Capítulo 21
La tarjeta negra seguía sobre el escritorio.
La dirección.
La fecha.
La invitación de Leviatán.
Todo indicaba peligro.
Todo indicaba una trampa.
Y precisamente por eso Dante pensaba asistir.
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Pero había algo más importante en su mente.
Algo que jamás habría imaginado años atrás.
Vanessa.
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Durante toda la noche intentó concentrarse en estrategias.
En rutas de escape.
En posibles emboscadas.
Pero una y otra vez terminaba recordando la misma pregunta.
La que Vanessa le había hecho el día de su cumpleaños.
”¿Te gustaría ser mi novio?”
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—Esto es ridículo.
Murmuró.
Había sobrevivido a mafias internacionales.
A traiciones.
A guerras criminales.
Pero aquella pregunta seguía derrotándolo.
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A la mañana siguiente.
Vanessa lo encontró sentado bajo el árbol habitual del instituto.
Leyendo uno de sus cuadernos.
O al menos fingiendo leerlo.
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—Hola.
Dijo ella.
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—Hola.
Respondió Dante.
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—Sigues sin responder.
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Dante levantó la mirada.
—¿Responder qué?
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Vanessa cruzó los brazos.
—No te hagas el inocente.
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Por primera vez en mucho tiempo…
Dante parecía nervioso.
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—Ah.
Eso.
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—Sí.
Eso.
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Los dos quedaron en silencio.
Durante varios segundos.
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Finalmente Dante cerró el cuaderno.
Y habló.
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—Nunca tuve una novia.
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Vanessa parpadeó.
Sorprendida.
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—¿Qué?
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—Lo que escuchaste.
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—¿Hablas en serio?
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—Sí.
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Ella comenzó a reír.
Y Dante sintió que aquello era injusto.
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—No entiendo qué tiene de gracioso.
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—Nada.
Es solo que imaginé mil respuestas.
Pero no esa.
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Por primera vez…
Dante sonrió.
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Luego respiró profundamente.
Y tomó una decisión.
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—Sí.
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Vanessa dejó de reír.
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—¿Sí?
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—Sí quiero ser tu novio.
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Durante unos segundos ella simplemente lo observó.
Como si necesitara asegurarse de haber escuchado bien.
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Después sonrió.
Una sonrisa enorme.
Hermosa.
Sincera.
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Y por alguna razón…
Aquello hizo que Dante olvidara todas sus preocupaciones durante unos instantes.
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—Perfecto.
Dijo ella.
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—¿Perfecto?
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—Sí.
Ahora oficialmente eres mi novio.
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—Suena extraño.
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—Te acostumbrarás.
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Y antes de que pudiera responder…
Vanessa tomó su mano.
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El corazón de Dante se aceleró.
Algo que jamás le ocurría.
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—Definitivamente esto es una emboscada.
Murmuró.
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—¿Qué?
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—Nada.
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Vanessa volvió a reír.
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Horas después.
Mientras caminaban juntos después de clases.
Dante recordó la tarjeta.
La invitación.
La cita con Leviatán.
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Una idea apareció en su mente.
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Probablemente era una mala idea.
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Lo cual significaba que seguramente iba a hacerlo.
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—Vanessa.
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—¿Sí?
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—Necesito pedirte un favor.
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Ella levantó una ceja.
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—Eso suena sospechoso.
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—Un poco.
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—Continúa.
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Dante sacó la tarjeta negra.
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Vanessa la observó.
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—¿Qué es eso?
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—Una invitación.
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—¿A dónde?
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—No lo sé exactamente.
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—Eso es muy sospechoso.
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—Lo sé.
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—¿Y quieres ir?
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—Sí.
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—Definitivamente estás loco.
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Dante sonrió.
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—Posiblemente.
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Vanessa tomó la tarjeta.
La observó durante unos segundos.
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—¿Y dónde entro yo?
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Dante la miró directamente a los ojos.
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—Quiero que me acompañes.
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El silencio apareció entre ambos.
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—¿A una invitación misteriosa enviada por desconocidos?
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—Sí.
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—¿En nuestra primera semana como novios?
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—Sí.
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—¿Y eso te parece una buena cita?
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—No particularmente.
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Vanessa lo observó unos segundos.
Luego negó con la cabeza.
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—Definitivamente estás loco.
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—¿Eso es un no?
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Ella sonrió.
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—Eso es un sí.
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Por primera vez en mucho tiempo…
Dante sintió algo parecido a la felicidad.
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Sin embargo…
Muy lejos de allí.
En una instalación secreta.
Una pantalla mostraba una fotografía reciente.
Dante.
Y Vanessa.
Juntos.
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Una figura observó la imagen.
Y sonrió.
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—Interesante.
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Luego tomó un expediente.
En la portada aparecía un nombre.
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VANESSA.
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Y debajo una frase que haría temblar a Dante si la leyera.
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“Nivel de autorización: Leviatán.”
Continuará…