Capítulo 9
La fotografía permanecía sobre la mesa.
Dante la observaba en silencio.
La casa de los Kent.
La ventana de la habitación de su hermana.
La puerta principal.
Incluso el automóvil de su padre.
La imagen había sido tomada recientemente.
Muy recientemente.
Eso significaba una sola cosa.
Alguien había estado allí.
Muy cerca.
Demasiado cerca.
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—¿Jhonny?
La voz de su hermana lo sacó de sus pensamientos.
Dante reaccionó rápidamente y guardó la fotografía dentro de su mochila.
—¿Qué pasa?
—Te llamé tres veces.
—Estaba pensando.
—Últimamente piensas demasiado.
—Tal vez me estoy volviendo inteligente.
Ella puso los ojos en blanco.
—Imposible.
Por primera vez, Dante soltó una pequeña risa.
Una risa real.
Sin darse cuenta.
Y eso sorprendió incluso a él mismo.
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Esa noche.
Esperó.
Pacientemente.
Como un cazador.
La familia se fue a dormir.
Las luces se apagaron.
Y el vecindario quedó en silencio.
11:47 PM.
Dante seguía despierto.
12:13 AM.
Nada.
12:42 AM.
Entonces lo vio.
Una sombra.
Moviéndose entre las casas.
Observando.
Vigilando.
La misma figura de negro.
El mismo hombre.
Dante entrecerró los ojos.
—Te encontré.
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El hombre sacó una cámara.
Tomó varias fotografías.
Después escribió algo en su teléfono.
Sin embargo…
No se dio cuenta de que alguien lo observaba desde un tejado cercano.
Dante.
Aunque el cuerpo de Jhonny tenía solo diecisiete años, seguía poseyendo la experiencia de un asesino profesional.
Había salido por la ventana de su habitación.
Había cruzado los techos.
Y ahora observaba al espía desde arriba.
Calculando.
Analizando.
Esperando.
⸻
El hombre terminó de escribir.
Guardó el teléfono.
Y comenzó a retirarse.
Entonces escuchó una voz detrás de él.
—¿Buscas algo?
Su corazón casi se detuvo.
Giró inmediatamente.
No había nadie.
—¿Quién está ahí?
Silencio.
El hombre sacó una pistola.
Pero una piedra cayó detrás de él.
Volvió a girarse.
Nada.
El sudor apareció en su frente.
Algo no estaba bien.
Aquello se sentía como una emboscada.
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Desde las sombras.
Dante sonrió.
No tenía intención de atacar.
Todavía no.
Solo quería enviar un mensaje.
Un mensaje claro.
“Yo también puedo encontrarte.”
El espía dio varios pasos hacia atrás.
Nervioso.
Inseguro.
Y finalmente decidió retirarse.
Corriendo.
Desapareciendo entre las calles oscuras.
⸻
Dante observó cómo se alejaba.
Después bajó lentamente del tejado.
Sabía algo importante.
Aquel hombre no era un asesino.
Era un observador.
Un explorador.
Los verdaderos ejecutores aún no habían llegado.
Y cuando lo hicieran…
La situación sería mucho peor.
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A la mañana siguiente.
La Octava Familia recibió el informe.
El espía permanecía frente al anciano líder.
Visiblemente incómodo.
—¿Entonces dices que alguien estaba allí?
—Sí.
—¿Lo viste?
—No.
—¿Lo escuchaste?
—Sí.
El anciano guardó silencio.
—¿Y sentiste miedo?
El hombre dudó.
Luego asintió.
—Sí.
La sala quedó en silencio.
Finalmente el anciano sonrió.
—Entonces era él.
—¿Dante?
—Nadie más provoca esa reacción.
El anciano observó la pantalla frente a él.
Donde aparecía la fotografía de Jhonny Kent.
Diecisiete años.
Estudiante.
Recientemente salido de un coma.
A simple vista parecía un muchacho normal.
Pero el anciano sabía que las apariencias engañan.
—Preparen el Equipo Cerbero.
Los presentes quedaron inmóviles.
Uno de ellos tragó saliva.
—¿Cerbero? ¿Por un solo hombre?
—No.
Respondió el anciano.
—Por Dante.
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Esa tarde.
Dante regresaba del instituto cuando notó algo extraño.
Un automóvil negro.
Vidrios polarizados.
Motor encendido.
Estacionado frente a una cafetería.
Nada sospechoso para una persona común.
Pero él no era una persona común.
Instintivamente cambió de ruta.
Cruzó una calle.
Luego otra.
Y otra más.
El vehículo comenzó a seguirlo.
Lentamente.
Sin prisa.
Sin esconderse demasiado.
Confirmando sus sospechas.
—Ya llegaron…
Murmuró.
La guerra acababa de entrar en la ciudad.
Y por primera vez desde que despertó en el cuerpo de Jhonny Kent…
Dante comprendió que no podría proteger a la familia solo escondiéndose.
Porque sus enemigos ya estaban moviendo las piezas.
Y el siguiente movimiento sería mortal.
Continuará…