Rodeados de azúcar y nieve

Capitulo 10

Capítulo 10 – Una tregua incómoda

Si alguien me hubiera dicho que terminaría trabajando codo a codo con Ethan Carter en una panadería medio destruida en pleno diciembre, probablemente me habría reído hasta que me doliera el estómago. Y sin embargo, ahí estaba yo, cubierta de harina y con las manos pegajosas de masa, mientras Ethan me observaba con esa expresión que combinaba autoridad, cansancio y… algo más que no podía descifrar.

—Emily —dijo finalmente, con voz firme—. Esto no va a funcionar si seguimos como hasta ahora. Necesitamos organización. Y yo… puedo ayudar. Por el bien del pueblo.

Mi primer instinto fue rechazarlo de inmediato. ¿Él? ¿Ayudarme? Después de todos los años de tensión, reproches y silencios incómodos, la idea de trabajar con Ethan era tan aterradora como mezclar levadura vieja sin instrucciones.

—Gracias, pero… —empecé, tratando de sonar educada—. No necesito ayuda. Puedo manejarlo sola.

—Emily —interrumpió, con esa mirada azul que parecía atravesarte hasta los huesos—. No es solo por ti. Es por el pueblo. Si esta panadería no abre a tiempo para Navidad, la gente perderá más que pan… perderá la tradición. Y no voy a permitirlo.

Suspiré, resignada. Sabía que no tenía opción. Ethan estaba en lo cierto, como siempre. Además, había algo en su tono que no admitía discusión. Así que, con un gruñido bajo, asentí:
—Está bien. Trabajemos juntos.

Lo primero fue organizar la cocina. Por alguna razón, la idea de mover utensilios y organizar estantes al lado de Ethan era casi más intimidante que hornear panes explosivos. Él se movía con precisión militar, mientras yo tropezaba con cada caja que encontraba.

—Emily, ese molde no va ahí —dijo, tomando uno de mis intentos fallidos y colocándolo en un estante con meticulosidad—. Y la harina… no, no ahí, ahí —dijo, señalando un cajón que ni siquiera sabía que existía—. Debemos trabajar como un equipo.

—Sí, sí… equipo —dije, tratando de sonar confiada mientras balanceaba una bandeja llena de masa que, por supuesto, se inclinó peligrosamente—. No necesito un supervisor…

Antes de que pudiera terminar, Ethan se adelantó y sujetó la bandeja con facilidad, evitando un desastre total. Su contacto fue breve, pero suficiente para que un pequeño escalofrío recorriera mi espalda. Sacudí la cabeza, tratando de concentrarme.

—Gracias —dije, más para mí que para él.

—No es necesario —respondió, con un simple gesto que parecía decir “solo haz tu trabajo”.

Empezamos a hornear panecillos juntos. Al principio, cada acción estaba cargada de tensión. Él medía los ingredientes con precisión casi obsesiva, mientras yo improvisaba y agregaba un poco de mi caos característico. Cada vez que chocábamos, era como si el mundo entero se detuviera un segundo: un roce de manos al pasar la masa, un intercambio de miradas que duraba demasiado.

—Emily, la levadura va primero —dijo Ethan, tomando el frasco que yo intentaba abrir—. Si la mezclas con la sal antes, no crecerá.

—Oh, claro… —dije, forzando una sonrisa mientras sentía que mi corazón latía más rápido—. Gracias por la lección, profesor Carter.

—Solo por el bien del pan —respondió él, con un tono tan serio que casi parecía un comentario irónico, aunque su mirada azul seguía fija en mí.

Mientras horneábamos, Harper entró para “supervisar”, aunque su idea de supervisión era lanzarnos harina a ambos y reírse de nuestra seriedad.

—Vaya, vaya —dijo, cruzándose de brazos—. Parece que alguien está empezando a tener química… y no es solo con el horno.

—¡Harper! —grité, intentando mantener la compostura mientras lanzaba un poco de harina en su dirección—. No es cierto.

—Claro que sí —dijo, riéndose mientras esquivaba el ataque—. Solo observo. Y además… Ethan está usando demasiado perfume para un trabajo de panadería.

Ignoré el comentario, aunque no pude evitar notar que Ethan olía… increíblemente bien. No era perfume barato ni exagerado; era un aroma cálido, masculino y limpio, que me hizo girar la cabeza más de lo que quería admitir.

Los panecillos estaban listos para el horno, y mientras los colocábamos, cometimos varios pequeños accidentes: un poco de harina en la ropa de Ethan, un molde que casi cae, y yo derramando azúcar por toda la mesa. Cada error parecía magnificado por su presencia, y cada vez que nuestros brazos se rozaban, un pequeño choque eléctrico recorría mi cuerpo.

—Emily —dijo Ethan, levantando una ceja—. ¿Quieres que haga yo esto solo?

—No —dije rápido, demasiado rápido—. Quiero aprender.

—Claro —dijo él, con una sonrisa que parecía genuina y nada sarcástica—. Aprender.

Mientras el horno hacía su trabajo, nos tomamos un momento para limpiar y organizar un poco. Por primera vez, sentí que estábamos… sincronizados, aunque fuera de manera incómoda. Cada vez que me movía para tomar algo, él ya estaba allí para anticipar el problema. Cada instrucción que daba, aunque estricta, ayudaba a que el desastre que era la cocina se volviera un poco más controlable.

—Sabes —dije finalmente, con un tono más relajado—. Nunca pensé que trabajar con Ethan Carter podría ser… tolerable.

—Tolerable —repitió él, con una ligera sonrisa—. Esa es la palabra que usas para describir casi todo lo que hago.

—Bueno… es un comienzo —respondí, y por un momento, nuestras miradas se cruzaron de manera prolongada. El calor de su cuerpo, su proximidad y la tensión que existía entre nosotros hicieron que mis mejillas se encendieran.

Noah apareció en la puerta, observándonos con curiosidad y una sonrisa traviesa.
—¡Papá y Emily trabajando juntos! —exclamó—. Esto es como magia navideña… pero con harina.

—Sí —dije, sonriendo mientras me inclinaba para recoger un poco de harina del suelo—. Magia navideña… con caos incluido.

Ethan frunció el ceño, pero no dijo nada. En cambio, su mirada se suavizó mientras observaba a Noah y luego me miró a mí, como si intentara descifrar algo que no podía poner en palabras.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.