Capítulo 3
Oscuridad.
No existía el tiempo.
No existía el dolor.
No existía la vida.
Ni la muerte.
Solo oscuridad.
Dante abrió los ojos.
O al menos creyó abrirlos.
Se encontraba de pie en medio de un vacío infinito.
No había cielo.
No había suelo.
No había nada.
—¿Estoy muerto?
Su propia voz resonó como un eco lejano.
Por primera vez en muchos años sintió algo que había olvidado.
Miedo.
Intentó caminar.
No pudo.
Intentó moverse.
No pudo.
Era como si una fuerza invisible lo mantuviera inmóvil.
Entonces escuchó algo.
Un sonido.
Suave.
Lejano.
Como una oración.
Una voz femenina.
Llorando.
—Por favor, Dios… salva a mi hermano…
Dante frunció el ceño.
No reconocía aquella voz.
Pero la escuchaba claramente.
—No me lo quites…
Otra vez.
—Por favor…
La voz estaba llena de dolor.
Llena de amor.
Algo extraño ocurrió.
El vacío comenzó a agrietarse.
Miles de grietas luminosas aparecieron alrededor de él.
Y entonces las vio.
Memorias.
Recuerdos.
Una infancia humilde.
Una familia sonriente.
Una madre abrazando a un niño.
Un padre enseñándole a reparar una bicicleta.
Una hermana pequeña siguiéndolo a todas partes.
Una iglesia.
Una Biblia.
Un bautismo.
Dante retrocedió.
Aquellos recuerdos no eran suyos.
—¿Qué demonios es esto?
Más imágenes aparecieron.
Más emociones.
Más sentimientos.
Amor.
Esperanza.
Fe.
Cosas que Dante jamás había experimentado.
Entonces comprendió algo.
Aquellos recuerdos pertenecían a alguien más.
A alguien que estaba muriendo.
⸻
Hospital General de San Marcos.
03:17 de la madrugada.
Las máquinas emitían pitidos constantes.
Los médicos corrían de un lado a otro.
Jhonny Kent permanecía inmóvil sobre una cama.
Su corazón apenas resistía.
Su madre lloraba.
Su padre caminaba de un lado a otro.
Y su hermana no se había separado de la puerta desde que llegaron.
Tenía los ojos rojos.
Las manos temblorosas.
Pero seguía orando.
—Por favor, Señor…
Los médicos intercambiaron miradas.
No había mucho más que hacer.
Las heridas eran demasiado graves.
Uno de ellos observó el monitor cardíaco.
La línea comenzó a descender.
Más lenta.
Más lenta.
Más lenta.
Hasta que finalmente…
—Lo estamos perdiendo.
⸻
En otra sala.
Apenas unos metros de distancia.
El cuerpo de Dante permanecía cubierto por una sábana.
Sin pulso.
Sin respiración.
Sin esperanza.
Muerto.
Oficialmente muerto.
Los médicos habían abandonado la habitación hacía varios minutos.
Nadie esperaba un milagro.
Porque los muertos no regresan.
⸻
Dentro del vacío.
Dante observaba las memorias ajenas.
Cada vez aparecían más.
Cada vez eran más intensas.
Y algo dentro de él comenzaba a cambiar.
No quería admitirlo.
Pero sentía envidia.
Aquella familia.
Aquella hermana.
Aquella vida.
Todo lo que él nunca tuvo.
Todo lo que jamás podría tener.
Entonces apareció una luz.
Una luz inmensa.
Tan brillante que tuvo que cubrirse los ojos.
Y una voz resonó en todas direcciones.
Una voz imposible de identificar.
Ni masculina.
Ni femenina.
Ni humana.
—Todavía no.
Dante sintió que todo su cuerpo se congelaba.
—¿Quién eres?
No hubo respuesta.
La luz creció.
Más y más.
Hasta envolverlo completamente.
—Todavía no es tu final.
El vacío comenzó a derrumbarse.
Dante sintió que caía.
Caía.
Caía.
Caía sin control.
Y por primera vez en su vida…
gritó.
⸻
03:21 de la madrugada.
—Hora de muerte: tres veintiuno.
La línea cardíaca de Jhonny se volvió completamente recta.
El monitor emitió un pitido continuo.
Su madre rompió en llanto.
Su hermana quedó paralizada.
Su padre cerró los ojos.
El médico bajó la cabeza.
Había terminado.
Jhonny Kent había muerto.
⸻
Un segundo después…
los dedos de Jhonny se movieron.
El médico se congeló.
—¿Qué?
El monitor emitió un sonido.
Luego otro.
Y otro más.
PUM.
PUM.
PUM.
El corazón volvió a latir.
Toda la sala quedó inmóvil.
—¡Imposible!
—¡Pulso recuperado!
—¡Rápido!
Los médicos corrieron hacia la cama.
La madre de Jhonny cayó de rodillas.
Su hermana comenzó a llorar.
Y el monitor cardíaco aceleró su ritmo.
Mientras tanto…
en algún lugar profundo dentro de aquel cuerpo…
Dante abrió los ojos.
Y lo primero que vio fue una cruz colgando de la pared.
—¿Dónde demonios estoy?
Pero la verdadera pregunta era otra.
¿Qué había pasado con Jhonny Kent?