Clara.
Muy bien Clara, aquí vamos.
Trato de animarme por décima vez para tocar el piano luego de años sin hacerlo, creo que hasta perdí todo el conocimiento de cómo se tocaba. Mis dedos tiemblan cuando se posicionan sobre las teclas del piano, es algo difícil para mi, luego de que papá muriera no volví a tocar el piano. Me recordaba a él, el tiempo que pasé con él desde que me enseñó a tocar, sus lecciones eran más consejos que regaños.
La partida de Andrés también fue otro factor influyente en mi decisión de no volver a tocar, la mayoría de veces que tocaba era con él, por eso trate de evitar tocarlo, traería recuerdos dolorosos sobre un pasado que sé que no volverá.
Mis ojos se cristalizan al momento de tocar las teclas. Me levanto del banquillo resignada porque nuevamente no logré tocar. Mamá nunca permitió que me deshiciera del piano.
Escucho como tocan el timbre de la casa.
—Necesito mi vitamina f. —dice Andrés en cuanto abro y sonrio de manera amplia al ver que tiene dos ramos de flores en cada mano.
—¿Vitamina f? ¿Qué es esto? —digo tomando uno de los ramos.
—Flores —responde obviando.
—Sabes que me encantan las gerberas, pero ¿Porque camelias?
—Sé que adoras las gerberas, y yo te veo como una Camelia.
—¿Por qué Camelias?
Andrés se sienta y toma mi mano sentándome a su lado, toma el ramo de camelias que son de una variedad de colores; rojas, blancas y rosadas.
—Las camelias son flores que hablan en silencio. Con sus pétalos suaves y perfectamente ordenados. —comienza a explicar de manera cuidadosa— .Transmiten la idea de un amor que no se marchita, de sentimientos que permanecen intactos aun con el paso del tiempo.
Sonríe al ver mi cara, supongo que tengo la mirada de un bebé en estos momentos, con mis sentimientos elevados al cielo y el grito de emoción atorado en la garganta.
—La blanca es un susurro de pureza y sinceridad, como un cariño limpio y transparente. —señala la camelia blanca— .La roja guarda la fuerza de la pasión, un respeto profundo que arde sin necesidad de palabras. —eleva su mirada permitiéndome ver lo que en estos momentos está sintiendo— .La de color rosa es nostalgia y ternura, como la añoranza de un recuerdo dulce.
Me entrega el ramo nuevamente y ahora puedo decir que se han convertido en mis flores favoritas, guardando un significado aún más grande de lo que de por sí solas significan.
—En Oriente, se les ve como un símbolo de unión eterna: pétalos y cáliz caen juntos, como dos almas que nunca se separan. —sigue hablando al ver que no despegó mi mirada del ramo— En Occidente, han sido un emblema de elegancia, delicadeza y fortaleza femenina. Eso es lo que tú significas para mi, por eso te veo como una Camelia.
Sin poder evitarlo, me lanzo a sus brazos abrazándolo fuerte; tomo su rostro atrayéndolo a mí para besarlo, Andrés sabe cómo derretir a una mujer con este tipos de detalles, en estos momentos solo pienso en las camelias, el significado que me ha dicho y la dulzura con las que me las entrega.
—Son preciosas, muchas gracias. —digo poniéndome de pie y abrazando las camelias.
Camino a la cocina en busca de un florero para poder ponerlas, Andrés viene detrás de mí con el ramo de gerberas.
—¿Y el cachorro? —pregunta al ver que no ha saltado sobre nosotros.
—Samantha lo llevó al parque un rato. —digo sonriendo acomodando las camelias con cuidado.
—Ya me parecía extraño no tenerlo encima de mí. —se sienta en una silla del desayunador —Iremos a una cita con una de las academias.
Todavía se me hace extraño el querer a Tobby en una academia para perros, supongo que en parte tiene razón, el perro se ha vuelto un poco rebelde.
—Está bien, me avisas el día. —levanto mi mirada ante la idea que vino a mi mente.
—El perro no vendrá con nosotros —dice en cuanto ve que sonrío.
—Iremos al viñedo, ahí habrá espacio para que esté un poco libre. —reprocho al ver que se adelantó a negar mi petición antes de decirle, me conoce.
—No, solo quiero estar contigo sin patas perrunas siguiéndonos a todos lados.
—¡Andrés, es nuestro cachorro! —pongo mis manos en jarras.
—¡Que se quede solo por esta vez! —se cruza de brazos.
Lo dejó ganar por esta vez, encontraré la manera de llevarlo. Le he tomado cariño y no confío en Samantha para que se quede con él todo un fin de semana.
Dejando de lado la pequeña discusión que tuvimos, saco del refrigerador una bandeja de fresas heladas bañadas en chocolate, se que a Andrés le gusta comer chocolate, aunque ese dato es nuevo para mi, en los años anteriores lo que más comía era gomitas ácidas.
—Te prepare esto —muestro sonriendo la bandeja de fresas con chocolates decoradas de diferentes maneras —No quería que solo comieras chocolate y yo no quería comer solo fresas.
Su mirada brilla al ver la variedad que hay, toma una llevándose una fresa a la boca.
—Esto está bueno —dice aún comiendo— Si que lo necesitaba.
Me acerco a su lado y tomo una de las que están, sonrió al sentir la explosión de sabores de la fresa y el chocolate.
—Por cierto —digo mientras como otra fresa— ¿A qué te referías con vitamina f?
—Me refería a esto. —contesta antes de besarme, sonríe y siento los sabores de las fresas y chocolates combinados en el beso que nos estamos dando —Si que necesitaba mi vitamina f.
—¿Por qué f? —vuelvo a preguntar aún sin entender a qué se refiere.
—La mayoría de veces que te beso tienes sabor a fresas, por eso la f. Tus besos saben a fresas.
Me sonrojo sin poder evitarlo y su risita empeora mi ritmo cardíaco. Golpeó su hombro y seguimos en la tarea de terminar con toda la bandeja de fresas con chocolate.
—¿Estabas tocando? —pregunta al ver las teclas del piano descubiertas.
—No —respondo apartando la mirada.
—¿Por qué no?
—No lo toco desde ese día… —hablo bajito.
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Editado: 18.03.2026