Andrés.
Ella sabe cuán loco estoy por ella, pero lo que no tiene idea, es la magnitud del amor que tengo hacia ella. Es mi magia, mi vitalidad y la chispa que le pone un significado especial a mi vida.
Entregaría mi vida por ella como estuve dispuesto hacerlo años atrás, arriesgaría todo por ella pero a la vez la mantendría a salvo de cualquier peligro. Ser consumido por ella es un honor que solo quiero tener yo por el resto de su vida.
—Clara, —digo cuando siento que estoy a punto de perder el control— Si no nos detenemos ahora…
—No lo hagas. —dice llevando sus brazos a mi cuello, dejo de lado la torta y me dejó llevar aún más por el sabor de sus labios.
La levantó en mis brazos y enrolla sus piernas alrededor de mi cintura, nos encaminados a la habitación sabiendo que nos espera. Abrimos la puerta en medio de besos y tropezones cerrando detrás de nosotros para tumbar nos sobre la cama, reímos por la manera en que caemos.
Una vez más vuelvo a probar sus labios alargando más el momento, disfrutando de sus besos como años atrás anhele tener, nos dejamos consumir por la pasión que en estos momentos está brotando, cayendo en un abismo donde solo somos conscientes de nosotros dos, en un universo donde solo existimos ambos y donde cada rincón está susurrando nuestros nombres demostrándonos que ahora solamente solo somos nosotros dos. No hay distancia, no hay silencios, no hay temor.
Ella sabe que me tiene en la palma de su mano, cada acto, cada mirada, sonrisa o palabra se cuela en mi corazón por el resto de mi vida, siendo ella la mujer que amé, amo y amaré sin importar lo que pase. La distancia no pudo borrar lo que ambos sentimos por el otro y ahora siento que es más fuerte que en años atrás.
Volví con la intención de recuperar su amistad, pero mi convicción no duró ni dos días al verla. Todo se fue al diablo cuando decidí volver a recuperar su amor, aunque me costará años, se que algún día lo tendría de nuevo. Es Clara, mi Clara; la niña con la que termine de crecer, ella es la que conoce todas mis facetas, desde las más oscuras hasta las más benevolentes.
Nos despojamos de todo lo que hemos llevado por años, temor, tristeza, llanto y dolor , entregándonos con amor y llenándonos de caricias que se quedarán marcando nuestra historia por lo que nos resta de vida.
∆∆∆
Mi cuerpo se siente pesado, mi brazo está rodeando algo pequeño y delgado…
—No te muevas. —reclama Clara a mi lado— Me duele el cuerpo.
—Tengo que levantarme.
—Es domingo.
—Lo sé y me encantaría quedarme contigo todo el día acá, —contesto abrazándola— Necesito terminar unas cosas antes de volver.
Después de las protestas de Clara logro salir de la cama con dificultad, soy el que más se quisiera quedar al ver a la mujer que está a mi lado.
—¿Sabes que? —digo oponiendome al hecho de no poder tomar un domingo libre con mi novia— Puedes secuestrarme.
Corro hacia la cama y salto aterrizando en medio de risas con Clara, vuelve a abrazarme y nos dormimos por segunda ocasión. Me gusta estar así, empezar mi día así y pasarlo todo el día con ella, hoy disfrutaré de mi domingo con ella a mi lado.
—¿Que quieres hacer hoy? —pregunta cuando estoy a su lado.
—Contigo, de todo. —sonrio con malicia cuando entiende a lo que me refiero.
—No cambias Andrés.
—Por ti, nunca.
La lleno de besos por toda la cara escuchando su risita, pasando parte de la mañana en la habitación entre caricias y mimos. Ahora soy el que recibe toda la atención por parte de ella, el perro no está aquí para robarme su atención.
Escucho sonar el celular a un lado interrumpiendo mi momento ahora, lo cojo decidido por lo que haré.
—Cancela todo lo de hoy, nos vemos hasta mañana. —cuelgo la llamada antes de escuchar el drama de Pablo, quiero enfocarme solo en ella y reponer todos los años que no pudimos estar juntos.
Nos levantamos finalmente de la cama pasada las 10 a.m por petición de mi fresa, para desayunar.
—¿Podemos ir a cabalgar de nuevo?
—No tienes que pedir permiso para eso, hazlo si así lo deseas. —beso su cabeza mientras desayuna.
—Gracias. —sonrie como una niña a la que le han dado un capricho.
Terminamos con el resto de la comida y Clara sale corriendo a vestirse para ir con los caballos, me encanta verla así. Se que se siente un alma libre cuando está sobre un caballo, da alas a su espíritu con cada sonrisa que sale a la luz.
Baja en menos de cinco minutos y se ve igual de hermosa que los anteriores días.
—Ve a vestirte. —pide guiñando mi mano— Se hará más tarde.
Resignado me levanto y me alisto para lo que haremos, no niego que disfruto de montar a caballo pero si es con ella, la experiencia se vuelve mucho mejor.
Una vez listo nos dirigimos a las caballerizas, los ojos de Clara brillan al ver nuevamente a presumida, la yegua la reconoce y se acerca con toda confianza.
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Editado: 14.06.2026