Santidad Criminal: El mandamiento De La Sangre

El Juego de las Sombras

Capítulo 15

La lluvia continuó cayendo durante toda la noche.

Dante no volvió a dormir.

Permaneció sentado frente a la ventana, observando las gotas deslizarse por el cristal mientras analizaba la información que había obtenido del chip.

La mayoría de las personas habría visto nombres.

Él veía patrones.

Conexiones.

Jerarquías.

Debilidades.

Y cuanto más analizaba el Archivo Omega, más comprendía una verdad inquietante.

Las Siete Cabezas no eran los verdaderos reyes del tablero.

Eran piezas importantes.

Muy importantes.

Pero seguían siendo piezas.

Alguien más movía los hilos desde las sombras.

A las cinco de la mañana cerró su cuaderno.

Había llenado más de veinte páginas con esquemas y anotaciones.

Flechas.

Nombres.

Empresas.

Bancos.

Gobiernos.

Todo conectado.

Todo formando una estructura gigantesca.

Y en el centro de aquella estructura aparecía siempre el mismo símbolo.

Un símbolo que jamás había visto antes.

Un círculo negro atravesado por una línea roja.

Sin nombre.

Sin explicación.

Sin registros.

Nada.

Y eso era precisamente lo que lo preocupaba.

—Cuando algo desaparece de todos los registros…

Es porque alguien se aseguró de borrarlo.

Murmuró.

Y solo existían dos tipos de personas capaces de hacer algo así.

Los genios.

O los monstruos.

Horas después.

En el instituto.

Dante fingía prestar atención a la clase.

Pero su mente estaba lejos.

Muy lejos.

Seguía pensando en el símbolo.

En la red.

En el Archivo Omega.

Hasta que una hoja aterrizó sobre su escritorio.

La observó.

Luego levantó la vista.

Vanessa estaba dos filas más adelante.

Intentando ocultar una sonrisa.

Dante abrió la nota.

Solo tenía una frase.

“Pareces un anciano atrapado en el cuerpo de un adolescente.”

Por primera vez en varios días…

Estuvo a punto de atragantarse.

La campana sonó.

Y antes de que pudiera reaccionar, Vanessa apareció frente a él.

—¿Y bien?

—¿Y bien qué?

—¿La nota era graciosa?

—Un poco.

—Eso significa que sí era graciosa.

—Eso significa que tienes demasiado tiempo libre.

—Y tú demasiado estrés.

Respondió ella.

Durante unos segundos caminaron juntos por el pasillo.

Y Dante comenzó a notar algo.

Vanessa observaba detalles.

Muchos detalles.

Demasiados.

Era inteligente.

Más inteligente de lo que aparentaba.

Y eso lo obligaba a ser cuidadoso.

—Tengo otra pregunta.

Dijo ella.

—Claro.

—¿Por qué siempre observas las salidas?

Dante se congeló por dentro.

Pero no por fuera.

Nunca por fuera.

—¿Qué?

—Las puertas.

Las ventanas.

Las cámaras.

Siempre las miras primero.

¿Por qué?

Silencio.

Vanessa lo observó.

Esperando.

Analizando.

Y Dante comprendió algo.

Aquella chica era peligrosa.

No físicamente.

Mentalmente.

Porque hacía las preguntas correctas.

—Después del accidente me siento más atento.

Respondió finalmente.

Vanessa no pareció convencida.

Pero tampoco insistió.

Por ahora.

Esa misma tarde.

Cerbero Uno observaba varias fotografías.

Entre ellas había una nueva.

Dante y Vanessa hablando.

Nada romántico.

Nada especial.

Solo una conversación.

Pero para un observador profesional aquello significaba algo.

—¿Quién es ella?

Preguntó.

Un agente revisó una carpeta.

—Vanessa Romero.

Estudiante.

Sin antecedentes.

Sin conexiones conocidas.

Familia normal.

Cerbero Uno permaneció en silencio.

Luego tomó la fotografía.

—Vigílenla.

Mientras tanto.

Muy lejos de allí.

El anciano observaba los datos obtenidos tras la activación parcial del chip.

No estaba satisfecho.

Porque algo no encajaba.

—¿Qué encontró Dante?

Preguntó.

Nadie respondió.

Porque nadie lo sabía.

Y esa era precisamente la razón de su preocupación.

—Si abrió el Archivo Omega…

Ya conoce demasiado.

Murmuró.

Luego se puso de pie.

Y tomó una decisión.

Una decisión que cambiaría toda la partida.

—Activen el Protocolo Caín.

La sala quedó en silencio.

Incluso Cerbero Uno levantó la mirada.

Sorprendido.

—¿Está seguro?

Preguntó.

—Completamente.

—Eso provocará una guerra.

El anciano sonrió.

—Exactamente.

Esa noche.

Dante regresó a casa.

Todo parecía normal.

Su madre preparaba la cena.

Su padre hablaba del taller.

Su hermana discutía sobre una tarea escolar.

Una escena común.

Una escena feliz.

Una escena que comenzaba a importarle demasiado.

Entonces sonó su teléfono.

Un mensaje desconocido.

Sin número.

Sin nombre.

Solo una frase.

“Corre.”

La sonrisa desapareció de su rostro.

Y un segundo después…

Una explosión sacudió el otro extremo de la ciudad.

El cielo nocturno se iluminó de rojo.

Dante observó la columna de fuego elevándose hacia las nubes.

Y comprendió inmediatamente lo que acababa de ocurrir.

El Protocolo Caín había comenzado.

Y la guerra ya no se desarrollaría en las sombras.

Ahora ardería a plena vista.

Continuará…



#408 en Joven Adulto
#1749 en Otros
#342 en Acción

En el texto hay: #humor, #accion #romance, #religiones

Editado: 26.06.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.