Rune: el semidiós del amor

(2) SIN TU PERMISO

El sonido de los zapatos que rondaban desesperados me avisó que la ceremonia estaba a punto de comenzar. Los carruajes de los invitados ya habían llegado y, por primera vez, el portón mantendría sus puertas abiertas toda la noche.

Lily arreglaba los últimos detalles de mi cabello, dejándolo en un perfecto moño cobrizo atado por una trenza.

—Es curioso que ahora la reina quiera un baile para su cumpleaños —comentó Miriam, mientras buscaba cualquier error en mi vestuario.

—Quiere elegir pretendientes —respondí, mirándome al espejo y tocando mi abdomen cubierto por las telas.

Fiona y Miriam se miraron emocionadas.

—Uhh —Fiona sonrió, juguetona—. ¿Habla de chicos guapos, como príncipes?

Lily soltó una risa contenida y negué con la cabeza.

—Mi madre no elegirá a los guapos. Serán ricos, y sus títulos serán más interesantes que su personalidad —dije, resignada.

Tras mi respuesta, el ambiente se tornó silencioso, aunque no incómodo.

No dejé de mirarme al espejo. No era que no me considerara agraciada, sino que algo en mí reflejaba debilidad. No sabía si era por el vestido pálido, tan distinto a los tonos oscuros de mi madre, o por mi edad.

A veces anhelaba mostrarme como alguien desalmado, sin odiarme en el proceso. Me preguntaba cómo se sentiría ser como mi madre, que con una sola mirada dejaba en alto el poder que tenía sobre la corona, sin embargo, yo no quería ni pretendía tener ese poder. Temía que continuar el legado como mi madre lo hacía me convirtiera en algo que ni yo misma podría reconocer frente al espejo.

—Listo, su alteza. —Lily alisó el vestido con las manos—. Se ve radiante

La tiara que estaba lista para encandilar a los invitados, el corsé que ocasionaba que mi respiración se viera limitada, y los guantes que ayudarían a evitar el contacto directo al bailar, todo estaban en su lugar.

Dos de las doncellas se repartieron la puerta, cada una con un pomo en mano, lo giraron para dejarme llegar al pasillo, lo recorrí lentamente, cada paso era más difícil de dar, como si el suelo se volviera cada vez más pegajoso.

Al llegar a la puerta que daba al balcón que se conectaba con el salón de baile, tomé una gran bocanada de aire y lo solté lento cuando comenzaron con mi presentación.

—¡Su alteza real, la princesa Cyra Montclair! —El heraldo con una voz potente anunció mi llegada desde el otro lado.

Sonreí de forma discreta mientras las puertas se abrían. La orquesta había dejado de sonar, y el público guardó silencio para comenzar a inclinarse ante mí.

El centro de mi atención estaba puesto en el fondo del salón, en el estrado en donde mi madre se encontraba, ambas nos mirábamos sin pestañar, pero en la suya solo estaba atenta a cada error que pudiera cometer.

Doble a la derecha luego de unos segundos para descender por la gran escarlatina, el sonido de mis tacones era lo único que resonaba en el salón.

Al llegar abajo el sonido del violín poco a poco retomó la presencia y el lord regente de Lorat se encontraba al final de las escarlatina, con la mano en alto esperando el tacto de la mía, dude en aceptarla, no creía que él era uno de los elegidos para bailar conmigo, pero la mirada de mi madre confirmo que si lo era.

Cuando sostuvo mi mano, hizo una pequeña inclinación, enseguida unos dientes envejecidos se asomaron acompañados de una sonrisa que me sumó inquietud, sonreí sintiendo el peso de las miradas.

Cuando todo el público se había esparcido dejando un gran espacio en el centro del salón para nosotros, sentí el peso de su mano derecha en mi espalda alta ocasionando un ligero escalofrió. Por consecuencia tuve que posar mi mano izquierda cerca de su hombro. El violín pronto se fundió con los demás instrumentos formando una hermosa melodía, una que no acompañaba el momento.

—Feliz cumpleaños, alteza —Dijo luego de dar el primer paso iniciando el vals.

Me limite a mostrar una pequeña sonrisa como agradecimiento. Mi gran vestido saludaba a todos las personas que formaban el circulo cada vez que daba una vuelta, el vals era lento, algo que potenciaba la incomodidad de la situación.

—Me enteré que está en busca de un cónyuge —Levantó su brazo para que yo girara en el lugar —. Créame que soy la mejor opción.

—¿Por qué esta tan seguro mi lord? —Mi sonrisa tembló—. El baile esta recién comenzando,

El soltó una sonrisa torcida.

—Cuando quiero algo, no tardo en conseguirlo, princesa.

Intenté sonreír para controlar la incomodidad, pero cuando su aliento llego a mi nariz mi sonrisa ni siquiera lo intentó. Al parecer había comido una pastilla de menta antes del vals; el intento por apaciguar el mal olor de su aliento fue una malísima idea. Una mezcla de menta y chocolate rancio salía por su boca cada vez que pronunciaba una palabra. Mis nauseas por toda esta situación aumentaban.

Cuando la melodía y el poco contacto que había entre Adris y yo cesó, mi angustia también lo hizo. El hizo una reverencia la terminar, y otro hombre se acercó. Principe de Oblyvion, Kris. A comparación del primero este si tuvo el valor de acercarse de forma educada.

—¿Me concede este Vals, su alteza? —Tendió su mano y sin pensarlo dos veces, yo la acepte.

La posición inicial esta vez no fue incomoda, su piel oliva y su cabello castaño era mas llamativa que las canas de Adris.

—¿Quién diría que conoceríamos a la princesa heredera a sus diecinueve años? —Dejo ver su sonrisa brillante—. Por cierto, el rosa le sienta muy bien.

Sentí mis mejillas un poco más cálidas.

—Gracias —Le devolví la sonrisa.

—Usted y la reina son como dos gotas de agua.

—Lo sé, pero no se lo digas. Ella te odiaría de por vida.

El soltó una carcajada cálida.

Al parecer Miriam si tenía razón, era un chico guapo y amable, quizás me equivoqué respecto a mi madre.

Luego del vals con Kris, las personas comenzaron a bailar y ocupar todo el espacio, tomé un tiempo para tomar algo de champagne y recuperarme de las vueltas. Nunca creí que asistirían tantas personas, pero la mayoría jamás las había visto antes, solo las conocía por las clases de política que tome hace un tiempo, pero ninguna olvido saludarme por mi cumpleaños.



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En el texto hay: don, heredera, dioses

Editado: 17.02.2026

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