá al ver mi estado de ánimo —Veo que el efecto Andrés aún no pasa.
Sonrió aún más con el corazón en manos recordando todo lo que he vivido este último mes que he pasado con Andrés.
—¿Que te puedo decir mamá?, las cosas son mejores ahora.
Me siento a su lado y la abrazo sintiendo felicidad en mi pecho luego de muchos años llenos de oscuridad.
—Me da gusto que estés así de feliz, lo mereces al igual que tus hermanas.
—Tú también lo mereces mamá —contesto viendo su rostro —Si el amor algún día toca tu puerta nuevamente, puedes darle la oportunidad.
—¡Qué cosas dices hija! Tu sabes que mi único amor fue y será tu papá.
—Pero papá ya no está aquí y en el corazón no se manda.
—No hablemos de eso, ya estoy mayor y aquí la prioridad es la felicidad de mis tres rosas.
Besa mi coronilla y me mima como solo una madre sabe hacerlo, no le importa que su hija cumpla casi los 26 años, ella me sigue mimando como si fuera una niña. Este momento cálido es interrumpido por una llamada que entra a mi celular.
—¿Si? —contesto al ver que es mi hermana menor.
—No te alteres —dice y eso me altera más —Estoy en la clínica con Lucas que está siendo atendido.
—¿Qué pasa? —pregunto extrañada —¿Estás de turno?
—No. Lucas tuvo una pelea con Andrés en las afueras de la casa.
Mi corazón me empieza a martillar en el corazón y con un hilo de voz pregunto.
—¿Andrés? ¿Está bien? ¿Se encuentra ahí?
—Déjame hablar —interrumpe mi hermana —Andres se marchó a su casa antes de poderlo tratar.
Cuelgo la llamada y salgo directo de la casa dejando a mamá con la palabra en el aire, pido un taxi que me lleva de inmediato a la casa de Andrés.
Corro al bajar del taxi con la mente llena de preocupación, empiezo a tocar la puerta con desesperación queriendo ver a Andrés con rapidez. Abren la puerta y me recibe una señora que supongo que es la ama de llaves.
—¿Andrés? —pregunto con la voz llena de preocupación.
—En la cocina señorita —me dice cuando me deja ingresar al interior de la casa.
Sin perder tiempo le agradezco y voy directo a donde me indico, encontrando a un Andrés con la cara roja y moretones adornando diferentes puntos de su rostro.
Me acerco con prisa abrazándolo con fuerza viendo cómo está.
—Andrés —ingreso a la cocina agitada —¿Porque no me llamaste?
Sigo balbuceando con el llanto atorado en mi garganta y las lágrimas queriendo salir de mis ojos.
—Estoy bien cariño, no te preocupes —responde cuando me ve agitada y siento que el pánico quiere volver a mi cuerpo —Tranquila, mirame. Estoy bien.
—Andres no estás bien, mira tu cara —susurro tocando con cuidado su rostro con el llanto saliendo y el pánico haciendo su efecto.
Mi respiración se comienza a agitar y no puedo controlarlo, los oídos me zumban y mi vista se nubla. Empiezo a temblar en los brazos de Andrés.
—Clara, respira. Tranquila —trata de calmarme cuando me sienta —Mirame a los ojos, concéntrate en mi ojos y comienza a respirar tranquila.
Comienzo la serie de respiración tratando de bajar el efecto y siento a mi cuerpo temblar de miedo por Andrés, perderlo como papá… Por mi culpa…
No lo soportaría, si pierdo a Andrés por mi culpa será mi fin…
—Andrés… —trato de hablar pero mi respiración no me ayuda —Andrés…
—Estoy aquí, no me he ido. Estoy aquí nena.
Toma mi rostro entre sus manos y su tacto logra calmarme, no sé cuántos minutos transcurren pero siento como el ataque va mermando poco a poco, me concentro en la voz de Andrés. Profunda, cálida y armoniosa.
Profunda, como una serie de melodía de piano que te cala hasta los huesos…
Cálida como un atardecer en la playa…
Armoniosa como una serie de patrones de olas…
Término de tranquilizarme al pensar en cada cosa que representa a Andrés, una vez ya calmada y con mi respiración normal me levanto para abrazarlo fuerte.
—No vuelvas a hacer eso —susurro a modo de reclamo —No vuelvas a tratar de ocultarme algo así.
—Lo hice para evitar esto —me responde abrazándome.
—Si no me lo dices será peor Andrés, no permitas que me preocupe así.
—Lo siento, prometo que no volverá a pasar.
—Gracias.
—Tranquila cariño, todo está bien.
—Dilo por tu parte.
—Y por la tuya también —recalca sonriendo —Samantha no pudo quedarse callada.
—No lo hará si es algo así —murmuro.
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Editado: 01.01.2026