Sangre y Promesas

Capítulo 7: La traición más cercana

No todas las traiciones duelen igual.

Algunas… no avisan.

Se esconden en las miradas conocidas.

En las voces que alguna vez te protegieron.

Y cuando llegan…

No dejan nada en pie.

El silencio dentro del refugio se volvió insoportable después de la llamada.

Elena no se movió.

No habló.

Pero algo dentro de ella… se había apagado.

No era debilidad.

Era el final de una ilusión.

Alekséi la observaba sin intervenir. Sabía que ese momento no podía romperse con palabras. Porque lo que estaba cayendo… no era una emoción pasajera.

Era una estructura entera.

—¿Quién más lo sabe? —preguntó ella finalmente, con una calma que no era natural.

Alekséi no dudó.

—Todos los que importan.

Elena asintió apenas.

—Entonces no tengo aliados.

—Eso no es cierto —respondió él.

Ella lo miró.

Y en esa mirada… no había confianza.

Solo una verdad incómoda.

—Vos no sos mi aliado —dijo—. Sos parte del problema.

Alekséi no se ofendió.

No reaccionó.

—Tal vez —respondió—. Pero ahora… también soy tu única opción.

Silencio.

Pesado.

Irrefutable.

Elena caminó lentamente por la habitación. Cada paso era medido, controlado, como si necesitara reorganizar todo lo que quedaba dentro suyo.

—Si él dio la orden… alguien la va a ejecutar —murmuró.

Alekséi asintió.

—Ya está en camino.

Elena se detuvo.

—¿Quién?

Esa pregunta…

Esa simple palabra…

Fue la más peligrosa de todas.

Porque Alekséi no respondió de inmediato.

Y ese silencio…

Lo dijo todo.

Elena giró lentamente.

—Decilo.

Él sostuvo su mirada.

Y entonces…

—Dmitri.

El nombre cayó como un disparo.

Seco.

Brutal.

Irreversible.

Elena no reaccionó al instante.

Su cuerpo se tensó.

Su respiración se cortó.

Pero su rostro…

Se mantuvo inmóvil.

—No —dijo en voz baja.

Pero no fue una negación firme.

Fue una súplica disfrazada.

Alekséi no suavizó nada.

—Es el mejor hombre de tu padre —dijo—. El único en quien confía para esto.

Elena cerró los ojos un segundo.

Y en ese segundo…

Recordó.

Las risas.

Las enseñanzas.

Las veces que Dmitri la había protegido cuando era niña.

Las veces que la había llamado “маленькая волчица”… pequeña loba.

Las veces que le había prometido que nadie la tocaría mientras él estuviera cerca.

Y ahora…

Él venía a matarla.

Elena abrió los ojos.

Y cuando lo hizo…

Algo había cambiado.

No había lágrimas.

No había quiebre.

Solo hielo.

—¿Cuánto tiempo? —preguntó.

—Horas —respondió Alekséi—. Tal vez menos.

Elena asintió.

—Entonces no tenemos tiempo para dudar.

Alekséi la observó.

Más atento que nunca.

Porque lo que veía…

No era una víctima.

Era una transformación.

—¿Qué vas a hacer? —preguntó.

Elena lo miró.

Directo.

Sin titubear.

—Lo voy a enfrentar.

Alekséi negó con la cabeza.

—No es buena idea.

—No es una opción —replicó ella—. Si viene por mí… no voy a esconderme.

Silencio.

Pero esta vez…

No era duda.

Era determinación.

—Dmitri no va a dudar —añadió Alekséi—. Si tiene la orden… la va a cumplir.

Elena apretó la mandíbula.

—Entonces va a tener que matarme mirándome a los ojos.

El aire se volvió más pesado.

Más real.

Más peligroso.

Alekséi dio un paso hacia ella.

—Y si no podés hacerlo vos… lo voy a hacer yo —dijo con firmeza.

Error.

Grave error.

Elena reaccionó de inmediato.

—No —susurró, pero con una intensidad que cortó el aire—. Nadie lo toca.

Alekséi la miró.

—Viene a matarte.

—Lo sé.

—Entonces—

—Entonces es mío —lo interrumpió ella.

Silencio.

Pero esta vez…

Era una línea trazada.

Clara.

Irrompible.

Alekséi la sostuvo con la mirada.

Y por primera vez…

No discutió.

Porque entendió.

No era solo orgullo.

No era solo historia.

Era algo más profundo.

Un vínculo.

Uno que no se rompe…

Ni siquiera con una traición.

—Está bien —dijo finalmente—. Pero no vas a estar sola.

Elena lo miró.

—No confío en vos.

—No tenés que hacerlo —respondió él—. Solo no te voy a dejar morir.

Las palabras quedaron entre ellos.

Pesadas.

Sinceras.

Peligrosas.

Y por primera vez…

Elena no respondió.

Porque una parte de ella…

Quería creerle.

Y eso…

Era el verdadero riesgo.

Un sonido interrumpió el momento.

Leve.

Pero claro.

Un motor.

Afuera.

Cercano.

Demasiado cercano.

Ambos giraron al mismo tiempo.

Instinto.

Entrenamiento.

Destino.

Alekséi apagó las luces.

El lugar quedó en penumbra.

—Llegó —murmuró.

Elena no se movió.

No retrocedió.

No dudó.

Solo respiró profundo.

Y avanzó hacia la puerta.

Porque algunas batallas…

No se evitan.

Se enfrentan.

Y algunas traiciones…

No se perdonan.

Se terminan.

Pero lo que Elena aún no sabía…

Era que Dmitri no venía solo.

Y que la decisión que estaba a punto de tomar…

No solo definiría su destino.

Sino también…

El de Alekséi.

Continuará…

Porque en el próximo capítulo…

Elena se enfrentará cara a cara con su pasado…

Y descubrirá que no todas las lealtades mueren…

Algunas… cambian de forma.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.