Santidad Criminal: El mandamiento De La Sangre

Tres Movimientos Adelante

Capítulo 10

Dante cerró la puerta de su habitación.

El automóvil negro seguía rondando el vecindario.

No era una coincidencia.

No era vigilancia casual.

La Octava Familia había llegado.

Y eso significaba que el tiempo de esconderse estaba terminando.

Pero mientras cualquier otra persona sentiría miedo…

Dante sonrió.

Porque por primera vez desde que despertó en el cuerpo de Jhonny, tenía algo que sus enemigos desconocían.

Información.

Y en toda guerra, la información era más valiosa que las armas.

Sacó una libreta escolar.

Una simple libreta de estudiante.

Nada sospechosa.

Nada especial.

Comenzó a escribir.

Lo que ellos saben:

• Dante murió.
• El rastreador estuvo cerca de la casa Kent.
• Jhonny Kent sobrevivió milagrosamente a un accidente.

Lo que ellos no saben:

• Dante habita el cuerpo de Jhonny.
• El rastreador fue destruido.
• El microchip sigue oculto.
• La familia Kent no sabe nada.

Observó la lista.

Luego escribió otra.

Objetivo principal:

Proteger a la familia.

Objetivo secundario:

Descubrir quién dirige la operación.

Objetivo final:

Destruir la amenaza antes de que alcance a la familia.

Dante apoyó el bolígrafo.

Su mente ya estaba varios pasos adelante.

Al día siguiente.

Instituto San Gabriel.

Mientras los demás estudiantes hablaban, reían y revisaban sus teléfonos, Dante observaba.

Analizaba.

Calculaba.

Viejo hábito.

Los mejores estrategas entienden algo simple.

Toda información tiene valor.

Incluso los detalles insignificantes.

Fue entonces cuando escuchó una conversación.

—Dicen que una chica nueva se transferirá hoy.

—¿En serio?

—Sí. Viene de otra ciudad.

—Escuché que es muy bonita.

Dante ignoró la conversación.

No le interesaba.

Las chicas adolescentes eran el menor de sus problemas.

Sin embargo…

Minutos después la puerta del salón se abrió.

Y el profesor entró acompañado por una estudiante.

—Clase, tenemos una nueva compañera.

La joven dio un paso al frente.

Cabello oscuro.

Ojos inteligentes.

Postura segura.

No parecía nerviosa.

Lo cual era extraño para alguien nuevo.

—Mi nombre es Vanessa.

El salón explotó en murmullos.

Dante apenas levantó la vista.

Solo un segundo.

Y algo llamó su atención.

Vanessa estaba observando el aula.

Pero no como una estudiante normal.

Estaba estudiando a las personas.

Evaluándolas.

Analizándolas.

Exactamente igual que él.

Aquello despertó su curiosidad.

La joven recorrió el salón con la mirada.

Hasta detenerse en él.

Por un instante.

Solo un instante.

Sus ojos se encontraron.

Y algo extraño ocurrió.

Vanessa frunció ligeramente el ceño.

Como si hubiera percibido algo.

Como si detrás de aquel estudiante de diecisiete años hubiera visto una sombra mucho más oscura.

Dante apartó la mirada primero.

No le gustó aquella sensación.

Durante el almuerzo.

Mientras la mayoría de los estudiantes intentaba acercarse a la nueva compañera, Dante estaba ocupado.

Había detectado algo.

Un hombre.

Sentado en una cafetería frente al instituto.

Leyendo un periódico.

El problema era que llevaba dos horas en la misma página.

No estaba leyendo.

Estaba vigilando.

Y Dante lo sabía.

Sonrió.

Porque el espía acababa de cometer un error.

Un error que él mismo había preparado.

La noche anterior había dejado información falsa en distintos lugares.

Pequeñas pistas.

Rumores.

Movimientos inventados.

Todo diseñado para identificar filtraciones.

Y ahora el observador había mordido el anzuelo.

—Perfecto.

Murmuró.

Porque eso significaba que podía comenzar su contraataque.

No con violencia.

No con armas.

No todavía.

Sino con estrategia.

El terreno donde siempre había sido invencible.

Esa misma noche.

En una base de operaciones de la Octava Familia.

Varios agentes observaban un mapa.

—El objetivo podría intentar moverse mañana.

—Tenemos equipos preparados.

—No debe escapar.

De pronto, el anciano líder entró en la sala.

Todos guardaron silencio.

—¿Alguna novedad?

—No, señor.

El anciano observó la pantalla.

Y algo no le gustó.

Había demasiada calma.

Demasiado silencio.

Entonces recordó una vieja lección.

Una lección que había aprendido años atrás.

La única persona que le había enseñado a tener miedo.

Dante.

—Retiren a los observadores.

Los agentes se miraron confundidos.

—¿Por qué?

El anciano entrecerró los ojos.

—Porque si Dante sigue vivo…

Ya nos vio.

Y si ya nos vio…

Significa que nosotros somos quienes estamos cayendo en su plan.

Mientras tanto.

En su habitación.

Dante observaba el tablero improvisado que había construido.

Fotografías.

Nombres.

Horarios.

Posibles rutas.

Conexiones.

La guerra acababa de cambiar.

Ya no era una persecución.

Era una partida de ajedrez.

Y Dante siempre jugaba pensando tres movimientos por delante.

Sin embargo…

Lo que no sabía era que la llegada de Vanessa cambiaría el curso de toda su vida.

Y que, por primera vez desde que despertó en el cuerpo de Jhonny Kent…

Su corazón enfrentaría un enemigo para el que ningún estratega estaba preparado.

Continuará…



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En el texto hay: #humor, #accion #romance, #religiones

Editado: 26.06.2026

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