Rune: el semidiós del amor

(3) TU POSESIÓN, MI ELECCIÓN

No había logrado dormir lo suficiente. El aire de mi habitación estaba cargado de preguntas que me habían llevado a la cama: la imagen del chico en el jardín y la ceremonia de mi cumpleaños. Todo parecía irreal, pero no en el buen sentido.

El chillido de la puerta interrumpió mis pensamientos.

—Buenos días, Alteza —Dijo la primera doncella en entrar y abrió las cortinas de todo el lugar, dando comienzo a un nuevo dia.

Me senté a la orilla de la cama y logré ver como las otras dos doncellas vestidas con su típico vestido negro y delantal blanco cruzaban la habitación.

Miriam me tendió una bata y la ajustó de inmediato a mi cintura. Fiona, por su parte, preparó una pequeña fuente con agua tibia. Me situé frente a ella y, con delicadeza, comenzó a pasarme una esponja suave por el cuello y la cara.

Como si fuera una muñeca de porcelana, comenzaron a ponerme las capas del vestido. Sentí cómo mi cuerpo se levantaba de golpe cuando el corsé comprimió con fuerza mi figura; la enagua blanca bajó por mi piel y la crinolina dio forma al gran vestido rosa que vino después. Para finalizar, me recogieron el pelo en el tomate que ya se sabían de memoria, dejando que el collar de perlas tomara protagonismo en mi cuello. Lily fue la última en entrar, trayendo con ella, té, pan y mermelada en una bandeja de plata.

Ese día desperté con un ánimo que no fue acorde con lo vivido el día anterior. Intenté que este día comenzara de forma optimista, algo que no logró durar más de media hora.

—Hoy Lord Adris vendrá a verla, Su Alteza —dijo.

Tragué el último bocado de pan como si fuera arena

♛♛♛

Mi espalda baja había comenzado a doler por el tiempo que llevaba sentada pintando el cuadro. Las acuarelas, esparcidas por el lugar, pero perfectamente distribuidas eran un arte en sí mismas.

Reflet de la lune

Era el nombre del cuadro nació como un destello, incluso antes de tener claro qué pintaría, pero sabía que el chico de anoche iba a ser el protagonista.

Poco a poco su silueta iba tomando forma. Era difícil recordar algo a la perfección y mucho más cuando solo algunas partes de su cuerpo recibían luz. Aunque intentaba romperme la cabeza con detalles, todo seguía muy difuso.

—Su Alteza, el Lord Regente de Lorat ha llegado —avisó Lily, forzándome a dejar el cuadro incompleto

Con desdén retiré el delantal manchado con el óleo y comencé a ordenar mi espacio como si no supiera que luego las demás lo dejarían como nuevo.

¿Si me lanzaba por esa ventana moriría?

Suspiré antes de arrastrar mis pies hacia la puerta. No me esperaba nada lindo en ese lugar. Lily me acompañó en todo el camino hasta llegar al salón de té. Cuando entré en el lugar, ella se quedó junto la puerta.

Al entrar, la figura de mi madre sentada en las sombras con su mirada inexpresiva fue lo primero que llamó mi atención. Luego, Adris de pie frente al gran sillón, expectante.

—Buenas tardes, Princesa —saludó, inclinándose.

También me incliné. Su mirada me aplastaba, transformándome en algo pequeño. Su presencia era tan abrumadora que me erguí, intentando disipar aquel peso.

—Buenas tardes, mi lord.

Frente a mi madre mantenía una cortesía impecable. Conmigo, en cambio, no perdió tiempo en preguntas. Como si el suyo valiera más que el mío, habló:

—Imagino que usted ya sabe por qué estoy hoy aquí—se acercó a mí y su rancio perfume llenó mis fosas nasales—. Con el consentimiento de Su Majestad, solicito humildemente la mano de Su Alteza.

Incluso aunque ya sabía que eso pasaría, por el gran discurso de mi madre. Anoche había repetido esas palabras en mi mente para no derrumbarme enfrente de ellos. Sin embargo, aunque procuré que mi imaginación fuera cruda nada se comparó con lo vivido.

Mi garganta se cerró en ese mismo instante y mis piernas comenzaron a amenazarme con pequeños temblores suplicando que corriera lejos de ahí.

Misericordia...

Creí que lo peor ya había pasado hasta que comenzó a arrodillarse, sacando un anillo de plata de su bolsillo, en eso, no pude evitar mirar a mi madre, casi implorando su ayuda, una que jamás llegó.

"¿Crees que tienes la opción de elegir?"

Sus palabras resonaron en mi mente y mi sonrisa se tambaleó, las palabras no conseguían salir de mi boca.

Aunque ella esperaba una respuesta acorde a una princesa. A su hija.

No logré gesticular nada y, con un pobre movimiento de cabeza, acepté.

No tuve claridad para preguntarme si mi silencio era rebeldía o cobardía, y temía que esta última fuera la raíz de mi incompetencia.

El hombre miró a mi madre hasta que ella diera su aprobación, y en cuanto mi madre asintió, este se levantó satisfecho. Antes de ponerme el anillo en el dedo procuró que el polvo del suelo no estuviera entre su rodillas, sacudiendo sus pantalones.

En cuanto la escena terminó y ya no había nada más que decir, mi madre se levantó y se fue sin añadir palabra.

—Será la boda más grande del año.

Tragué para evitar que el almuerzo regresara y asentí.

—Lo será.

El dio una reverencia para luego salir por la puerta y yo quedé ahí, sintiéndome en la mismísima miseria, en el puesto que cualquier heredero al trono anhelaba; matrimonio asegurado.

♛♛♛

Mi mente repasó el desagradable momento hasta que el sol comenzó a esconderse. Anna, la madre de Lily entró por la puerta, pero no logré ver la bandeja de plata ni algo para cenar.

—Buenas tardes, Alteza. Su madre quiere cenar hoy con usted.

Mis ojos brillaron, me levanté de la cama e, insegura, di un paso hacia adelante.

—¿Ella... dijo eso?

Anna asintió en respuesta.

Desde que mi padre había muerto, ella ya no era acompañada por nadie mientras comía, solo por las doncellas de confianza, como Anna que solo cumplían con la labor de estar a su servicio.

Las ocasiones en las que fui invitada podía contarla con los dedos.



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En el texto hay: don, heredera, dioses

Editado: 17.02.2026

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