Ritorno

Capitulo 38.

Andrés.

Actualidad.

Leo por segunda vez el informe que me fue dado por Sebastián, levanto mi vista encontrándome con la mirada tranquila que siempre tiene.

—¿Cuándo ocurrió esto? —pregunto con dificultad sintiendo el enojo llegar a mí.

—Carson me informó que fue hace una semana.

—Bien, mantenme al tanto de cada uno de sus movimientos. —declaro con firmeza.

—No soy el único en esto, recuerda pagarme. —dice con sarcasmo.

—Puedes quejarte de que te exploto pero no que soy malo pagando, eso lo sabes a la perfección. —me recuerdo sobre el espaldar de mi asiento.

—Buen punto.

—No bajen la guardia.

Hace señal de soldado con sarcasmo, es buen compañero y por como me ha ayudado estos años confío en él.

∆∆∆

Comenzamos la junta con los socios de Verdecampo. Los socios siguen planteando nuevos proyectos y futuras inversiones que se podrían hacer.

Mi voto junto con el de Damián lleva mayor peso al ser los socios principales de Elena, quien se convirtió en la propietaria de la empresa al morir Daniel.

—¿Qué opinas de expandir la producción, Elena? —habla Damián una vez que estamos en su oficina.

—Damián, sabes que eso es algo que puedes hacer tú. Eres el presidente y por algo Daniel te encargó todo a ti.

—No puedes desmeritar tu autoridad en la empresa siendo la socia mayoritaria. —se cruza de manos suspirando.

—La empresa era de Daniel desde un principio, el hecho de que mi nombre aparezca como dueña no significa que yo pueda manejarla. —contesta Elena con su voz llena de dulzura y calma.

Ambos se quedan viendo y cuando por fin notan mi presencia, me encojo de hombros dando a entender que en su disputa no entraré.

—Ambos tiene la autoridad. Tía, si no quieres votar puedes delegar a alguien más para cederle tu voto; Damián, si quieres que Elena tenga más participación ya deberías saber que es algo que no quiere.

Los dos suspiran como si mi respuesta fuera la única solución lógica que han escuchado.

—Tienes razón Andrés, te delego a ti todos mis votos a partir de hoy. —abro mi boca para rebatir y Damián se ríe al escuchar la respuesta de Elena.

—No puedo con ustedes… —Elena y Damián se ríen cuando me pongo de pie tratando de llegar a la salida— Damián, he venido cómo has querido, revise con detalle los proyectos de la empresa. Si tienes algo importante por decirme puedes llamarme.

Me despido de ambos queriendo salir corriendo de ahí para ir a encontrarme con mi fresa.

—Andrés, si vas a casa llévame.

Con eso, salgo con Elena a mi lado de la empresa y con la cabeza llena de pensamientos sobre el informe dado por Sebastián, un escalofrío me recorre al recordar todo lo que pasé años atrás a causa de eso. Trato de que la conversación con Sebastián no arruine mi buen humor antes de encontrarme con Clara.

Al llegar a casa con Elena, logro despojarme de toda preocupación al ver a la mujer que me trae babeando, hermosa, como todos los días.

—¡Llegaste! —sale a mi encuentro abrazándome, su aroma invadiendo mis fosas nasales al momento de llegar a mi.

—Un minuto más y Clara casi empieza a sonar como la llorona llamando tu nombre al ver que no llegabas. —bromea Samantha rodando sus ojos.

—Dice la que no paraba de buscar a alguien medio dormida…

La respuesta de Clara se corta al momento de ser golpeada por un cojín en la cara.

—Idiota, yo no buscaba a nadie.

—Claro.

—¡Es verdad!

Enarco mis ojos al ver a Samantha sonrojada y a su hermana molestarla más de lo común, algo me dice que Santiago tiene que ver.

—Maduren. —interviene Elena sonriendo al ver la disputa que tienen ambas.

—Bien mamá, gracias por venir a tiempo. —sonríe Clara tomando a su madre del brazo.

—¿Por qué?

—Porque hoy nos ayudarás con todo esto. ¿Pensabas que te habías librado?

Elena sonríe con alegría al ver todo lo que sus dos hijas han preparado para el orfanato. El comedor está lleno de varios aperitivos entre dulces y salados. En el suelo hay bolsas de regalos con juguetes en su interior.

—¿Todo eso lo prepararon hoy? —pregunto con asombro, es demasiado para que lo hayan terminando hoy.

—No, Samantha adelanto con Valentina y mamá durante el fin de semana. Yo vine a encargarme de la comida. —sonrie orgullosa de todo el trabajo que han realizado.

—¡Bien!, dejen de perder el tiempo y vámonos que se hace más tarde.

Son las cuatro de la tarde y montamos todo sobre la camioneta que hoy manejo; a petición de Clara, la parte trasera se llena y nos ponemos en marcha con Samantha y Elena.

Llegamos al orfanato minutos después y no me esperaba encontrarme con los demás aquí, lo curioso es cómo están.




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