Salvando A Mi Ángel

Prologo

Los arboles pasando por la ventana del auto que conducía mi madre en un día sombrío y frio era así como me sentía en este momento, después de pasar todo lo que viví en estos últimos meses. Aquel hombre que me secuestro y me tuvo prisionera durante mucho tiempo. Aún recuerdo la primera vez que lo vi era alguien imponente, su mirada fría como este día y ese cabello negro revuelto con sus manos con algo de cera para el cabello.

Me miraba como si fuera su posesión más valiosa que tenía, cuando tenía el mundo a sus pies, parecía ser siempre distante, pero era respetado por todos los que lo conocían le, tenían un aprecio y lealtad a ciegas y yo. Lo recuerdo bien su trato conmigo era diferente, como si tuviera miedo de lastimarme o alejarme de su lado.

–Estas bien hija –la voz de mi madre me saca de mis pensamientos.

Asiento –sí, solo… pensaba en todo lo que paso.

–Nada de esto fue tu culpa. Solo fuiste una víctima del capricho de dos hombres obsesionados. Cariño. –dice mi madre.

–Logan, no parecía estar obsesionado conmigo mamá –respondo.

–Te secuestro hija. Te tuvo cautiva mucho tiempo y casi mueres por su culpa –reprocho mi mamá.

–Él siempre me protegió y nos dio libertades mamá. Sé que Logan es un hombre bueno. Me lo dice el corazón –respondo con la mano en el pecho.

–Si es así porque no te dijo nada cuando nos fuimos de la hacienda. Cuando pediste una explicación y solo beso tu mano y se marchó –contesto mi mamá.

–Mamá todo lo que se es… –bajo los hombros y mirada –le creo cuando mi dijo que me protegería y que era por mi bien.

–Está bien hija, pero… –hace una pausa –hay que olvidarnos de lo que paso. Tu nueva vida te espera.

Mi madre acelera un poco continuando nuestro viaje llegando finalmente hasta el convento su arquitectura tradicional es hermosa en lo alto de la entrada tiene dos ángeles tallados en piedra. Bajo del auto siendo golpeada por el frio del día y la brisa sacude mi cabello.

–Hija ven ayúdame –llama mi mamá.

Me acerco a la cajuela del auto sacando mi maleta jalando de la barra camino hasta delante del gran portón de madera. A pesar de que estoy aquí en el lugar donde siempre quise estar desde pequeña, siento que mi corazón se encuentra en otro lado.

–Vamos hija –dice mi madre con su mano en mi hombro.

Asiento. En compañía de mi mamá entramos por las grandes puestas de madera y miro un hermoso jardín verde muy bien cuidado las flores, los caminos de piedra que guían hasta la fuente de agua donde hay otra escultura que por la forma de sus manos de donde cae el agua debe ser Juan el Bautista siego caminando con mi madre por pasillo, muchas novicias caminan por todo el lugar y otras se encuentran dentro de las aulas.

Nos encontramos con una de las hermanas del lugar puesto los hábitos religiosos, usando unos lentes con cordón, su rostro es suave asumo que debe tener unos treinta años.

–Usted debe ser la señora Magdalena –mira a mi madre y luego a mí –y tú la nueva novicia Ester. –asiento.

–Buenas tardes hermana –saludo al igual que mi madre.

–Por favor síganme la madre superiora las espera en la oficina –dice dándose media vuelta caminando.

La seguimos por el pasillo hasta fondo donde encontramos una puerta de madera de roble la hermana llama a la puerta pidió permiso.

–Adelante –escucho una voz suave, pero ya mayor.

La hermana abre la puerta –madre superiora, la nueva novicia acaba de llegar junto a su madre.

La madre superiora una señora de edad avanzada con hábitos de negro y blanco porta también unos lentos del mismo estilo que la hermana que nos trajo junto a ella.

–Gracias hija, puedes regresar a sus tareas –dice la madre superiora y su voz de cerca es más suave y delicado como si hablara un ángel.

–Permiso madre –sale la hermana.

–¡Por favor! Tomen asiento. –apoya sus manos sobre su escritorio con una sonrisa –tu eres Ester Guerrero –asiento –tengo entendido, que tu debías estar aquí desde hace cinco meses –indaga la madre superiora.

–Ocurrió un problema madre superiora –interviene mi madre.

–Lo sé. Las novicias que llegaron ese día me informaron sobre lo ocurrido. Unos hombres interceptaron el bus que las traían y obligaron a su hija a bajar e irse con ellos. –habla la madre superiora.

–Madre superiora, le puedo asegurar que las personas con quienes estuve ese tiempo fueron muy amables conmigo y mi madre…

–Su madre también estuvo ahí –cuestiona la madre superiora.

Mi madre asiente –le aseguro que nos trataron con respeto.

–Entonces ¿Por qué las secuestraron? –vuelve a preguntar.

–No lo sabemos. Hace unos días aquel hombre nos liberó a mí y mi hija –pone su mano en mi hombro –ahora está aquí para seguir su camino.

–Si es así entonces. Bienvenida hija –dice la madre superiora –toma –me entrega una llave con un numero en el llavero –tu habitación está en la segunda ala del convento. Alista tus cosas. Te esperamos a la hora de la cena para tu presentación ante la congregación.




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