Sangre y Promesas

Capítulo 24: La traición perfecta

La peor traición…

No es la que no ves venir.

Es la que confiabas…

Que nunca iba a ocurrir.

El silencio se volvió insoportable.

No por el ruido.

Por la verdad.

Viktor.

Ahí.

Frente a ellos.

Sin esconderse.

Sin mentir.

Sin necesidad de hacerlo ya.

Error.

Grave error.

Porque cuando alguien deja de ocultarse…

Es porque ya ganó.

—Bajá el arma —dijo Alekséi.

No fue una súplica.

Fue una orden.

Pero llegó tarde.

Demasiado tarde.

Viktor sonrió apenas.

Esa sonrisa conocida.

Familiar.

Ahora…

Irreconocible.

—Siempre tan directo —murmuró—. Es lo que más me gustaba de vos.

El aire se tensó.

Más fuerte.

Más peligroso.

Más… personal.

—¿Desde cuándo? —preguntó Alekséi.

Su voz…

Baja.

Controlada.

Pero cargada de algo más.

Algo que no se veía en él.

Nunca.

Dolor.

Viktor inclinó la cabeza.

Como si evaluara la pregunta.

Como si eligiera cuánto revelar.

—Desde antes de que confiaras en mí —respondió.

El golpe fue limpio.

Preciso.

Irreversible.

Silencio.

Total.

Elena no se movió.

No habló.

Pero dentro suyo…

Todo encajaba.

Las rutas.

Las decisiones.

Las fugas fallidas.

Las emboscadas perfectas.

—Fuiste vos —dijo.

No como duda.

Como sentencia.

Viktor la miró.

Y en sus ojos…

Había algo distinto.

Interés.

Real.

—Fui necesario —corrigió.

Error.

Grave error.

Porque esa justificación…

Nunca era suficiente.

—Nos vendiste —gruñó Dmitri.

—No —respondió Viktor—. Los usé.

Silencio.

Pesado.

Irreversible.

—Como todos —añadió—. Incluyéndote a vos.

Dmitri tensó el cuerpo.

Pero no respondió.

Error.

Grave error.

Porque ese silencio…

Seguía sumando verdades.

Alekséi dio un paso adelante.

—Esto termina ahora.

—No —replicó Viktor—. Esto recién empieza.

El aire cambió.

Otra vez.

Más oscuro.

Más profundo.

Más… inevitable.

—¿Qué querés? —preguntó Elena.

Viktor la observó.

Largo.

Detallado.

Como si la estuviera viendo por primera vez.

—A vos —dijo finalmente.

Silencio.

Total.

Definitivo.

Error.

Grave error.

Porque esa respuesta…

No era simple.

Era todo.

—No soy tuya —respondió ella.

—Todavía no —repitió él, casi idéntico a Nikolai.

Pero distinto.

Más frío.

Más calculado.

Más… real.

—Vos no querés la lista —continuó Elena—. Querés el sistema completo.

—Quiero lo que tu padre no pudo terminar —dijo Viktor—. Un control absoluto sin fisuras.

Pausa.

Lenta.

Letal.

—Y vos sos la clave.

Elena no reaccionó.

No externamente.

Pero su mente…

Ya estaba trabajando.

La red.

Las conexiones.

Todo girando.

Todo encajando.

—No podés controlarlo —dijo.

—No —respondió él—. Pero puedo controlarte a vos.

Error.

Grave error.

Porque esa confianza…

Siempre dejaba un hueco.

Uno pequeño.

Pero suficiente.

Alekséi se movió.

Rápido.

Preciso.

Disparó.

Pero Viktor ya no estaba ahí.

Se había desplazado.

Anticipado.

Como si supiera exactamente cuándo iba a ocurrir.

—Siempre un paso atrás —murmuró.

El golpe fue más que físico.

Era estratégico.

Era… total.

—Siempre un paso adelante —corrigió Elena.

Silencio.

Breve.

Pero suficiente.

Viktor la miró.

Y sonrió.

—Eso me gusta.

Error.

Grave error.

Porque ese interés…

Era peligroso.

Más que cualquier arma.

—Sabés cómo funciona —añadió—. Podés verlo. Sentirlo.

Elena no negó.

No podía.

Porque era cierto.

—Entonces sabés lo que viene —continuó.

—Sí —respondió ella—. Y no te va a gustar.

Silencio.

Pesado.

Peligroso.

Y entonces—

Elena se movió.

No hacia atrás.

No para escapar.

Hacia adelante.

Directo hacia él.

Error.

Grave error.

O…

El único posible.

Alekséi reaccionó.

—¡Elena!

Pero ella no se detuvo.

Porque ahora…

No estaba jugando su juego.

Estaba creando uno nuevo.

—Si me querés —dijo, acercándose—. Entonces vení a buscarme.

El aire se volvió eléctrico.

Viktor no disparó.

No retrocedió.

Solo la observó.

Interesado.

—Eso estoy haciendo —respondió.

Y en ese instante—

Elena lo tocó.

Solo un segundo.

Pero fue suficiente.

Porque la red…

Se activó.

No como antes.

Más fuerte.

Más profunda.

Más… conectada.

Y por primera vez…

Viktor sintió algo.

Una interrupción.

Un error.

Grave error.

Elena sonrió apenas.

—Ahora estamos conectados —murmuró.

El silencio que siguió…

Fue distinto.

Más peligroso.

Porque el control…

Ya no era unilateral.

Viktor dio un paso atrás.

Por primera vez.

Leve.

Pero real.

—Interesante —dijo.

Pero ya no sonaba tan seguro.

Error.

Grave error.

Porque ahora…

Elena también estaba dentro de él.

Y eso…

Cambiaba todo.

Alekséi lo vio.

Y entendió.

—¿Qué hiciste?

Elena no lo miró.

—Le abrí la puerta equivocada.

Silencio.

Pesado.

Irreversible.

Y entonces—

Una alarma comenzó a sonar.

Lejana.

Pero creciente.

No era del edificio.

No era del sistema.

Era… otra cosa.

Algo más grande.

Más peligroso.

Más… antiguo.

La red.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.