Ritorno

Capítulo 33.

Andrés.
17 años.

San Valentín, ese día en el año en el que todos creen conveniente confesar su amor, soy de los pocos que no les gusta este día, pero si hay algo que me hace querer soportarlo un poco.

Al final del pasillo veo como Clara está hablando con Aurora y Camila, sonriendo de una manera muy hermosa, mientras camino con Félix a mi lado una chica se para frente a nosotros y es por eso que no me gusta este día. Todo se vuelve incómodo.

La chica, cuyo nombre no sé, extiende una hoja hacia mí con su mirada baja y sus mejillas sonrojadas. Por eso no me gusta este día, llevo rechazando confesiones desde que ingresé esta mañana al instituto.

—Me gustas mucho desde hace un tiempo, te he observado desde lejos y me pareces un chico lindo —confiesa la chica, Félix está tratando de no reírse al ver en la situación que estoy.

—Me siento halagado por tu confesión —vuelvo a repetir lo mismo que he dicho más de mil veces —Pero en estos momentos no estoy interesado en tener una relación.

Sigo mi camino pero me doy cuenta que Clara observó todo, maldigo en mis adentros al ver la cara que pone, aunque no entiendo, somos amigos y el único que siente cosas por ella soy yo.

—Veo que has bateado más chicas este día que un beisbolista profesional. —se burla Aurora provocando la risa de todos menos de Clara y de mi.

—Veo que a ti no te notan. —me burló y en consecuencia Aurora me tiró un cuaderno.

∆∆∆

Después de haber salido de clases, me tocó asistir a los entrenamientos de esgrima, terminando el día sudado y cansado con más ánimos de ir a la cama que de querer caminar.

Salgo del gimnasio y me sorprendo al ver a la persona que me espera junto a la salida, Clara deslumbra con el panorama del atardecer que la puesta de sol ofrece, opacando la belleza del lugar.

—Pensé que nunca saldrías. —añade cuando me acerco a ella—. Mis brazos se cansan.

Al decir eso me doy cuenta que trae consigo una caja de color blanco. La ayudo a cargar su cosas mientras tanto caminamos juntos.

—¿Que haces aquí?, pensé que estarías en casa.

—Me quedé en la biblioteca y leí un rato mientras esperaba tu salida.

—¿Y qué es esto? —alzo un poco la caja.

—Ya lo verás, no comas ansias —sonrie caminando más rápido.

Nos ubicamos debajo de un árbol y nos sentamos en el suelo sobre una manta extendida, Clara empieza a sacar las cosas que traía dentro de una canasta.

—Con los chicos ya celebré en la tarde, no estabas por eso no pude hacerlo contigo. —saca una pequeña torta en forma de corazón en color blanco y en el centro escrito “feliz día de San Valentín”. —Disfrútalo.

Sabe que si lo haré, sus pasteles son los que más amo comer.

—¿Por qué no me preguntaste antes? Podría haber cancelado la práctica —comento tomando uno de los tenedores que hay.

—La competencia es pronto, no quería que te perdieras de las prácticas, sabes que de una manera u otra siempre cumplo con las tradiciones. —sonrie mientras corta la torta.

Siempre hornea mini tortas para todos nosotros y hace que las comamos, y cuando uno no puede estar ella hace lo imposible para que lo coma ese día.

—Lo sé, pensé que este año no la comería —murmuro.

—Lo considere, al ver que tenías muchos regalos sobre tu escritorio, casillero y mochila —cuenta con sus dedos. No evito la sonrisa que sale de mi producto a sus palabras.

—Creeme, lo que venga de ti me importa más que lo demás. —sus ojos no dejan de escrutarme y me descoloca cuando en su mirada denota la ilusión.

—¡Bien, ahora come!

Empiezo a devorar la torta y me doy cuenta que necesitaba comer algo dulce por las calorías que perdí entrenando, además la condenada torta está buena como la persona que la horneó.

∆∆∆

Después de dejar a Clara en su casa, Félix insistió en acompañarlo a un lugar.

—No entiendo el misterio que te tienes —digo con tono exasperado— Acepte solo porque mucho molestas.

—Aceptaste porque soy el único amigo que tienes. —dice sonriendo— Ya casi llegamos.

Y no miente cuando a las pocas calle me hace aparcar el auto y solo puedo resoplar al ver dónde me ha traído.

—Es hora de buscar chicas —junta sus palmas y las frota con emoción.

—No iré —respondo cansado, solo quiero ir a dormir.

—Sal o te llevo arrastrado —amenaza señalandome.

Tras varios minutos, logró sacarme del auto y me adentro con él a la ruidosa casa donde está la fiesta. El ambiente se siente pesado, húmedo y con olor a alcohol por todos lados, no soy fan de las fiestas y menos de este tipo.

—¡A buscar a tu chica ideal! —dice Félix sonriendo con malicia.

—No quiero —niego, Félix sabe de mis sentimientos por Clara —Sabes como estoy en estos momentos.

—Si, babeando por tu amiga y que lo más probable es que no salgas de la friend zone —voltea sus ojos —Tienes que probar, nunca sabrás si existe otra que no sea ella.

Tiene un buen punto, son pocas las que me llaman la atención pero al final, siempre termino cayendo en el mismo pozo sin fondo sobre mis sentimientos hacia Clara.

—Toma, —dice extiendo un vaso rojo— Entra en ambiente.

Hago caso a su petición y comienzo tomando el vaso que me dio, luego otro y otro…

Pierdo la cuenta de cuántos vasos llevo pero siento mi cuerpo más ligero, estoy sentado sobre un sofá y no sé cómo llegué aquí, a mi lado tengo a una chica sentada hablándome y trato de poner atención pero mi cabeza está dando vueltas.

—¿Me dejas? —pregunta al final del discurso y es lo único que logré escuchar bien, mi cabeza asiente sin saber bien a que estamos diciendo que si.

Toma mi rostro atrayéndolo a ella, sus labios se pegan a los míos y trato de dejarme llevar pero como ya es costumbre, mi cuerpo rechaza a la chica que estoy besando trayendo consigo el deseo de que sea ella la que me bese y no la que en estos momentos tengo enfrente.




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