Santidad Criminal: El mandamiento De La Sangre

El Punto Débil

Capítulo 13

La sonrisa del anciano permaneció grabada en la pantalla.

Cerbero Uno no dijo nada.

Simplemente observó.

Esperando.

Porque conocía perfectamente a los hombres como aquel.

Y sabía exactamente lo que estaban pensando.

—La familia.

Murmuró el anciano.

—Sí.

—Finalmente tiene algo que perder.

El silencio llenó la sala.

Aquello era cierto.

El antiguo Dante jamás había tenido debilidades.

No tenía esposa.

No tenía hijos.

No tenía amigos.

No tenía familia.

Era un fantasma.

Un arma.

Una sombra imposible de controlar.

Pero ahora era diferente.

Ahora existían los Kent.

Y eso lo cambiaba todo.

—¿Qué hacemos?

Preguntó uno de los agentes.

El anciano apoyó lentamente las manos sobre la mesa.

—Nada.

—¿Nada?

—Todavía no.

Los presentes intercambiaron miradas.

Confundidos.

Entonces el anciano sonrió.

—Cuando un estratega encuentra una debilidad, no la destruye inmediatamente.

La estudia.

La comprende.

Y luego la convierte en una cadena.

Aquella misma mañana.

Dante despertó antes del amanecer.

La conversación con Cerbero Uno seguía rondando en su mente.

Había cometido un error.

Un error enorme.

Había permitido que el enemigo descubriera algo importante.

Sus sentimientos.

—Estúpido…

Murmuró.

El viejo Dante jamás habría cometido ese fallo.

Pero el viejo Dante tampoco había despertado dentro del cuerpo de un joven de diecisiete años que había conocido el amor de una familia verdadera.

Escuchó pasos.

La puerta se abrió.

Su hermana apareció.

Todavía medio dormida.

—¿Otra vez despierto?

—No podía dormir.

—Eso es porque piensas demasiado.

—Y tú hablas demasiado.

Ella tomó una almohada.

Y se la lanzó.

Directamente al rostro.

Dante quedó inmóvil.

Sorprendido.

La almohada cayó al suelo.

La joven comenzó a reír.

—Tenías que verte la cara.

Por alguna razón…

Dante terminó sonriendo.

Una sonrisa pequeña.

Casi imperceptible.

Pero real.

Y eso era algo que el antiguo Dante habría considerado imposible.

Horas después.

En el instituto.

Dante caminaba por los pasillos cuando sintió varias miradas sobre él.

Algo había cambiado.

Los estudiantes susurraban.

Comentaban cosas.

Observaban.

Demasiado.

—¿Qué ocurre?

Preguntó.

Un compañero respondió.

—¿No lo sabes?

—¿Saber qué?

—Eres famoso.

—Eso suena horrible.

Resultó que alguien había grabado el incidente con los acosadores días atrás.

Ahora el video circulaba por toda la escuela.

Especialmente el momento donde los tres estudiantes retrocedían después de ver aquella mirada.

La mirada de Dante.

—Genial.

Murmuró.

—Ahora soy una celebridad.

—No pareces feliz.

Dijo una voz detrás de él.

Vanessa.

Ella sostenía varios libros contra el pecho.

Y una expresión divertida.

—La fama no me interesa.

Respondió Dante.

—Eso es raro.

—Muchas cosas son raras.

—Incluyéndote.

—Especialmente yo.

Vanessa sonrió.

Durante unos segundos caminaron juntos.

Sin hablar.

Sin prisas.

Y por primera vez, Dante notó algo.

Vanessa no intentaba impresionarlo.

No intentaba agradarle.

No parecía intimidada.

Simplemente era ella misma.

Y eso la hacía diferente.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

Dijo Vanessa.

—Depende.

—¿Qué te pasó realmente después del accidente?

La sonrisa desapareció del rostro de Dante.

Aquella pregunta era peligrosa.

Demasiado peligrosa.

—Morí.

Respondió.

Vanessa soltó una pequeña risa.

—Estoy hablando en serio.

—Yo también.

Ella se quedó observándolo.

Intentando descifrarlo.

Como si fuera un rompecabezas.

Uno imposible de resolver.

Y por alguna razón…

Eso le gustaba.

Esa misma tarde.

Mientras ambos hablaban cerca de la biblioteca.

Alguien los observaba desde lejos.

Cerbero Uno.

Oculto entre los edificios.

Silencioso.

Paciente.

Analizando.

—Interesante.

Murmuró.

No estaba observando a Dante.

Estaba observando a Vanessa.

Porque los estrategas entienden algo fundamental.

Para conocer a una persona…

No basta con estudiar a sus enemigos.

También hay que estudiar a quienes se acercan a ella.

Esa noche.

Dante revisaba sus notas.

Mapas.

Horarios.

Posibles refugios.

Posibles amenazas.

Todo perfectamente organizado.

Entonces algo llamó su atención.

Un patrón.

Un detalle que había pasado por alto.

Todos los agentes de la Octava Familia aparecían en ciertos lugares específicos de la ciudad.

Como si estuvieran protegiendo algo.

No vigilando.

Protegiendo.

Dante tomó un bolígrafo.

Marcó varios puntos.

Luego trazó líneas entre ellos.

Y de repente sonrió.

La sonrisa de un estratega que acababa de encontrar una pieza oculta del tablero.

—Ya te encontré…

Murmuró.

Porque por primera vez desde que comenzó aquella guerra…

Había descubierto una posible ubicación secreta de la Octava Familia.

Y si su cálculo era correcto…

La partida estaba a punto de cambiar.

Continuará…



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En el texto hay: #humor, #accion #romance, #religiones

Editado: 26.06.2026

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