Seguimos soñando en voz alta

Capítulo III : Aprender a Vivir con las Maletas a Medio Hace

Hay momentos que cambian una vida de golpe.
Y hay otros que la cambian poco a poco.
Mi historia fue la segunda.
No hubo un día en el que desperté y todo era diferente.
Fue un cambio lento.
Silencioso.
Como una lluvia que tarda en empapar la tierra.
Poco a poco dejé de sentir que pertenecía a un solo lugar.
Mi vida comenzó a moverse constantemente.
Las peleas entre mis padres hicieron que muchas veces mi mamá tomara a mi hermana y a mí para irnos de un lugar a otro.
A veces significaba cambiar de rutina.
A veces significaba cambiar de escuela.
A veces significaba simplemente escondernos.
Yo era demasiado pequeña para comprender muchas cosas.
Pero sí entendía una sensación.
La sensación de que nada permanecía igual durante demasiado tiempo.
Mientras tanto, mi papá trabajaba haciendo serigrafía en el centro.
Y aunque todavía no entendía todo lo que ocurría entre los adultos, empezaba a darme cuenta de que el mundo era mucho más complicado de lo que imaginaba cuando jugaba con mis Barbies.
La niña que soñaba seguía ahí.
Pero ahora estaba aprendiendo algo nuevo.
Que algunas veces la vida cambia antes de que estemos preparados para ello.
Lo más difícil no era cambiar de escuela.

Ni siquiera era despedirme de los lugares.

Lo más difícil era volver a empezar.

Una y otra vez.

Era como si cada vez que comenzaba a sentirme cómoda, alguien tomara un disco y lo regresara al inicio.

Nuevos compañeros.

Nuevos maestros.

Nuevas calles.

Nuevas rutinas.

Y yo teniendo que adaptarme otra vez.

Durante mucho tiempo no entendí por qué ocurría.

Me preguntaba ¿por qué mi mamá nos llevaba de un lugar a otro.?

¿Por qué parecía que nunca podíamos quedarnos demasiado tiempo en el mismo sitio.?

¿Por qué mi vida era tan diferente a la de otros niños.?

No entendía las decisiones de los adultos.

No entendía las discusiones.

No entendía los problemas.

Solo entendía que mi mundo cambiaba constantemente.

Y que yo tenía que aprender a seguir caminando aunque no supiera exactamente hacia dónde iba.

Con los años entendí que mi mamá estaba haciendo lo que creía mejor para nosotras.

Pero la niña que fui no tenía esa perspectiva.

La niña que fui solo quería quedarse un poco más.

Tener tiempo de hacer amigos.

Tener tiempo de sentirse en casa.

Tener tiempo de no empezar desde cero.

Y quizás fue ahí donde comenzó a nacer una parte de mí que me acompañaría toda la vida.

La parte que aprendió a adaptarse.

La parte que aprendió a resistir.

La parte que seguía adelante incluso cuando todo alrededor parecía cambiar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.