Santidad Criminal: El mandamiento De La Sangre

La Chica que Hacía Preguntas

Capítulo 11

La mañana comenzó de forma extraña.

Demasiado tranquila.

Y eso era algo que Dante no soportaba.

Porque en su experiencia, la tranquilidad siempre era la antesala del desastre.

Desde la ventana de su habitación observó la calle.

El automóvil negro había desaparecido.

Los observadores también.

Ningún movimiento sospechoso.

Ninguna señal de vigilancia.

Nada.

Y precisamente por eso no se fiaba.

—Se dieron cuenta…

Murmuró.

Habían descubierto que estaban siendo observados.

Lo que significaba que la Octava Familia había dejado de jugar.

Ahora comenzaría la verdadera partida.

—¡Jhonny!

La voz de su hermana resonó desde abajo.

—¡Llegarás tarde!

—Ya voy.

—¡Llevas diciendo eso diez minutos!

Dante bajó las escaleras.

Su hermana lo esperaba con los brazos cruzados.

—¿Sabías que los estudiantes normales desayunan antes de ir a clases?

—Yo nunca he sido normal.

—Eso es lo más cierto que has dicho últimamente.

Su madre soltó una pequeña risa desde la cocina.

Y por un momento, Dante sintió algo extraño.

Paz.

Una sensación tan desconocida para él que todavía no sabía cómo manejarla.

Al llegar al instituto, todo parecía normal.

Demasiado normal.

Y entonces apareció Vanessa.

Estaba sentada bajo un árbol, leyendo un libro.

Sola.

Sin intentar llamar la atención.

Sin rodearse de personas.

Eso ya era raro.

Pero lo que realmente llamó la atención de Dante fue otra cosa.

Ella observaba.

Igual que él.

Analizaba.

Escuchaba conversaciones.

Memorizaba detalles.

Como alguien que intentaba comprender el tablero completo.

No solo las piezas.

Durante la clase de historia ocurrió algo inesperado.

El profesor planteó una pregunta complicada sobre una batalla famosa.

Nadie respondió.

El aula quedó en silencio.

Hasta que Vanessa levantó la mano.

Su explicación fue precisa.

Ordenada.

Inteligente.

Dante la escuchó atentamente.

No porque le interesara la historia.

Sino porque reconocía una mente disciplinada cuando veía una.

Cuando terminó, el profesor sonrió.

—Excelente respuesta.

Entonces añadió:

—¿Alguien quiere complementar?

Dante no tenía intención de participar.

Pero algo en la explicación estaba incompleto.

Le faltaba estrategia.

Le faltaba comprender la verdadera razón de la victoria.

Levantó la mano.

Todo el salón quedó sorprendido.

Incluyendo a Vanessa.

Cinco minutos después…

El aula estaba en silencio.

Dante acababa de explicar cómo el comandante enemigo había cometido errores logísticos, tácticos y psicológicos antes de perder la batalla.

El profesor lo observaba como si hubiera visto un fantasma.

—Jhonny…

—¿Sí?

—Desde cuándo sabes todo eso.

Dante se quedó inmóvil.

Error.

Había hablado demasiado.

—Lo leí en internet.

Respondió rápidamente.

La mitad del salón pareció creerle.

La otra mitad no.

Vanessa pertenecía a la segunda mitad.

Durante el almuerzo.

Ella se acercó directamente a su mesa.

Sin rodeos.

Sin nervios.

—Hola.

—Hola.

—Tengo una pregunta.

—Qué sorpresa.

Vanessa ignoró el comentario.

—¿Quién eres?

Dante casi se atragantó con la bebida.

—Jhonny Kent.

—No me refiero a tu nombre.

Silencio.

Los dos se observaron.

Como si estuvieran jugando una partida invisible.

—Dicen que antes del accidente eras diferente.

—La gente cambia.

—No tanto.

—¿Me estás investigando?

—Tal vez.

—Eso es un poco extraño.

—Y tú eres muy extraño.

Dante sonrió.

Vanessa también.

Por primera vez desde que despertó en aquel cuerpo, estaba hablando con alguien que parecía capaz de seguirle el ritmo.

Y eso resultaba peligroso.

Esa misma tarde.

Mientras regresaba a casa.

Dante notó algo.

Un reflejo.

Una figura.

Un movimiento sobre un tejado cercano.

Su expresión cambió inmediatamente.

Aquello no era un observador común.

No era un espía.

Era otra cosa.

Más profesional.

Más peligrosa.

Más letal.

La Octava Familia había movido una nueva pieza.

Y Dante comprendió algo al instante.

El Equipo Cerbero había llegado.

Muy lejos de allí.

En una sala oscura.

El anciano observaba una fotografía reciente de Jhonny Kent.

Durante varios segundos permaneció en silencio.

Después habló.

—¿Qué opinan?

Uno de los hombres respondió:

—Parece un adolescente normal.

Otro negó con la cabeza.

—No.

El anciano sonrió.

—Correcto.

Porque en la fotografía había algo inquietante.

Algo que la mayoría de las personas jamás notaría.

Los ojos.

Aquellos no eran los ojos de un muchacho de diecisiete años.

Eran los ojos de un hombre que había sobrevivido a cientos de guerras.

Y el anciano ya no tenía dudas.

Dante seguía vivo.

Solo que el mundo todavía no entendía cómo.

Continuará…



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En el texto hay: #humor, #accion #romance, #religiones

Editado: 26.06.2026

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