Sangre y Promesas

Capítulo 22: Lo que te hicieron ser

No elegís en qué mundo nacés.

Pero sí…

En qué monstruo te convertís.

La luz al fondo del pasaje no iluminaba.

Revelaba.

Nikolai permanecía inmóvil, como si el caos anterior no hubiera existido, como si todo hubiera sido exactamente como lo había planeado.

Porque lo había sido.

Error.

Grave error.

Elena lo entendió en ese instante.

Cada paso.

Cada herida.

Cada decisión.

No eran accidentes.

Eran caminos diseñados.

—¿Listos para qué? —preguntó, sin bajar el arma.

Su voz ya no temblaba.

Había cambiado.

Otra vez.

Nikolai sonrió.

—Para dejar de mentirse.

Silencio.

Pesado.

Irreversible.

Alekséi dio un paso adelante.

—Terminá con esto.

—Ya terminé —respondió Nikolai—. Ahora empieza lo interesante.

Error.

Grave error.

Porque esa frase…

Nunca era casual.

—Explicá —ordenó Elena.

No fue una súplica.

Fue una exigencia.

Y esta vez…

Nikolai no la esquivó.

—Los guardianes no son lo que creés —dijo, mirando primero a Alekséi, luego a Dmitri—. No están para protegerte.

Pausa.

Lenta.

Letal.

—Están para controlarte.

El aire se volvió hielo.

Elena no reaccionó.

No externamente.

Pero por dentro…

Todo se tensó.

—Eso no es cierto —gruñó Alekséi.

—¿No? —replicó Nikolai—. Entonces decile la verdad.

Silencio.

Pesado.

Peligroso.

Alekséi no habló.

Error.

Grave error.

Porque ese silencio…

Ya no protegía.

Confirmaba.

Elena lo miró.

Y esta vez…

No hubo duda.

—Decilo —murmuró.

No gritó.

No necesitó hacerlo.

Alekséi la sostuvo.

Directo.

Intenso.

Y por primera vez…

No buscó escapar.

—No solo te protegíamos —dijo—. Te vigilábamos.

El golpe fue limpio.

Preciso.

Irreversible.

—¿Desde cuándo?

—Desde siempre.

Silencio.

Total.

Definitivo.

Elena sintió el vacío abrirse bajo sus pies.

No físico.

Algo más profundo.

Más real.

—Cada decisión que tomabas… —añadió Dmitri—. Cada lugar al que ibas…

—Estábamos ahí —terminó Alekséi.

Error.

Grave error.

Porque esa confesión…

No dejaba nada en pie.

—Entonces nada fue mío —susurró Elena.

—No al principio —respondió él—. Pero después…

—Después qué —lo interrumpió.

Silencio.

Y eso…

Fue suficiente.

—Después también —dijo ella.

La verdad…

Dicha por fin.

Sin filtros.

Sin excusas.

Sin perdón.

El aire se tensó.

Más fuerte.

Más peligroso.

Más… real.

—Te mantuvimos con vida —insistió Alekséi.

—Me mantuvieron en una jaula —corrigió ella.

Silencio.

Pesado.

Irreversible.

Y entonces—

Nikolai aplaudió.

Lento.

Sarcástico.

—Hermoso —murmuró—. Exactamente lo que necesitaba.

Error.

Grave error.

Porque eso significaba…

Que esto también era parte de su plan.

—¿Qué ganás con esto? —preguntó Elena, girando hacia él.

Nikolai avanzó un paso.

—Liberarte.

Elena soltó una risa seca.

Sin humor.

Sin alivio.

—¿Liberarme?

—Sí —respondió—. Porque mientras ellos existan… nunca vas a ser dueña de lo que sos.

Silencio.

Pero esta vez…

Era tentación.

Peligrosa.

Letal.

—Mentís —dijo Alekséi.

—¿Seguro? —replicó Nikolai—. ¿O te conviene que no lo crea?

Error.

Grave error.

Porque esa duda…

Era suficiente.

Elena la sintió.

Y eso…

La enfureció.

—Basta —dijo.

Firme.

Fría.

Definitiva.

El silencio cayó.

Todos la miraron.

Incluso Nikolai.

—No soy tu arma —continuó—. No soy tu proyecto.

Miró a Alekséi.

Luego a Dmitri.

—Ni tu responsabilidad.

El aire cambió.

Otra vez.

Pero esta vez…

Era decisión.

Real.

Irreversible.

—Soy lo que elijo ser —añadió.

Error.

Grave error.

Porque esa afirmación…

Tenía consecuencias.

Y todos lo sabían.

Nikolai sonrió.

—Entonces elegí.

Pausa.

Lenta.

Cruel.

—Quedarte con ellos… o venir conmigo.

El mundo se detuvo.

Otra vez.

Pero esta vez…

Era elección pura.

Sin distracciones.

Sin excusas.

Solo dos caminos.

Elena no respondió.

No de inmediato.

Miró a Dmitri.

Su mirada.

Su historia.

Su traición.

Luego a Alekséi.

Su control.

Su silencio.

Su verdad a medias.

Error.

Grave error.

Porque en ambos…

Había algo roto.

Pero también…

Algo real.

—No elijo entre mentiras —dijo finalmente.

Silencio.

Pesado.

Irreversible.

Nikolai ladeó la cabeza.

—Entonces perdés.

—No —respondió ella—. Cambio las reglas.

El aire se volvió eléctrico.

Alekséi la observó.

Y sonrió apenas.

Orgullo.

Peligro.

Deseo.

Todo mezclado.

—Eso es nuevo —murmuró.

Error.

Grave error.

Porque Nikolai también lo sintió.

Y eso…

Lo hizo reaccionar.

Un gesto.

Y las sombras se movieron otra vez.

Armas levantándose.

Listas.

Preparadas.

Pero esta vez…

Elena no retrocedió.

No dudó.

No esperó.

Se movió primero.

Disparó.

Directo.

Preciso.

El caos volvió.

Pero distinto.

Porque esta vez…

No reaccionaba.

Elegía.

Y eso…

La hacía imparable.

Continuará…

Porque en el próximo capítulo…

Elena tomará el control de la situación…

Pero descubrirá que romper las reglas…

Puede despertar algo mucho peor que sus enemigos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.