Santidad Criminal: El mandamiento De La Sangre

Primer Día de Clases

Capítulo 8

El lunes llegó demasiado rápido.

Dante lo odiaba.

No porque fuera lunes.

Sino porque significaba una cosa.

Escuela.

—No pienso ir.

—Sí vas a ir.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

Su hermana cruzó los brazos con una sonrisa victoriosa.

Dante apretó los dientes.

Durante años había negociado con narcotraficantes, mercenarios, políticos corruptos y asesinos internacionales.

Pero discutir con una adolescente parecía mucho más difícil.

—Acabas de salir de un coma —dijo ella—. Ya faltaste demasiado.

—Estuve muerto.

—¿Qué?

—Nada.

—Estás raro.

—Eso ya me lo dijiste.

La joven soltó una carcajada.

Media hora después.

Dante caminaba hacia el instituto con una mochila sobre los hombros.

Aquello era humillante.

Tenía décadas de experiencia criminal.

Había dirigido operaciones internacionales.

Había sobrevivido a guerras entre mafias.

Y ahora llevaba cuadernos.

—Definitivamente el infierno existe.

Murmuró.

—¿Qué dijiste?

—Nada.

Su hermana lo observó con sospecha.

Cada vez parecía notar más diferencias.

Y eso era peligroso.

Muy peligroso.

Al llegar al instituto, Dante comprendió algo.

El verdadero Jhonny era popular.

Demasiado popular.

—¡Jhonny!

—¡Qué bueno verte!

—¡Pensamos que no volverías!

Decenas de estudiantes se acercaron.

Dante se sintió incómodo.

No estaba acostumbrado a personas felices acercándose a él.

Normalmente la gente corría en dirección contraria.

—Gracias…

Respondió de forma seca.

El silencio fue inmediato.

Algunos intercambiaron miradas extrañas.

—Definitivamente cambiaste después del accidente.

—Sí.

Mucho.

Las clases comenzaron.

Y Dante descubrió otro problema.

Matemáticas.

Historia.

Biología.

Literatura.

No recordaba absolutamente nada.

Cuando el profesor escribió una ecuación en la pizarra, Dante observó el problema como si fuera un idioma alienígena.

—Kent.

La voz del profesor lo sacó de sus pensamientos.

—Resuelve el ejercicio.

Toda la clase giró hacia él.

Dante observó la ecuación.

Luego observó al profesor.

Luego volvió a observar la ecuación.

—No.

Silencio absoluto.

—¿Cómo que no?

—No quiero.

Algunos estudiantes soltaron una carcajada.

El profesor casi se atragantó.

—Señor Kent…

—Estuve en coma.

—Eso no cambia…

—No recuerdo nada.

La sonrisa del profesor desapareció.

—Ah…

Eso sí tenía sentido.

Dante aprovechó la oportunidad.

Y se sentó nuevamente.

Sobrevivir a la escuela sería más difícil de lo esperado.

Durante el almuerzo.

Algo llamó su atención.

Tres estudiantes rodeaban a un muchacho más pequeño.

Lo empujaban.

Se burlaban de él.

Lo intimidaban.

Dante observó en silencio.

Normalmente no le habría importado.

En su antiguo mundo aquello era insignificante.

Debilidad.

Supervivencia.

La ley del más fuerte.

Entonces algo extraño ocurrió.

Una sensación desagradable apareció en su pecho.

La misma sensación que experimentaba cuando hacía algo contrario a los valores de Jhonny.

El cuerpo reaccionaba.

Como si rechazara ciertas decisiones.

—Maldita sea…

Murmuró.

Se levantó.

Y caminó hacia los agresores.

—¿Algún problema?

Los tres estudiantes se giraron.

Uno de ellos sonrió.

—Ninguno. Largo.

—No.

—¿Qué?

—Dije que no.

Los tres intercambiaron miradas.

Dante suspiró.

Aquello era ridículo.

En su vida anterior aquella conversación habría durado tres segundos.

Pero ahora estaba atrapado en el cuerpo de un chico de diecisiete años.

Debía actuar diferente.

—Déjenlo en paz.

El líder del grupo soltó una carcajada.

—¿Y si no queremos?

Dante sonrió.

Una sonrisa fría.

Oscura.

La misma sonrisa que había aterrorizado criminales durante años.

Los tres palidecieron instantáneamente.

Porque durante un segundo…

No vieron a un estudiante.

Vieron a un depredador.

Y su instinto se lo confirmó.

Retrocedieron.

Uno de ellos incluso tragó saliva.

—Vámonos.

Los tres se alejaron rápidamente.

El muchacho intimidado quedó inmóvil.

—Gracias…

Dante simplemente siguió caminando.

Sin responder.

Sin mirar atrás.

Desde una ventana del segundo piso.

Alguien había observado toda la escena.

Una joven de cabello oscuro.

Compañera de clase de Jhonny.

Y una de sus amigas más cercanas.

Frunció el ceño.

—Ese no parece Jhonny…

Murmuró.

Porque conocía al verdadero Jhonny.

Y jamás había visto aquella mirada.

Jamás había visto aquella oscuridad.

Esa noche.

Al regresar a casa.

Dante encontró algo inesperado.

Una carta.

Sin remitente.

Sin nombre.

Solo una frase escrita a mano.

“Los muertos deberían permanecer muertos.”

La sonrisa desapareció de su rostro.

Dentro del sobre había una fotografía.

La casa de los Kent.

Tomada ese mismo día.

Desde lejos.

Como si alguien estuviera vigilándolos.

Dante levantó lentamente la mirada.

Y por primera vez desde que despertó en ese cuerpo…

Sintió verdadera ira.

Porque la Octava Familia ya no lo estaba cazando solo a él.

Ahora estaba observando a la familia.

Y eso era algo que no estaba dispuesto a permitir.

Continuará…



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En el texto hay: #humor, #accion #romance, #religiones

Editado: 26.06.2026

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