Era noche de lluvia y el casino estaba lleno, las mesas de cualquier juego estaban infestadas de jugadores, las ruletas estaban por reventar y en una de las mesas donde se jugaba poker estaba Robert, apostando todo, dejando su vida en esa mesa donde su destino lo desidia un par de cartas más las cartas de la mesa, llevaba un cigarrillo en la boca a medio acabar y su sombrero que le habría costado dinero si lo hubiese comprado pero afortunadamente lo ganó en el juego anterior.
Se repartieron las cartas a los 10 jugadores de la mesa, decidió no verlas aún, no era el momento, se las guardaría para cuando aparezca el flop, y se hicieron las apuestas, comenzaron con 20 dólares, algo poco para la gente que habitaba ese casino, pronto aumentó a 100 y después a 300. El flop aparece, un as de corazones, una Q diamantes y un as de tréboles, le venía perfecto pues al revisar las suyas tenía un as y una K de diamantes, le serviria pero no confiaba de la K pero igual decidió aumentar la apuesta, agregó 600 para ver si alguno se retiraba. Clinton quien fue el que más perdió esa noche decidió dejarlo, los demás pagaron la apuesta.
El repartidor saca la cuarta carta sobre la mesa, el turn, el cual era un 10 de diamantes, vuelven a la ronda de apuestas donde el bote sube a 1200 dólares, Robert decidió aumentar unos 300 dólares más, tenía las expectativas más altas que la última vez, solo necesitaba un poco más de suerte.
Finalmente repartió el river, la última carta sobre la mesa, una J de diamantes, al ver la suerte que tuvo, Robert decidió 1000 dólares más ya que era imposible perder con estas cartas, los demás se retiraron excepto uno, Liam Tood, el cual apostó 1100 dólares.
Llegó el momento de revelar las cartas, Liam había logrado un Full House con un trío de anses y un par de 10, pero la victoria iría para Robert con su escalera real.
Contento Robert fue a retirar los 3600 dólares ganados con la suerte que casi siempre parecía tener.
Robert vivía en una casa algo cara que no había terminado de pagar, su deuda excedía los 100 000 mil dólares de los cuales ya había pagado la mitad, aun así el dinero de aquella mesa fue destinada a una noche de fiesta, drogas, alcohol y todo lo que podrías imaginar, pues su juventud no conoció límites, su vida fue una cadena de excesos que sin pensarlo destruía su estabilidad de a poco, pero qué importaba si al final en el juego todo parecía desaparecer pues si ignoras que aquella acción destruye lo que conocen cómo tu ser, aquella vida parece un paraíso.
Esa mañana despertó con la resaca de anoche, igual que el día de ayer y el día de mañana, se levantó tambaleando un poco con la vista nublada, camino por el pasillo hasta llegar a la sala desordenada con latas de cerveza y cajas de lo que sea que haya comido la noche anterior, para ese punto ya había olvidado los nombres de la mesa de ayer, ni siquiera recordaba si había ganado o no, solo sabía que ya no tenía dinero y que mañana tal vez sus padres le manden algo, siempre lo hacen los fines de semana y a veces él les devolvió el dinero pero solo a veces. Ellos creían que su hijo estudiaba, que iba a ser alguien en la vida y que después de un tiempo él volvería como todo un hombre hecho y derecho, lo último que supieron fue que Robert había terminado el segundo año de la carrera de Historia, no sabían que Robert realmente había dejado esa carrera a inicios de ese segundo ciclo y llevaba casi dos años en una casa pagada por su dinero y algunos billetes ganados en ruletas, poker, blackjack, etc.
Todo comenzó un día cuando un estudiante de Filosofía le propuso un juego de cartas, fue hace tanto tiempo que Robert se había olvidado de que juego era.
Ese día lo llamó Clinton, estaba borracho, al parecer él no pudo dormir, esa noche Clinton fue visitado por unos hombres, uno negro con musculos bien marcados y superaba el metro ochenta a simple vista, el otro era un poco más claro, con musculos no tan definidos y un poco más bajo, tal ves apenas superaba el metro ochenta. Lo golpearon hasta que quedó casi inconsciente en el suelo, tal vez por el alcohol que tenía en la sangre no lo sintió tan doloroso pero cuando se recuperó un poco sintió como todo el cuerpo le pesaba y como la sangre mojaba su cabeza, a pesar de eso decidió seguir bebiendo. Le pidió a Robert que vaya a su casa porque en ese momento necesitaba beber con alguien, luego de eso colgó la llamada.
Robert se dirigió a la casa de Clinton, allí lo encontró como un montón de polvo, tirado en el suelo con botellas vacías alrededor suyo, lo de los dos hombres no era mentira pues todo su cuerpo se veía golpeado la sangre caía por su frente y llegaba a sus ojos, sus manos tenían heridas por todos lados.
Clinton se alegró al verlo. ─ Ven, siéntate, siéntete como en casa. ─ dijo apenas con murmullos, Robert se sentó a lado suyo, él sacó una botella y se la ofreció a Robert el cual aceptó. Ambos empezaron a beber hasta que sus mentes empezaron a quedarse dormidas y ahora hablaba sus pensamientos internos, allí Clinton decidió ser sincero con Robert.
─ Necesito dinero y tu no sabes cuánto, no te voy a pedir prestado porque sé que no lo podré pagar, anoche me buscaron porque no había pagado lo mínimo que tenía que pagar para que me esperen un poco más. Volverán el siguiente mes y el siguiente a ese, no me dejarán en paz. Te juro que he pensado en muchas cosas para intentar solucionarlo, incluso en quitarme la vida, anoche lo intente pero me di cuenta que soy tan cobarde que ni siquiera me atrevo a hacerlo, ya no me importa si ellos me matan, al menos ellos no tendrían miedo de hacerlo. Sé que no es muy común de mi parte pero a veces pienso que he sido un fracaso en todo. Por eso odio no tener nada que tomar, pues en esos momentos pongo en práctica la carrera que nunca pude terminar por culpa de mi vicio, pero de qué me servía esos estudios si ni siquiera me llevaría a algo más. Eso es todo lo que logre, solo pensar y tratar de callar esa voz de mi cabeza, y a pesar de que pienso mucho no soy capaz de pensar en una solución. Por eso quería pedirte que me mataras.