Sangre y Promesas

Capítulo 21: El enemigo más cercano

No todos los enemigos llegan con armas.

Algunos…

Se sientan a tu lado.

Te miran a los ojos.

Y esperan…

El momento exacto para destruirte.

Oscuridad.

Total.

Absoluta.

Los disparos rompieron el silencio como relámpagos en una tormenta contenida. El eco rebotó en las paredes del pasaje, multiplicando el caos, volviendo imposible distinguir de dónde venía cada ataque.

Elena no pensó.

Se movió.

Instinto puro.

Se lanzó hacia un costado, arrastrando a Dmitri con ella mientras el metal detrás explotaba en chispas.

—¡Cubrite! —gritó Alekséi.

Su voz.

Siempre su voz.

Incluso en medio del caos…

Era ancla.

Error.

Grave error.

Porque confiar en eso…

La debilitaba.

Pero aun así…

No lo soltó.

—¡Por acá! —indicó él desde la oscuridad.

Elena se guió por el sonido, avanzando a ciegas, el arma firme, el pulso acelerado.

El mundo se redujo a eso.

Ruido.

Sombras.

Decisiones.

—¡A la derecha!

Giró.

Disparó.

Un cuerpo cayó.

O eso creyó.

Porque en la oscuridad…

Nada era seguro.

—¡Elena!

Lo encontró.

Apenas una silueta.

Pero suficiente.

Se acercó.

Demasiado rápido.

Demasiado cerca.

Y entonces—

Un brazo la atrapó.

La giró.

La empujó contra la pared.

El arma apuntando a su pecho.

Error.

Grave error.

Porque no era un enemigo.

Era Dmitri.

—¿Qué hacés? —gruñó ella.

Pero él no bajó el arma.

No todavía.

Silencio.

Pesado.

Peligroso.

—Decilo —murmuró él.

Elena lo miró.

Confusión.

Ira.

Algo más.

—¿De qué estás hablando?

—El nombre.

El aire se congeló.

Error.

Grave error.

Porque esa insistencia…

No era inocente.

No era casual.

Era… necesidad.

—No es el momento —intervino Alekséi, acercándose.

Pero Dmitri no lo miró.

No se movió.

—Ahora es el único momento —dijo.

Silencio.

Pero esta vez…

Era distinto.

Más afilado.

Más personal.

Elena sintió el cambio.

Esa vibración sutil.

Ese detalle que antes hubiera ignorado.

Pero ahora…

No podía.

Porque ahora sabía.

Porque ahora entendía.

Error.

Grave error.

—¿Por qué te importa tanto? —preguntó, más bajo.

Dmitri no respondió de inmediato.

Y ese silencio…

Dijo demasiado.

Alekséi dio un paso adelante.

—Bajá el arma.

—No —respondió Dmitri.

Directo.

Frío.

Irreversible.

El aire se volvió más pesado.

Más peligroso.

Más… real.

—Bajala —repitió Alekséi.

Pero esta vez…

Había algo en su voz.

Algo distinto.

Algo que no estaba antes.

Advertencia.

Dmitri lo miró.

Por primera vez.

Y en sus ojos…

Había algo que Elena no quería ver.

No otra vez.

—Siempre fuiste así —murmuró Dmitri—. Creyendo que podés controlarlo todo.

Silencio.

Pero esta vez…

Era historia.

Pasado.

Verdad.

—Y vos siempre fuiste el problema —respondió Alekséi.

Error.

Grave error.

Porque esa frase…

No era improvisada.

Era vieja.

Muy vieja.

Elena los observó.

Uno.

Luego el otro.

Y en ese instante…

Lo entendió.

No completamente.

Pero lo suficiente.

—Ustedes se conocían —dijo.

No fue una pregunta.

Fue una conclusión.

Silencio.

Pesado.

Irreversible.

—Mucho antes que yo —añadió.

Dmitri sonrió.

Pero no fue una sonrisa cálida.

Fue… amarga.

—Siempre tan rápida —murmuró.

Alekséi no dijo nada.

Error.

Grave error.

Porque ese silencio…

Confirmaba todo.

Elena sintió el golpe.

Más fuerte que cualquier bala.

—¿Desde cuándo?

—Desde antes de que tu padre muriera —respondió Dmitri.

El mundo volvió a romperse.

Otra vez.

Pero esta vez…

Diferente.

Más profundo.

Más… personal.

—¿Trabajaban juntos?

—No exactamente —dijo Dmitri.

—Entonces qué.

Silencio.

Pausa.

Irreversible.

—Éramos parte del mismo sistema.

El aire se volvió hielo.

Error.

Grave error.

Porque eso…

Cambiaba todo.

—¿Qué sistema? —susurró Elena.

Alekséi cerró los ojos un segundo.

Solo uno.

Pero cuando los abrió…

Ya no había escapatoria.

—El que creó tu padre.

Silencio.

Total.

Brutal.

Definitivo.

—No…

Pero la negación…

No alcanzó.

No esta vez.

—Vos no entraste en esto por accidente —continuó Dmitri—. Vos naciste en esto.

Elena retrocedió.

Un paso.

Luego otro.

El arma…

Tembló apenas.

—Y ustedes…

Los miró.

A ambos.

—¿Qué eran?

Silencio.

Pero esta vez…

No era duda.

Era miedo.

Alekséi habló primero.

—Soldados.

Dmitri negó suavemente.

—No.

Pausa.

Lenta.

Letal.

—Guardianes.

El impacto fue total.

Porque esa palabra…

No era casual.

Era estructura.

Era diseño.

Era… destino.

—¿Guardianes de qué?

El silencio cayó.

Pesado.

Irreversible.

Y entonces—

Dmitri bajó el arma.

Por fin.

Pero no fue alivio.

Fue algo peor.

—De vos.

El mundo se detuvo.

Otra vez.

Pero esta vez…

No hubo regreso.

Porque todo…

Encajó.

Las decisiones.

Las mentiras.

La protección.

El control.

Todo.

—Nunca fui libre —murmuró Elena.

No fue una pregunta.

Fue una verdad.

Alekséi dio un paso hacia ella.

—Ahora lo sos.

Error.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.