Ritorno

Capitulo 40.

Andrés.

Observo la pila de documentos que están a la espera de ser revisados por Pablo y por mí, siento que la vida se me escapa cuando veo la magnitud de pendientes que me espera. No me quejo del trabajo, disfruto haciendo lo que me gusta; pero detesto la idea de no tener mucho tiempo libre para estar con Clara.

—¿Por qué siento que entre más trabajamos, más documentos llegan a nosotros? —murmura Pablo frente a mi, dejándose caer en el respaldar de su silla.

—Ya deberías estar acostumbrado. —respondo aún enfocado en los informes de estadísticas de ventas.

—Estos papeles parecen un demonio queriendo robar mi vitalidad por medio de mi aliento.

—Ya deberías estar acostumbrado. —vuelvo a repetir cansado de su queja.

—Grabadora, se te rayo el disco.

—Loro, tu cerebro no avanza.

Nos fulminamos con la vista y a este punto ambos sabemos que estamos tensos por la cantidad de horas que llevamos trabajando.

—Avancemos para terminar y largarnos. —hablo cuando ambos aceptamos el hecho de que aquí no hay un ring de boxeo cerca para desahogarnos.

Es la manera en la que nos tomamos el tiempo para liberarnos del estrés, lo malo es que no hemos podido hacerlo por falta de tiempo y ring. Sin decir más palabras seguimos con el trabajo y me enfoco más en los pendientes internacionales de mayor prioridad.

Ahora entiendo porque papá se jubiló más antes de lo común.

Pasadas unas horas finalmente nos liberamos un poco de la montaña pendientes que teníamos, respiro con tranquilidad al saber que el día de mañana podré pasar más tiempo con Clara.

—Me voy antes de que el diablo lo sepa y me quiera dar más trabajo. —habla Pablo tomando sus cosas con prisa.

—El diablo igual te llamará si surge más. —me fulmina con la vista al decir eso.

Salgo de la empresa y descartó la idea de ir a ver a Clara por lo tarde que es, ya es más de media noche. Me atraviesa la sensación de cansancio y no es para menos dado que las últimas semanas las he pasado más en la oficina que en mi propia casa.

A este punto de la noche solo quiero poder dormir un poco más de lo que he hecho y poder ver a mi fresa el día de mañana. Mi cansancio hace que todo el cuerpo me pese y me tumbo sobre mi cama sin importarme el hecho de que aún sigo con la ropa que llevaba en la oficina, finalmente mis ojos ceden ante el sueño descomunal que me invade y me permito caer en un profundo sueño con la sensación de que mi cuerpo se siente pesado y mi mente pidiendo tregua por las últimas semanas…

△△△

Escucho a lo lejos el sonar de mi celular, con el sonido taladrando mis oídos cada vez más; trato de alcanzarlo pero mis esfuerzos son en vano por la pesadez que se apodera de cada parte de mi cuerpo.

Con un esfuerzo sobrenatural logro alcanzar el celular para contestar la llamada y mi mente se aclara un poco más al ver el nombre de quién me llama.

—¿Andrés? —habla la voz más bonita que he escuchado en mi vida— ¿Estás bien?

—Si, un poco. —puedo responder con dificultad y mi voz sale más ronca de lo normal debido al dolor de garganta que me abarca, no puedo moverme producto al dolor— Te miento, si me siento mal.

¿Para qué mentirle? Quiero que venga a estar conmigo.

—Iré para allá, no te muevas.

—Aunque quisiera no puedo —respondo bajito por el dolor, sigo acostado sobre la cama con la misma ropa— Me duele el cuerpo.

Confieso y no puedo creer que esto me haga sentir vulnerable debido a que siempre he sido yo el más fuerte.

Esperame, llego dentro de media hora.

Cuelga la llamada sin darme tiempo de responderle y mi mente se vuelve a quedar sumida en el suelo que retomo aun con el teléfono pegado a mi oreja.

Percibo como tocan mi frente y mejilla, reconozco su tacto aun sin abrir los ojos.

—¿Desde cuándo está así? —pregunta Clara con voz preocupada

—No sabría decirle señorita, es la primera vez que logro verlo en dos semanas. —contesta Martha y escucho como mi fresa suspira— Viene de madrugada y se marcha antes de mi llegada. Hasta me preocupa que no esté comiendo bien.

No le eches más leña al fuego Marthita…

No puedo protestar por lo mal que me siento, tengo la impresión de que Clara sale de la habitación aún hablando con la traicionera de Martha a su lado. A los minutos escucho como vuelven a ingresar a la habitación y esta vez puedo abrir mis ojos y dándome cuenta que Clara no viene sola, si no con un hombre a su lado.

—¿Quién es? —pregunto al no reconocer su rostro.

—Es compañero de Valentina, no pudo venir a revisarte y le pidió a él que viniera en su lugar. —aclara Clara.

—Señor Santoro, mucho gusto. Soy el doctor Sáenz. —dice en tono amigable, me agrada. Debe tener la misma edad que Valentina.

—Mucho gusto. —contesto cuando trato de sentarme en la cama.




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