Sangre y Promesas

Capítulo 14: Lo que no dijiste

El peligro no siempre viene de afuera.

A veces…

Viaja a tu lado.

En silencio.

Esperando el momento exacto para revelarse.

El motor rugía mientras el vehículo cortaba la noche como una bala. La lluvia golpeaba el parabrisas con furia, distorsionando las luces de la ciudad en manchas irreales, como si todo lo que acababan de vivir no hubiera sido suficiente… como si la realidad misma necesitara deshacerse.

Elena no hablaba.

No miraba.

No respiraba de más.

Pero pensaba.

Demasiado.

Y eso…

Era peligroso.

Alekséi conducía con precisión quirúrgica, sin dudar, sin mirar atrás, sin mostrar una sola grieta.

Pero Elena ya había aprendido algo.

Las grietas en él…

No se veían.

Se sentían.

Y ahora mismo…

Estaban ahí.

—¿Desde cuándo? —preguntó de pronto.

La voz le salió más firme de lo que se sentía.

Alekséi no respondió.

Error.

Grave error.

—No te hagas el sordo —añadió—. El auto. La salida. El “plan B”.

Silencio.

El sonido del motor llenó el espacio entre ellos.

Pesado.

Denso.

Cargado.

—¿Desde cuándo sabías que nos iban a cerrar? —insistió.

Alekséi exhaló lentamente.

—Desde que vimos el teléfono.

—No.

Elena giró hacia él.

Su mirada lo atravesó.

—Eso no alcanza para armar todo esto.

Otro silencio.

Más largo.

Más peligroso.

—Decime la verdad —susurró.

Alekséi apretó el volante.

Un gesto mínimo.

Pero suficiente.

—Siempre tengo una segunda salida —dijo finalmente.

—Eso no es una respuesta.

—Es la única que vas a tener.

Error.

Grave error.

Elena sintió cómo la ira le subía por el pecho.

No por lo que decía.

Por lo que no decía.

—Me estás usando —murmuró.

Alekséi frenó de golpe.

El auto se detuvo en una calle vacía, rodeada de edificios abandonados.

El silencio que siguió…

Fue absoluto.

Él giró hacia ella.

Lento.

Controlado.

Peligroso.

—No —dijo.

Una sola palabra.

Pero cargada de algo más.

Algo que Elena no esperaba.

—Entonces decime qué está pasando —exigió.

Alekséi la observó.

Y por un segundo…

Vaciló.

Solo uno.

Pero Elena lo vio.

Y eso…

Lo cambió todo.

—No puedo —respondió.

Error.

Grave error.

Elena se apartó como si la hubiera golpeado.

—Claro que podés.

—No.

Su voz fue más dura ahora.

Más firme.

—No debo.

Silencio.

Pero esta vez…

Era distinto.

No era tensión.

Era ruptura.

—Entonces sí me estás usando —dijo ella.

No fue una acusación.

Fue una conclusión.

Alekséi negó con la cabeza.

—No todo gira alrededor de vos.

Error.

Grave error.

Porque esa frase…

Dolió más de lo que debería.

Elena apretó los puños.

—No. Pero todo esto… sí.

Señaló el auto.

La huida.

La guerra.

—Estoy en el centro de esto, Alekséi. No podés decidir qué sé y qué no.

Él la miró.

Y esta vez…

No esquivó.

—Si te digo lo que sé… no hay vuelta atrás.

Silencio.

Pesado.

Irreversible.

Elena lo sostuvo.

Sin dudar.

—Ya no hay vuelta atrás.

El aire cambió.

Otra vez.

Más frío.

Más real.

Alekséi bajó la mirada un segundo.

Como si estuviera midiendo el peso de lo que estaba a punto de decir.

Y luego…

La volvió a levantar.

—Nikolai no es el único que sabe de la lista.

Elena no se movió.

No reaccionó.

Pero por dentro…

Todo se tensó.

—¿Quién más?

Alekséi dudó.

Otra vez.

—Alguien dentro de mi círculo.

El impacto fue inmediato.

—¿Quién?

—No lo sé con certeza.

—¿Pero sospechás?

Silencio.

Y eso…

Fue suficiente.

—Decilo —insistió.

Alekséi apretó la mandíbula.

—Mi mano derecha.

Elena sintió el golpe.

—¿Estás hablando de Viktor?

Él no respondió.

Pero no hizo falta.

—Es imposible —dijo ella.

—Nada es imposible —replicó él—. No en este juego.

Elena negó con la cabeza.

—Si eso fuera cierto… ya estaríamos muertos.

—No —corrigió Alekséi—. Estaríamos exactamente donde él quiere.

Silencio.

Pero esta vez…

Era diferente.

Más oscuro.

Más profundo.

Porque la traición…

Ahora estaba dentro.

—¿Y qué tiene que ver eso conmigo? —preguntó Elena.

Alekséi la miró.

Directo.

Sin filtros.

—Todo.

Elena sintió un escalofrío.

—Explicá.

—Si alguien de mi círculo trabaja con Nikolai… entonces sabía que ibas a estar conmigo.

El aire se volvió más pesado.

—Y dejó que pase —añadió—. Porque sos la clave.

Silencio.

Pero esta vez…

Era aterrador.

—¿La clave de qué? —susurró ella.

Alekséi se inclinó apenas hacia ella.

Cerca.

Demasiado cerca.

—De la lista.

Elena sintió el impacto.

No como antes.

Más profundo.

Más personal.

—No tengo esa maldita lista.

—Lo sé.

—Entonces dejá de decirlo como si fuera cierto.

—Porque lo es.

Error.

Grave error.

Elena lo miró.

Furia.

Confusión.

Dolor.

Todo mezclado.

—¿Estás diciendo que miento?

Alekséi negó suavemente.

—Estoy diciendo que todavía no entendés.

El silencio volvió.

Y esta vez…

Pesó más que nunca.

—¿Entender qué?

Alekséi dudó.

Por última vez.

—Que la lista… no es un archivo.

Elena se quedó inmóvil.

—Entonces qué es.

Pausa.

Larga.

Tensa.

Irreversible.

—Es un código.

El mundo se detuvo.

—¿Un código?

Alekséi asintió.

—Fragmentado. Distribuido. Oculto.




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