Ritorno

Capitulo 39.

Clara.

Mi día comienza un poco más movido de lo esperado al quedarme dormida más de lo que tenía planeado, y lo más frustrante es saber que Andrés está por pasar por mi y yo aún estoy batallando con el cierre del vestido que elegí para llevar hoy. Es sencillo y cómodo para las clases, al ser mi primer día de universidad creí que sería bueno llevar algo así; pero justo hoy tenía que complicarse todo.

—Cierra de una vez… —susurro frustrada al batallar con la cremallera del vestido.

Cuando el cierre decidió por fin ceder a mi súplica, calzo mis tenis y tomo mis cosas para bajar a toda prisa cuando veo el mensaje de Andrés diciendo que está esperando por mi.

—¿Segura que llevas todo? —mamá pregunta antes de salir por quinta vez y se ve más nerviosa que yo.

—Si mamá, no es la primera vez que inicio mis estudios. —contesto besando su mejilla— Me irá bien, ya lo verás.

—Eso espero, —logra tranquilizarse un poco— Te veo en la noche cariño.

La primavera está por finalizar y en el ambiente se siente la entrada del verano al ver los campos llenos de color verde y los días más soleados con árboles frondosos y las flores llenas de colores. Tengo buenas expectativas para el día de hoy. Los turnos en la cafetería los pasé para la tarde, no me hace falta trabajar en la cafetería pero es algo que me gusta hacer ya que mantiene mi mente ocupada.

Mamá me despide en la puerta de la casa con un beso al aire y me deja avanzar solo para ver a Andrés, quien me espera afuera de su auto.

—Cuidala. —pide y el tono en que lo hace es raro.

—Siempre, tía.

Nos subimos ambos al auto y Andrés se pone en marcha, me permite adueñarse de la radio del carro y por ella suena “Don't Blame Me” de Taylor Swift; con mi voz sonando por todo el auto y una dramatización exagerada de mi parte hace que Andrés sonría de manera amplia por mis actos.

—Tiembla Taylor, —habla Andrés al escucharme cantar la canción con más emoción de lo que debería— Clara te puede derrocar.

—No exageres, —me río cuando escucho su comentario— No canto tan bien y menos al nivel de ella.

—Me gusta escucharte más a ti que a cualquier cantante, tu voz me basta para poder disfrutar de la buena música.

—No te quedas atrás, tus habilidades musicales superan a las mías.

—Dejemoslo en empate por hoy. —habla, estamos frente a la universidad— Ve, y rebasa con todos ahí.

Me besa a modo de despido y me deja salir cuando me hace prometer que le escribiré por cualquier cosa.

—Te veré en la salida. —hablo por la ventana del auto.

—No creo poder el día de hoy. —su respuesta me decepciona un poco pero lo comprendo al saber la magnitud de trabajo que le espera.

—Está bien.

Camino sin voltear a ver atrás más por la emoción al ver el campus de la universidad, es grande e impresionante. El día que recibí la notificación de mi ingreso mi corazón dio un vuelco de alegría y más al saber que ingresé con honores gracias a la academia.

La universidad es una de las más prestigiosas de Italia en el mundo culinario, me especializare en todo lo que pueda. Quiero pensar que podré abrir mi propio restaurante y en un futuro también una cafetería. Por lo tanto, por ahora me toca poder obtener todo el conocimiento que pueda al igual que los reconocimientos.

—¿Dónde está…? —busco concentrada la sala de clases que me toca viendo fijamente al papel que tengo en las manos, por lo que no me percato del choque que tengo con una persona— ¡Ay Dios, lo siento!

Me disculpo agachándome mientras recojo lo que se cayó de mis manos.

—No te disculpes, no fue culpa tuya. —habla una voz gruesa y un poco ronca— Fue mía.

Mis ojos se conectan con el dueño de esa voz cuando me ayuda a juntar mis cosas, es un chico más o menos de mi edad.

—Lo siento, —vuelvo a decir— No presté atención cuando iba caminando.

—Tranquila, ¿Arte culinario eh? —habla cuando me devuelve mis cosas.

—Si, ¿Y tú?

—Ingeniería de alimentos. —responde sonriendo.

—Debe ser difícil. —caminamos mientras hablamos.

—No cuando es lo que te apasiona.

—Te entiendo, cuando haces lo que te gusta no se siente como algo obligatorio. —digo con una risita.

—Por lo visto eres nueva.

—Mi primer año, —lo observo de perfil, tiene bonitos rasgos— ¿Y tú?

—Cuarto y casi último.

—¿Algún consejo?

—Trata de llegar antes de que la cafetería se llene.

—Otro, no comeré aquí. —sonrío de manera amplia.

Toca su mentón pensando antes de hablar. —En ese caso, no salgas con tus compañeros, créeme es incómodo una vez que se termina la relación.

Su comentario me da gracia al ver la manera en cómo lo dice.

—¿Me puedes ayudar a encontrar mi salón?




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