Andrés.
—Por poco y lo matas —inquiere Pablo al contarle lo que pasó con Lucas —Según Aurora acabo el doble de golpeado que tú.
—Se lo merecía, —contesto recostandome sobre la silla —Seguramente estaba esperando a Clara fuera de la casa.
—Es lo más probable, ese tipo no se cansa.
—No, y solo espero que con esto la deje en paz.
—Esperemos que sí. —se levanta Pablo —Te dejo, tengo que ir a preparar lo de tu viaje.
—Pablo, —llamo su atención antes de que salga —No he tenido la oportunidad de preguntarte pero lo diré directamente.
—¿Qué pasa?
—Quiero que seas el vicepresidente de esta empresa —propongo, tengo confianza en él y sé que podrá manejar el cargo muy bien.
—¿Lo dices enserio?
—Si.
—¿No estás bromeando?
—¿Me ves cara de payaso?
—Un poco —responde haciendo el gesto con sus dedos, lo fulminó con la mirada y su respuesta es sonreír.
—Me estoy arrepintiendo —declaro ante su inmadurez.
—Es tarde para arrepentirse, acepto —contesta emocionado —Pero ni creas que con esto me vas a dejar todo el trabajo a mi.
—Lastima, pensaba hacerlo —bromeo.
—Renuncio.
—Acabas de aceptar.
—Entonces desacepto.
—No hay desacepto —respondo sonriendo malévolamente.
—Vacaciones.
—No doy.
—Explotador.
—Te pago buen salario —me limpio las manos en mi saco.
—Desgraciado.
—Superalo, vete ya, que me empiezas a estresar —digo haciendo el ademán con las manos.
—Nadie de aquí valora la explotación que me hacen en esta empresa —se va murmurando pero se que lo dice a modo de broma, le gusta lo que hace y a mi me tranquiliza que sea él el segundo al mando.
Sigo trabajando durante las siguientes horas pero mi mente no se enfoca completamente en el trabajo, en ocasiones se desvía a pensar en la persona que más me importa. Si hubiese sabido lo que Clara estaba pasando después de que me marché habría vuelto en cuanto lo supiera.
¿Por qué papá no me informó nada? ¿Elena? Es otra que también no me dijo nada, y ni hablemos de Aurora. Con Aurora hablé años más tarde cuando pude convencerla de informarme sobre Clara.
∆∆∆
Me encuentro con Santiago en mi oficina hablando sobre el viaje a los viñedos.
—¿Qué día tienes el viaje? —pregunta mi hermano frente a mi.
—Según Pablo me iré el viernes y regreso el domingo.
—El lunes tenemos la cena con mamá y papá.
—Lo sé, no lo he olvidado.
—Como últimamente solo tienes a Clara en la mente, pensé que no estaría de más recordarte.
Sonrio como cada vez que pienso en ella y veo a mi hermano con una sonrisa burlona y una ceja levantada.
—Ya caíste —bromea.
—No creas que soy el único —ahora soy yo el que sonríe de manera burlona —Samantha es la que ocupa tu cabeza.
—No digas estupideces —reprocha —Nunca estaría con una mujer tan inmadura como ella.
—Tampoco es que seas tan viejo —respondo sarcástico —Apenas le llevas dos años.
—Son suficiente para tener una gran diferencia de madurez.
—Santiago, no pierdas el tiempo y admite que te gusta.
—Es irritable, ¿Porque me gustaría? —dice desviando la mirada. —Me saca de mis casillas rápidamente.
—No parecía cuando te la comías a besos —digo para molestarlo, Clara me comentó lo que vio.
—¡No la besé! Ella me besó a mi. —responde a la defensiva.
—Lo que digas. —respondo cansado ante su negativa.
Salimos ambos de la empresa y nos despedimos ya que ambos vamos por diferentes caminos. Llego como de costumbre a la cafetería y me recibe Clara con una sonrisa encantadora.
—No tardo. —dice acercándose rápidamente.
—Toma tu tiempo.
Vuelve al interior de la cocina y en menos de diez minutos sale lista para irnos, se despide de sus compañeros y sale conmigo tomados de la mano. Una vez en el auto me besa a modo de saludo, no lo hizo en la cafetería por ende lo hace ahora mismo.
—Me encanta que me saludes así. —digo sonriendo con los ojos cerrados.
—A mi me gusta que vengas por mi, —dice sonriendo igualmente —Me ahorras el pasaje del taxi.
—Entonces diré que me gusta que me pagues así. —la beso de nuevo provocando su risa.
Llegamos a su casa y nos recibe el perro saltando de alegría, logrando que la dueña lo cargue.
—Andres, mañana iremos al veterinario. —informa Clara con el perro aún en manos.
—Dejalo que vaya solo. —digo con sarcasmo.
—Irás tú solo al viñedo —responde y con eso logra convencerme de acompañar al perro al veterinario.
—Vale, no tengo otra opción.
—Si la tienes, —dice y por un momento me ilusionó. —No acompañarme.
—No te dejaría ir sola, también es mi cachorro —digo acercándome al perro.
—Bueno, te espero mañana por la tarde. No iré a la cafetería, pedí mi día libre.
—¡Qué casualidad! Yo también —digo repentinamente. —No iré a la empresa.
—¿Estás seguro?
—¿Por qué no lo estaría?
—Porque eres el presidente de esa empresa —dice con tono jovial.
—El presidente también se merece un día libre—digo poniendo ojos de cachorro —No me mandes a trabajar.
—Con una condición —dice con mirada traviesa.
—¿Cuál? —pregunto curioso.
—Quedate conmigo esta noche…—murmura despacio.
—¿Qué dijiste? No te escuché bien —digo para molestarla.
—Que si te puedes quedar conmigo hoy.
—¿Qué sí puedo que…?
—¡Qué te quedes a dormir conmigo hoy! —exclama fuerte y claro. Estalló en risas al ver cómo está sonrojada. Me acerco a abrazarla y me da un pequeño golpe en el pecho.
—Si, te escuché a la primera. Claro que quiero.
—Idiota, te gusta hacerme pasar vergüenza.
—Me gustas tú—beso su cabeza y el bendito perro interrumpe de nuevo el momento cuando se para en dos patas sobre mi pierna.
—Él también quiere recibir cariño. —dice mirando como el perro está.
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Editado: 01.01.2026