Rivales de Corazón

Capítulo 53: El Eco del Abismo

La calma que siguió a la cena familiar con los padres de Valeria fue engañosa, un velo de seda sobre un terreno que comenzaba a fracturarse. Valeria regresó a su departamento con Alejandro sintiendo que, por fin, habían sorteado uno de los obstáculos más intimidantes de su vida privada. Sin embargo, la paz duró menos de lo que tarda una vela en consumirse ante una ráfaga de viento.

Al despertar, Valeria encontró su bandeja de entrada saturada. No era de la editora, ni de Martín, ni de algún fan. Era un correo anónimo, pero el archivo adjunto era inconfundible: una serie de capturas de pantalla de una conversación de texto entre Alejandro y su editora, datada de hace apenas tres días. En los mensajes, Alejandro discutía la posibilidad de posponer la gira internacional para enfocarse en un proyecto solista, dejando a Valeria "fuera de la ecuación" de manera explícita. "Valeria es una distracción creativa en este momento", decía una de las líneas, escrita desde el teléfono de Alejandro.

Valeria sintió un mareo súbito. El aire en la habitación se volvió irrespirable. ¿Era una falsificación? ¿Un ataque de Martín? ¿O era la cruda, innegable realidad de que el hombre que dormía a su lado la veía como un obstáculo?

El silencio de la mañana fue roto cuando Alejandro salió del baño, secándose el cabello con una toalla. Al ver el rostro de Valeria, blanco como el papel y con los ojos fijos en la pantalla, su expresión cambió de una sonrisa despreocupada a una mueca de auténtico terror.

—¿Qué pasa, Valeria? ¿Es Martín otra vez? —preguntó, acercándose, pero ella retrocedió como si él fuera un extraño.

Valeria le giró la pantalla. Alejandro leyó las líneas en silencio. El color drenó de su rostro con una rapidez alarmante.

—Valeria, escúchame. Esto… esto no es lo que parece. Es una conversación sacada de contexto. El editor me estaba presionando para que abandonara la antología y me enfocara en el libro nuevo. Me estaban acorralando y dije cosas que no sentía solo para quitármelos de encima, para que me dejaran pensar —su voz temblaba—. No son mis sentimientos reales.

—"Valeria es una distracción creativa" —repitió ella, con una frialdad que la sorprendió incluso a ella misma—. Esas no son palabras de alguien que se siente acorralado, Alejandro. Son palabras de alguien que ha tomado una decisión. ¿Desde cuándo me ves como una distracción? ¿Desde que el éxito empezó a subirte a la cabeza?

—¡Jamás! —gritó él, golpeando suavemente la mesa—. ¡Estás cayendo en la trampa de alguien que quiere destruirnos! ¿Quién envió ese correo? ¿Martín? ¡Él quiere esto! Quiere que desconfíes de mí.

—¿Y qué si él me envió la prueba, pero la prueba es real? —Valeria sintió que una parte de ella se rompía—. ¿Cómo puedo saber si esto es una mentira de él o la verdad que tú me escondías?

La pelea que siguió fue la más cruda que habían tenido desde que se conocieron. No hubo gritos, sino palabras que cortaban como cristal. Alejandro intentó desesperadamente justificar sus palabras como una estrategia de negocios, un juego sucio para apaciguar a una editorial agresiva, pero Valeria ya no podía distinguir la realidad de la actuación. La sombra que Martín había sembrado durante meses finalmente había echado raíces, y el terreno en el que ambos caminaban se estaba desmoronando.

Al mediodía, Alejandro tuvo que marcharse a una entrevista de radio programada. La partida fue gélida. No hubo beso, ni promesa de llamada. Valeria se quedó sola con el fantasma de esa conversación y la certeza de que, si esa era la "guerra" de la que él hablaba, ella no estaba segura de querer seguir siendo su soldado.

La sorpresa no deseada llegó dos horas después, cuando una llamada del abogado de Valeria interrumpió su estupor.

—Valeria, tengo malas noticias —dijo el abogado con voz grave—. Alguien ha filtrado partes de tu manuscrito original, los borradores que incluían las notas que tomaste sobre la vida de Martín, a varios blogs literarios. Se está gestando un escándalo de difamación. Quienquiera que haya hecho esto, tiene acceso a tu nube personal.

Valeria se dejó caer en el suelo. No era solo Martín. Era una emboscada completa. El escándalo estaba diseñado para que ella quedara como una escritora despechada que usó a su ex para vender libros, mientras que Alejandro, por otro lado, quedaba como el profesional serio que se estaba desvinculando de su "distracción". La narrativa era perfecta.

Esa noche, cuando Alejandro regresó, encontró a Valeria sentada en la oscuridad, rodeada de cajas.

—¿Qué haces? —preguntó, sintiendo el vacío que se había instalado en el departamento.

—Me voy —dijo ella—. No a un hotel, no a casa de mis padres. Me voy lejos. Si tú y yo somos una "distracción", entonces lo mejor que puedo hacer por tu carrera es desaparecer.

—Valeria, no me hagas esto. No dejes que ganen. ¡Es justo lo que ellos quieren!

—¿Y si ellos quieren que estemos juntos para que tú puedas terminar de absorber lo que queda de mi identidad? —preguntó, levantando la vista. Sus ojos, antes llenos de la luz del amor que habían cultivado, ahora estaban opacos—. No sé quién eres, Alejandro. Y después de ese mensaje, tengo miedo de que, en el fondo, tú tampoco sepas quién soy yo.

Alejandro intentó acercarse, pero la distancia entre ellos no era de metros, sino de años luz. Cuando él trató de tocar su hombro, ella se apartó. El "clic" de la cerradura de la maleta al cerrarse fue el sonido más definitivo que Valeria había escuchado en su vida.

No hubo una despedida lacrimógena. Hubo una frialdad matemática. Valeria salió del departamento mientras Alejandro se quedaba en el centro de la sala, con el teléfono en la mano, recibiendo una nueva notificación de su editor: "El trato está hecho. Ella se ha ido. El proyecto solista tiene vía libre".

Alejandro miró la pantalla, miró la puerta por la que Valeria acababa de desaparecer, y por primera vez, el lector se dio cuenta de algo: Alejandro no era la víctima de la trama. Alejandro había sido quien había orquestado gran parte de la presión para que Valeria se sintiera tan aislada que eventualmente se fuera por su cuenta, asegurando así su propia hegemonía literaria.




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