Ritorno

Capitulo 37.

Clara.

18 años.

¡Es hoy!, bajo las escaleras con emoción buscando a papá para pedirle que me lleve, la feria de arte se realiza en la plaza más grande de Bolonia, tengo que buscar a alguien que pueda llevarme. Andrés últimamente está un poco distanciado, Aurora tiene proyectos de diseños para entrar a la universidad, mamá tiene que asistir a una reunión y la que pensé que me llevaría está iniciando su turno en el hospital de Roma.

—Papá, por favor llévame —insisto al ver que es él único al que puedo decirle.

—Solo déjame hacer unas cosas antes y te llevo con gusto cariño. —besa mi cabello con ternura.

Papá no ha estado en casa y se le ve más cansado, la empresa está teniendo algunos problemas pero él no nos ha querido preocupar.

Cuando por fin papá terminó en su despacho salimos de casa en su camioneta, aún no me atrevo a conducir por la vez que nos dimos un buen susto con Andrés cuando nos quiso enseñar junto a Aurora.

—¿Qué habrá en la feria? —pregunta atento a la carretera.

—De todo. Libros, música, arte, gastronomía. —mi corazón palpita de emoción al decirle todo. —Se supone que iríamos todos los chicos a la feria, pero al parecer cada uno tenía sus propios planes.

—¿Y Andrés?

—Eso es lo extraño papá, es el que más raro ha estado estos últimos meses, poco tiempo después de que empezamos a salir su comportamiento se volvió extraño, se mantiene con su papá y en la empresa.

—Tienes que entenderlo, será el que lleve la presidencia más adelante —dice papá y el tono en que lo dice me hace sentir extraña.

Papá cambia de tema evadiendo cualquier cosa que tenga que ver con la empresa.

—Papá, cuando lleguemos te mostraré mi lugar preferido cuando de comida se trata… —digo sonriendo, papá frena ante la luz roja de un semáforo, las calles están un poco desiertas.

Volteo a ver el rostro de papá quién está sonriendo, toca mi cabeza como lo hacía de pequeña, y es extraño cómo las cosas pueden cambiar de un momento a otro, al ver cómo un camión viene directamente hacia nosotros a una velocidad que no le da tiempo a papá para salir de ese sitio, volcando la camioneta en el aire. Papá cubre mi cuerpo con el suyo recibiendo todo el impacto del choque, voy perdiendo la conciencia mientras veo a papá sangrando sobre mi sin perder la sonrisa.

—Nunca olvides que los grandes logros son el resultado de nuestro esfuerzo, muchas veces queremos rendirnos sin saber que la meta final está acercándose cada vez más…

Quiero creer que esto no está sucediendo, que solo es un sueño y el dolor es producto de una caída de mi cama. Lo último que escucho es el respirar adolorido de papá, mi mente se nubla por completo.

—Estoy orgulloso de saber que mis hijas están creciendo de una manera muy hermosa, no solo en belleza si no también en inteligencia.

∆∆∆

Mi cabeza duele, trato de abrir mis ojos pero el dolor no me lo permite, escucho a lo lejos voces pero no descifro lo que dicen, solo quiero dormir un poco más.

—El tocar un piano es sincronizarse con cada nota, tienes que sentir cada armonía desde tu interior, como algo que quieres gritarle al mundo sin necesidad de utilizar palabras —Papá toca el piano mientras habla— Y así, el mundo sabrá lo que quieres decir sin necesidad de escuchar tus palabras.

Quiero despertar, trato de hacerlo una vez más pero el cansancio me gana sumiendome en un sueño profundo.

—Tú y tus hermanas son el mayor tesoro que tú madre me pudo haber dado en este mundo.

Toma mis manos para besarlas con ternura y sonríe haciéndome sentir que mi papá es capaz de cualquier cosa por mi.

—En todos los universos existentes, permíteme ser tu padre…

Abro mis ojos lentamente adaptándose a la luz blanca que hay, no sé dónde estoy pero el lugar huele a alcohol y cloro. Un hospital; deduzco por el olor y los sonidos de las máquinas.

—¿Clara? —toman mi mano con rapidez y distingo la voz de mi hermana mayor —¡Doctor!

Llama mientras me revisa y me duele todo el cuerpo, levanto mi mano con esfuerzo para quitarme lo que tengo en la nariz, tengo sed, mi cabeza duele y no sé qué pasó.

¡Ah! Recuerdo lo que pasó antes de caer inconsciente, papá…

—Mi, mi papá —balbuceo y mis cuerdas vocales arden por el esfuerzo—Valentina, mi papá.

—Lo sé cariño, trata de calmarte. —otros médicos entran a la habitación y comienzan a analizar mi estado.

Me preguntan cosas que respondo con dificultad y con dolor, me duele la pierna y es cuando me doy cuenta que la tengo colgada enyesada desde mi rodilla hasta los dedos de mis pies, no puedo moverme producto del dolor.

—Papá —vuelvo a decir al ver que nadie me dice nada.

—Tienes que tener calma, primero hay que revisarte bien. —declara Valentina, pero sus ojos están rojos.

∆∆∆

Tras varias horas de exámenes para descartar cualquier secuela del accidente. Mi mente está lúcida, y entiendo el diagnóstico que me explican cuando estoy sentada sobre mi cama.




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