Los labios de Nessa cada vez más secos, intentando pronunciar palabras de forma inviable ya que, aunque puso sus últimas fuerzas en esto, sus palabras eran inaudibles. Sus lágrimas no paraban de recorrer por su pálido rostro.
Por cada puñalada que penetraba su cuerpo, este perdía la movilidad, pero eso a Khaz no le importaba en lo absoluto, de hecho, ese era su objetivo; Acabar con la vida que se encontraba en el vientre de ella.
Ya ni siquiera el puñal caía en algún otro lugar de su cuerpo. Todo en él estaba cubierto por laceraciones, pero incluso así, ella aún seguía retorciéndose en el suelo. En vano ella había intentado arañarlo con espinas de rosas, quemar sus vendas con el calor del sol, incluso intento ahogarlo reduciendo el oxígeno del aire, pero solo logró que las vendas que cubrían todo su gran cuerpo tuvieran daños menores. Y claro, ella no había nacido para ocasionar daño, todo lo contrario, debia crear vida.
Cuando todo el puñal volvió a incrustarse en el corazón, Nessa con sangre repartida por su rostro, lo miraba con odio. La resistencia de ella impresionó al gran dios. Dejó el arma en el corazón, esperando a que lo peor pasara —Que ella lograra dar a luz— Pero el acto se vio interrumpido por la Diosa de los dioses que con un gran golpe a la puerta avisó su llegada.
— ¡¿Que has hecho?! — Corrió hacia él y le propinó una gran cachetada.
Aunque Khaz era mucho más grande y fuerte que ella, la cachetada logro moverle la cabeza de su punto inicial, el dios, solo apretó la mandíbula al punto de sentir que sus dientes colapsarían.
—Oh...Por todos los dioses —Los ojos de Louisa se llenaron de lágrimas y se arrodilló sin importarle que las innumerables capas de su gran y hermoso vestido celeste plata se manchara de la sangre dorada de su vieja amiga y sacó el puñal que aun estaba clavado en el pecho.
Khaz cuando se aseguró que la diosa había muerto, caminó hacia la salida con los puños apretados por la previa humillación. Él sabía que jamás podría contra su madre, pero también sabía que el sufrimiento que le causo a aquella chica le costaría años de sufrimiento o quizás algo peor. Sin embargo, no se arrepentía en los más mínimo, en más, gozó cada segundo en el que el puñal atravesaba el cuerpo de ella.
Una lagrima contenida por la rabia, dolor y tristeza cayó por la mejilla de Louisa. Comenzó a acunar la cabeza inerte de su mejor amiga, mientras los recuerdos de milenios unidas se prendían como pequeños destellos en su memoria.
La diosa de dioses estaba al tanto del deseo de Nessa, ella jamás dejaba de hablar sobre lo mucho que quería cargar a criaturas en su pecho, pero que aún no encontraba al hombre indicado, pero cuando aquel hombre se presentó en su vida, olvidó todo lo racional.
Louisa supo que algo andaba mal con Nessa cuando las plantas comenzaron a marchitarse, cuando el sol comenzó a esconderse y la luna no se hacía presente, cuando el aire en la pandemónium comenzaba a volverse pesado. Las amenazas de Khaz se hicieron presentes en su mente, había corrido con todas sus fuerzas para llegar acá, pero sus miedos se hiceron reales al encontrarse con esta escena; Nessa semidesnuda, con la garganta degollada, y miles apuñaladas en su cuerpo que provoco el charco de sangre dorada ya que abrigaba su pálido cuerpo.
Sus manos se contrajeron con rabia, no solo porque había llegado tarde, sino porque jamás pudo realizar su sueño. Ella lo había dado todo, inclusive su vida, lo considerado más puro en el reino de los dioses, solo para terminar así.
Apretó sus rodillas mientras miraba como sus lágrimas se mezclaban con la sangre del suelo marmoleado, ella estaba tan sumida en sus pensamientos, incluso en duelo debia planear cual sería el siguiente paso.
¿Qué pasaría ahora que la Diosa de la vida ya no estaba viva?
Su llanto comenzó a mezclarse con otro llanto chillón. Una broma que su mente comenzaba a jugarle de forma descarada.
El llanto comenzó a volverse más chillón, podría jurar que se duplicaron. Tapó sus oídos con angustia mientras sus ojos permanecían húmedos y cerrados, le suplicaba a su mente que se callara. Sin obedecer sus órdenes el ruido seguía más fuerte y constante que nunca. No ayudaba a que sus pensamientos se ordenaran.
¿Qué haría ahora?
Con Nessa muerta, el don de mantener al pandemónium con vida era aún más complicado. Sin mortales, no habría reino de dioses, no habría almas, los todopoderosos no tendrían a quien dirigir.
Todo llegaría a su fin.
—¡Cállate! —Gritó abriendo los ojos
Lo que vio la dejó con lágrimas a medio salir de sus ojos, perpleja miró a dos neonatos desnudos que yacían al costado del cuerpo de la hermosa mujer; Uno de ellos muy cerca de la cabeza y el otro muy cerca de su torso que se encontraba sosteniendo pedazo de la tela del vestido blanco —ya dorado por la sangre— que cubria la menor parte de su cuerpo.
El deseo de Nessa de alguna forma se había cumplido, logró concebir a mellizos.
Las lágrimas en el rostro de Louisa cesaron, y las otras comenzaron a secarse acunó a ambos niños en sus brazos, el resto del trabajo se lo dejó a sus almas pecadoras. Estas recogieron el cuerpo y otras limpiaron el lugar.
Recorrió los pasillos, del palacio de Nessa y al salir de este noto la falta de ella, los pasajes se habían oscurecido al igual que el cielo y junto con eso su flora, tornándola gris. La luz que Nessa solía ofrecer al reino completo ya no estaba.
Cruzó los pasajes cubriendo a los recién nacidos con parte de la tela de su vestido, estos continuaban llorando, sin comprender que era lo que había ocurrido a su alrededor.
Recuperó el aire al llegar a su palacio, el mas majestuoso de todo el paraíso. Acurrucó a ambos niños en nubes que las almas esponjaron con cuidado para ambos niños. Uno al sentir la nube soltó un suspiro de satisfacción y el otro de cansancio por llorar hasta agotar su aire.