Denís aún iba a la escuela y seguía viviendo con sus padres, tenía alrededor de unos catorce o quince años, ella a pesar de su apariencia era un año mayor que él. Se conocieron en una fiesta, en el momento más vivo de la noche, donde todos están bailando y divirtiéndose, algunos beben hasta marearse un poco, otros solo bailan y entre las sillas vacías se encontraba ella, observando a la gente siendo libre. Él sentía curiosidad al verla sola y sin darle muchas vueltas al asunto decidió hablar con ella, nunca lamento aquel hecho ya que al instante conectaron, y lo hicieron muy bien, ella no paraba de mirarle a los ojos, y él no dejaba de perderse en ellos. A los días se dieron cuenta que estudiaban en el mismo lugar y a los muchos meses de estar conociéndose empezaron a salir.
Ella era tímida, pero cuando agarraba confianza parecía estar loca, era algo inestable y muy sensible. Él un poco lo contrario, un poco más sociable, era algo porfiado y relajado. Dos caras de una moneda, de lados opuestos, de ojos distintos pero pensamientos parecidos.
Caminaban juntos después de clases, salían cada sábado, compartían mucho tiempo juntos, extrañamente parecían la pareja más estable del colegio, algunos decían que duraría para siempre, pero casi siempre esas relaciones jóvenes terminan muriendo, de cualquier forma. Luego de un tiempo Denís empezó a sentir ataques de ansiedad, ataques que iniciaban en la mañana tras sueños donde sus miedos eran intensificados, sueños en los que ella le era infiel, sueños en los que se encontraba solo, sueños en los que de alguna manera reflejaba lo asqueroso que se sentía en ese momento, y aunque sabía que se sentía así, no sabía el porqué. También le afectaba cualquier cosa, cualquier palabra o cualquier gesto, a veces solo miradas, cualquier cosa lo hacía pensar y a sobre pensar hasta el punto que la cabeza le dolía, las manos se enfriaban, su cuerpo no lo sentía, la sensación de náuseas era demasiado como para ignorarlo y el mareo aumentaba más y más, como si se encontrara enfermo todo el tiempo.
Todo esto se evidenció luego que el mejor amigo de ella se asomó en su salón.
─ Denís, que bueno que te veo.
─ ¿Que paso?
─ Venía a hablarte de tu novia.
─ ¿Así?
─ Sí, emm ¿Te parece si vamos a un lugar privado?
─ ¿Por qué?
─ Por nada en especial.
─ Pero… acá no hay nadie, ¿qué lugar más privado que esté?
─ Mira solo ven conmigo.
─ Esta… Bien, supongo. ─ Denís lo siguió, ambos subieron hasta la azotea del colegio, nadie los vio subir y nadie supo qué ocurrió, lo único que se supo fue que en la salida ella estaba enojada con él, nadie sabe el porque, si todo estaba bien ¿Por qué discutieron? ¿Será algo grave? ¿Cuándo fue la última vez que discutieron? todos se hacían millones de preguntas pero al final decidieron cambiar de tema, sabían que luego de un tiempo lo solucionarían, pero para Denís parecía el fin del mundo.
En su casa todo transcurría con normalidad para él, lo único diferente era el cómo se sentía, pero no quería pensarlo mucho, se suponía que él era un hombre, tendría que poder con esto. Aquella noche no pudo dormir, ya que estaba ocupado tratando de convencerse que todo estaba bien, y la realidad era esa, ella también estaba pensando y solo quería volver a verlo, entonces al día siguiente, cuando se pudieron ver arreglaron las cosas. Tal vez lo explique de manera muy simplificada, pero el sentimiento de desesperación que sintió Denís fue tan grande que las náuseas las sintió incluso más que antes.
Si bien todo parecía solucionado, algo en los pensamientos de ella se había incrustado ya que ella lo vio en ese estado y su traicionera mente la empezó a atacar, pues en su bella cabeza hacia el pensamiento de que el problema era ella, y esto sólo aumentó con el pasar del tiempo. Cuando el año escolar terminó, ella sintió un horror, pues pasarían días antes de ver a su amor, pero al menos tendría el tiempo para pensarlo todo bien.
Llegó el primero de febrero cuando ambos quedaron en verse en un parque donde había iniciado todo, a las 1:30 p.m, mientras el sol se encontraba en uno de sus puntos más altos, ella se acercó a él y mientras lo abrazaba le beso la mejilla.
─ Creo… creo que esto… no creo que debamos seguir juntos.
─ ¿Por qué?
─ Es que, siento que te hago daño.
─ Pero tú no me haces daño.
─ Yo se que sí, aparte no podemos estar juntos si no nos sentimos bien con nosotros mismos.
─ Pero yo si me siento bien.
─ Yo no.
─ Y por qué no me dijiste.
─ Simplemente no quería preocuparte pero, ahora creo que es mejor que solo no nos volvamos a hablar.
─ Pero no tiene sentido.
─ Lo siento,
─ Pero.
─ Te juro que no quiero hacer esto.
─ Entonces ¿Por qué lo haces?
─ Es lo mejor para los dos.
─ ¿De qué forma?
─ Eres guapo, ¿pero te sientes guapo?