Ritorno

Capitulo 44.

Clara.

Paso con cuidado cada fotografía del álbum que tengo en mis manos, observando detalladamente cada imagen que se cruza ante mi mirada. Papá con nosotras sonriendo en cumpleaños. En la graduación de Valentina y en mis presentaciones de piano y las de Samantha con su violín…

Han pasado meses sin querer volver a intentar tocar el piano, pero el sentimiento no deja de pedirme que lo intente una última vez, me da temor querer intentarlo y obtener el mismo resultado. Si tan solo estuviera aquí papá, me daría muchas fuerzas pero se que es algo que yo misma debo hacer.

Con eso en mente y con convicción, bajo a la sala donde se encuentra el piano y antes me percato que no hay nadie en casa, lo cual es bueno. Un fin de semana donde mamá y Samantha fueron a terminar los detalles con Valentina. La boda es el fin de semana que viene y aprovecho este momento a solas para intentarlo una vez más.

Mis piernas y manos comienzan a temblar cuando me posiciono frente al piano destapando su teclado. Cierro mis ojos y tomo una bocanada de aire armandome de valor cuando mis dedos tocan las teclas, con la sensación de hormigueo que me daba cada vez que tocaba. Empiezo tocando la nota con suavidad familiarizándome con los acordes después de casi ocho años sin tocar, falta un mes para el aniversario de muerte de papá y no hay mejor manera de honrarlo que tocar la canción que nos solía cantar y la primera canción que nos enseñó a mi y a Andrés a tocar.

Con los sentimientos desbordados interpreto “Beautiful boy” de Jhon Lennon. Papá decía que es la mejor canción que puede describir lo que un padre siente al tener a sus hijos en brazos. Mis manos siguen al ritmo de la canción y mi corazón salta de emoción al darme cuenta que mis dedos conocen por sí solos cada nota de la canción, mi alma se siente viva nuevamente al escuchar lo que yo misma estoy haciendo. Los recuerdos ahora vienen a mi, no con el dolor con lo que lo hacía años atrás, ahora es con el sentimiento de añoranza con los que atesoro cada momento que tuve con papá y valorando aún más el sacrificio que hizo al protegerme del accidente. Por años me culpe de la muerte de él y quise sentirme miserable por el hecho de que por mi culpa mamá ya no tenía a su esposo y mis hermanas a su padre.

Mis lágrimas ruedan mientras sigo tocando y mis manos no dejan de moverse, como si tuvieran vida propia y decidieran a partir de hoy no dejar de tocar nunca. Termino la canción y con ella las cadenas que yo misma me impuse al no volver a tocar, me tumbo al lado del piano permitiendo a mis lágrimas salir con ímpetu, liberando mi corazón del dolor que sentí al perder a papá.

Los minutos pasan y con ellos mis lágrimas van disminuyendo, me resigno al hecho de que papá ya no estará conmigo y que ahora es solo un recuerdo que vive entre fotografías y memorias que no solo comparto yo. Me libero de la culpa que por años sentí, y cuando creí que mis lágrimas disminuían siguieron saliendo reclamando lo que por momentos quise callar.

“Lo hice”

“Lo logré”

Por ti papá. Por lo que me enseñaste a valorar y que con tu partida entendí más. Por los años que pasaste conmigo y por el día que decidiste irte sin mi, sin darme tiempo de pasar más momentos contigo. Por las palabras que no pude escuchar más de tu boca y por el amor que no me dejaste demostraste aún más. Por mi, por el dolor que me impuse como castigo, por silencios que en mi interior gritaban de dolor, por lágrimas que fueron disfrazadas como alegría. Y por palabras que nunca salieron a la luz.

—Respira… —me digo a mi misma cuando siento la ansiedad acercándose— Lo lograste, lo lograste Clara, respira y no te dejes vencer por esto. No más…

Trato de calmarme cuando comienzo a respirar rápido, mis manos tiemblan y mi pecho se aprieta. Estoy sola en casa y no tengo a nadie a mi lado, Tobby se levanta enseguida del sofá y se acerca a mí con rapidez al ver mi comportamiento. Se acerca y empuja suavemente mi mano con el hocico. Apenas puedo reaccionar.

Entonces Tobby apoya sus patas delanteras sobre mis piernas y ladea la cabeza, forzandome a mirarlo. El contacto inesperado corta por un instante la espiral de mis pensamientos y la tormenta de sentimientos que tengo atorados en el pecho.

Me llama la atención cómo se acomoda sobre mi regazo, aplicando el peso de su cuerpo contra mío. La presión en mi abdomen y piernas me obliga a enfocar mi atención en esa sensación física, no solo en la angustia que estoy sintiendo. Mis respiraciones empiezan a acompasarse con el ritmo tranquilo del perro.

—¿Dónde aprendiste eso? —toco su cabeza cuando ya todo paso. Como respuesta recibo un ladrido de parte de él.

Me quedo ahí unos minutos más antes de levantarme y sigo acariciando el pelaje del perro que se quedó dormido en mi regazo. Mi mente piensa con claridad cuando vuelvo a recordar que pude tocar el piano. Busco mi celular en mis bolsillos marcando el número de Andrés.

—Oye, al parecer tengo el poder de invocarte cuando te pienso. —dice en cuanto contesta mi llamada.

—¿Podrías venir? — musitó bajito.

Voy enseguida. —cuelga sin decir más y se que ya está en camino.

Me quedo en el mismo lugar y mis ojos se cierran quedándome dormida con el perro encima de mi. No paso mucho tiempo así porque escucho la puerta de la casa abrirse y Andrés corre a mi encuentro cuando me ve como estoy.




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