Capítulo 46.
Clara.
18 años.
No está…
Ya no está conmigo…
Se fue dejándome un gran vacío en mi corazón.
Una semana ha pasado desde que papá murió y cada día nuevo es un recordatorio doloroso de su ausencia, la casa está sumida en un absoluto silencio donde solo se escuchan los sollozos de cada una de nosotras al pasar por la puerta de nuestras habitaciones, mamá ha tratado de ser fuerte por nosotras pero se le ve igual de devastada y cansada que nosotras.
Las últimas noches han sido las peores, me despierto por las noches gritando en llanto llamando a papá cuando su rostro aparece en medio de mis sueños, no como, no duermo, no hablo. La mayor parte del tiempo la paso en cama acostada sin querer saber nada.
La puerta de mi habitación se abre y es Andrés que se asoma con precaución antes de entrar con una bandeja de comida, trata de sonreír cuando me ve y no reacciono cuando se acerca a mi cama.
—Nena necesitas comer, —dice suavecito pero al no obtener respuesta pone aún lado la comida y toma mis manos— Se que es difícil pero no te hagas esto.
Lágrimas silenciosas ruedan como lo han hecho durante los últimos días, me abraza pegandome a su pecho. No le devuelvo el abrazo, no respondo a sus preguntas, no hago nada. Simplemente me sumerjo una vez más en el abismo del dolor que me acompaña.
Se marcha a media noche y me quedo en el mismo estado en el que me encontró, al día siguiente intenta hacer lo mismo y obtiene la misma respuesta como ha sido estos días.
Navidad…
No me interesa hablar con nadie, Aurora trata de animarme pero no lo logra. Mis amigos me visitan pero no los recibo, mamá intenta hacerme sentir bien pero al ver su rostro solo puedo pensar que por mi culpa su esposo ya no está, que papá no está y no estará más en nuestras vidas.
Samantha llora con mamá la mayoría de noches y Valentina se sumerge en los brazos de Alejandro buscando un refugio para sobrellevar su dolor.
Por mi parte, Andrés ha logrado que coma un poco y no me deja sola la mayoría de días, está conmigo desde en la tarde y se va a media noche. Aunque su apariencia lo hace ver más cansado no me deja sola ni un momento.
Enero…
Es año nuevo y con el se acerca la fecha del cumpleaños de papá, es más doloroso de lo que creí, saco de mi armario el regalo que le tenía preparado, al leer la carta que le escribí sin saber que sucedería agarro el regalo de cristal tirándolo con enojo al suelo en medio de llantos y con la culpa cada vez más profunda haciéndolo añicos y cortándome en proceso cuando el vidrio impacta contra el suelo y me salpica. La puerta se abre abruptamente y entra Andrés quien se acerca rápido al notar lo que ha pasado. Me encuentra en el suelo con el vidrio roto al lado con mis piernas y manos con cortaduras leves que sueltan pequeños hilos de sangre, su cara se vuelve pálida al pensar lo que creo.
—No intenté suicidarme. —es la primera vez que lo veo directamente a los ojos desde que papá murió ya que había sido más lágrimas que otra cosa.
—Vamos a curarte, —dice con paciencia y me levanta con mucho cuidado por mi pie— Debes tener cuidado.
Hago lo mismo que he hecho estos últimos meses, no decir nada sobre cómo me siento y solo observo como me sienta sobre la bañera sacando el botiquín para curarme. Limpia las cortaduras y coloca crema para la cicatrización.
—¿Vendrás mañana? —pregunto bajito.
—Siempre lo haré.
—¿Lo prometes? —sonríe por mi pregunta, toca mi mejilla.
—Lo prometo pero tienes que comer.
Asiento ante su petición y seguido de eso se encarga de que termine todo lo que trajo en la bandeja.
Como siempre, se acuesta a mi lado y eso ha ayudado que mis pesadillas menguen un poco al sentir su calor a mi lado y como acaricia mi rostro hasta quedarme dormida.
Mamá entra a mi habitación con el desayuno en manos y lo hace intentando hacer una sonrisa. Termino mi desayuno y salgo de mi habitación queriendo ver algo más que las paredes de mi cuarto. Bajo por las escaleras con cuidado de no lastimar más mi pie. Al llegar a la puerta reconozco la voz de Lucía.
—Felipe se fue y nadie sabe dónde está…
Entró a la cocina y Lucía se calla al verme, me saluda con una sonrisa y un pequeño abrazo.
—¿Qué pasa con Felipe? —pregunto y me extraña ver cómo ambas se tensan al escuchar mi pregunta.
—No lo sabemos hija, nos avisó que se regresaba a Estados Unidos.
—¿De repente? —pregunto y Lucía esquiva la conversación con una sonrisa preguntando cómo me he sentido estos días.
No hablo mucho con ellas dado que decido subir a mi habitación nuevamente, espero a que la tarde comience a llegar para bajar de nuevo. Quiero que Andrés me encuentre en la sala está ocasión.
—¿Quieres algo hija? —pregunta mamá a mi lado.
—No mamá, gracias. —respondo queriendo distraer mi mente con algún libro.
Que raro… Andrés no ha llegado, siempre viene a las seis de la tarde y nunca se ha retrasado una hora. Debió pasar algo en la empresa con Carlos, esperaré un poco más.
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Editado: 14.08.2026